Confieso que no soy rubia y que cada día miento más que el anterior

como darth vader

La canción que perseguí durante años y que justo encontré en el 2006

Hoy me han puesto un empaste provisional. Provisional. Esa palabra significa mucho. Y aquí, otra de mis manías: soltar una palabra, tirar de ella y sacar una lista de sentidos enredados. Provisional, eso era, provisional. Algo tendrá que ver con visión, seguro. ¿Cuántas cosas de mi vida eran/son provisionales? Paso de redactar una lista, que no está la noche para lanzar agujeros al espacio. Empecé el año con Niños Mutantes y lo termino con Tachenko. Durante los diez meses restantes han pasado tantas historias –diferentes ramas de un mismo árbol, posiblemente- que me da pereza recordarlas. Los solos seguimos siendo unos solos y eso no lo cambia nadie, ni siquiera conocer tus orígenes verdaderos. Soy muy pija con la cristalería, el cava en copa de cava y el vino en copa de vino. Y si no es así, no me sabe tan bien. Hoy he cambiado las sábanas y he puesto el nórdico. Casi tres cuartos de hora he tardado. Es que también soy pija con el tema ropa de cama. Todo perfecto, sin arrugas. Porque sé que luego vendrán los salvajes polares a llevárselo todo y me gusta que no encuentren obstáculos a su paso. Lo provisional y lo que trasciende. Lo efímero y lo salado. Lo amarillo y lo frío. Lo que nunca bebo y lo que me riega la lengua. Dejar un trabajo me da miedo porque nunca sé cuál debe ser la primera frase: quiero dejar de estancarme; quiero cobrar más; quiero que os apréndáis de una maldita vez mi nombre, Homer, Homer Simpson. Si apunto en un papel todo lo que me gustaría ser o saber hacer necesito salir corriendo a la librería a por un paquete de folios. Aprender a tocar la guitarra, no desmayarme cuando veo sangre o conducir sin poner en peligro mi vida. Me río de las estupideces que deben contar de mí por ahí, todo exagerado, te lo juro. No te creas nada porque esos deben odiarme tanto que les estallan los tímpanos. En sus buzones sólo hay propaganda electoral caducada. Me gustan aún más los blogs que ya me gustaban y me asquean aún más –pero mucho más- los blogs que ya me asqueaban. Ayer estuve bebiendo con Elena. Está mucho más guapa que el resto de elenas del planeta, dónde va a parar. Como siempre, me reconfortan sus consejos y sus ideas. Hablamos de nuestras venas, de las paredes de nuestras casas y de cómo odiamos a esos grupillos como Amaral, por poner un ejemplo. Sigue tan cínica como siempre. Luego se nos unió la finlandesa del don de saber quién ha estado enrrollado con quien con sólo mirar y tratamos de consolarla. La pobre dice que regresa a su país, a ver si allí deja de ver fantasmas y recompone su propia historia. No la vimos con demasiada buena cara pero es lo que tienen algunas rubias finlandesas, que sufren arrugas y ojeras perpetuas. Inseguridad. Otro de los capítulos. Muchos de los conflictos vienen de ahí, de esa inseguridad que nos azota. Esa que nos hace sentirnos una mota de polvo en medio de las vías del tren. La inseguridad de la mala, de la que hace que te odies, te odien, te odiemos, te odia. A más inseguridad, menos fuerzas. Realmente, me importa poco renegar de mis creencias. Siguen gustándome los Beatles y fumar con ella. Y lo que está más allá de ese límite ya no existe. La detective escribe como una cría cuando repiensa en ella. Debería hacerme cristiana y rezar para que nada cambie, para que no me la arrebaten y para no tirarme con ningún paracaídas trucado. Nunca podré explicar todo lo sucedido en el 2006. Ni siquiera hallo lógico estar a estas horas tratando de ordenarme las ideas, porque en definitiva es lo que trato de hacer. Debo ser una malísima persona porque mataría por ella. Debo ser despreciable porque no pienso dejar que ninguna zorra se le vuelva a acercar. Debo ser una maleducada por escribir este tipo de cosas. Debo ser una engreída, una petulante y cien mil adjetivos más que a más de uno le encanta ir soltando por los peores bares. No soy la mejor promesa, desde luego. Ni la más centrada ni la más buena. Pero lo que tengo claro es que la voy a defender más que nunca de todos esos peligros invisibles que la acechan. Que ella se defiende sola, claro, no soy tan estúpida de no saberlo, pero me hace sentir útil pasearme por la ciudad con la pistola en el bolso. Y me halaga saber que soy la mejor amante que ha tenido nunca. Mi casa se ha llenado de grietas desde que estamos juntas. Y los vecinos han dejado de hablarme y de mirarme. Debo ser algo así como la “guarrilla del primero”. Si no escribo sobre sexo no es porque sea un tema tabú sino porque pensaríais que exagero. Podéis ver las grietas. No exagero, ya dije hace tiempo que jamás había volado de esa manera.

Ahora me doy cuenta de que en realidad este es el post más largo del año, el más improvisado, el más en directo y el último.

Que tengáis suerte. Yo cada vez creo más en la suerte.

Orange es indie



La canción que estabas esperando...

Una semana. De nuevo el frío. De nuevo los temblores de párpados y de lengua. El otro día, por lo visto, era el día del orgasmo mundial. Me imaginé a todo el planeta Tierra haciendo el amor al unísono y casi me desmayo de la impresión. Todos flotando, a veinte mil kilómetros del suelo. Ummm, no estaría nada mal.

Aquí estoy, aún en mi torre, que no hay nadie que me baje de ella. Merendando vinilos aún sin estrenar y bebiendo vino blanco, copa tras copa, que apenas si da tiempo a que se enfríe. Me acabo de medir, he adelgazado casi un kilo y he bajado tres centímetros de estatura. Mis buenas intenciones no me crecen ni reducen las penas invisibles.

La gente se obsesiona con ser feliz en Navidad, es como si fuera algio obligatorio y no, no lo es en absoluto. Puedes estar igualmente jodido. Nunca faltan motivos: estar enfermo, estar solo sin quererlo, que te sean infiel, que no te correspondan, que estés sin dinero, que hayas perdido a alguien irrempazable...

Trabajar en festivo deprime mucho. Ves a todo el mundo feliz y con las bolsas de regalos y tú con cara de espantapájaros sin peinar. La llegada de la noche no motiva. Supongo que tendré que beberme todo el vodka de la ciudad para poder mirar con ojos más o menos turbios.

Por supuesto, no voy a quejarme porque estar viva y con los pies firmes ya es motivo suficiente para dar gracias a quien sea (aunque sea a mí misma)

La echo terriblemente de menos. Aunque sé que desde el otro extremo del planeta me está pensando.

Una semana.

Vamos de acá para allá con la sonrisa criminal



Me gustaría saber porqué se me atrancan las hojas en la impresora siempre que hago más de seis copias. Como la bola de billar que se te queda en la garganta. También atrancada.

Sigo con mis pequeñas adicciones. Con mis manías diminutas. Soñando con Laponia y durmiendo cada vez menos. Hay gente que vive como los vampiros. Tú ya sabes.

A veces un simple gesto te puede cambiar la vida. Una palabra mal dicha o un guiño al párpado equivocado te pueden desordenar la historia.

Yo ya no tengo edad de ser correcta. Así que no me habléis de adoptar canarios en peligro de extinción o de bautizar chuchos.

Todavía recuerdo aquella conversación:

- Carol, prométeme que no seremos la típica pareja que el domingo se planta el chándal y se va de excursión a la montaña. Prométemelo.

Y me limité a sonreír mientras me encendía un pitillo y preparaba la comida a las seis de la tarde.

No, ya no tenemos edad de ser correctas.

El lado oscuro de la navidad (parte... véte a saber qué parte es ya)



¿Dónde estabas hace cinco años? Estaba intentando construir una vida. Tratando de dejar a un lado asuntos de infidelidades, amantes, desconciertos y fugas a media noche. Se me había ido la mano con la mezcla de bella irrealidad/realidad cruel y llegué a creer que siendo un personaje secundario podría tener una oportunidad. Mi oportunidad.

Esto lo escribí hace dos años, diciembre de 2004. Qué peligroso es releer el blog de uno mismo. Es como cuando ves en el armario una camiseta que ya no te sienta bien, que te resulta casi desconocida y te preguntas ¿pero de verdad llevaba esto puesto?. En ese post yo hablaba de una relación pasada en la que fui la amante de alguien. Situación dolorosa donde las haya. Ahora no me voy a poner a arrepentirme de nada pero, vamos, que tampoco es para darse un homenaje.

Hay que tener narices para dejar a tu pareja y largarte con tu amante. Y no todo el mundo dispone de los arrestos necesarios para hacerlo. Ups, pero el post no trataba de este tema.

Quería explicar que hoy me he sentido ignorada en el trabajo. Estos días me cuestiono muchas cosas. Debe ser el fin de año que nos afecta y nos da a todos por hacer balance absurdo de todo lo que hemos hecho o dejado de hacer.

Me pongo a hacer listas. Me encanta. Un vicio que tengo algo descuidado. Venga, improviso una en directo:

- Tres cosas buenas que has hecho en el 2006:

1. Romper con una relación estancada, agonizante y absurda.
2. Volver a ser yo.
3. Tropezarme con la media naranja que no vive en Australia.

- Tres cosas no tan buenas que has hecho en el 2006:

1. Estancarme laboralmente.
2. No ahorrar.
3. Descuidar a ciertos amigos.

Cómo añoro Madrid. Desde que he vuelto me siento descolocada e impaciente. Y mi lince bebé tan lejos.

No sé cómo terminar el post, tal vez sea simplemente un post lleno de pistas... (poned aquí la frase que queráis y lo damos por cerrado)

PD: Olvidaba mencionar que el otro día volví a llorar por Darth Vader.

Me he vuelto leísta



Se acabó. Me vuelvo a Barcelona en el primer vuelo de mañana. Hay alguien que me necesita. A pesar de las pelucas y de las croquetas de Tetuán.

Todo lo que tenemos que decir está en un anuncio de vaqueros. Qué superficial es a veces la detective. Da igual, yo sé que están conspirando en contra.

Los muros nos los comemos a fuerza de atravesarlos.

Mi dentista tiene ojos polniuman



Aún no entiendo que una tipa como Leonor Watling se haya liado con un tipo como Jorge Drexler.

Ya véis, sigo quitándome lectores del blog.

Al final sólo quedaremos tú, yo, y los que se pasaron al lado oscuro.

Una rusa es una rusa



Esta mañana he estado con la finlandesa que sabe ver cuándo dos personas se han enrollado -sólo con mirarlas, sin conocerlas- en el parque del Retiro. Nos hemos dado una vuelta por los alrededores del palacio de cristal y hemos pasado las horas fumando y hablando.

A pesar del frío, me ha confesado que echa de menos su tierra nórdica. Yo le he confesado otras cosas. De fachadas, miedos y libros forrados de azul porque el amarillo se ha terminado.

La finlandesa no se gusta a sí misma. Bueno, my dear, eso nos pasa a muchos. Me ha dicho que mañana se va a operar de la vista para ver si algún cirujano intrépido es capaz de quitarle su original sentido.

Hemos terminado la mañana medio borrachas, medio llorantes, corriendo por una calle de nombre medio esquimal, medio castiza.

Allí, "sí" (y me quedo ya todo diciembre en Madrid)



Esta mañana, en la Gran Vía de Madrid había una cola increíble en la Administración de Lotería de Doña Manolita. En algunas calles puedes comprar los décimos dos euros más caros sin tener que hacer cola. Los letreros de los puestos aseguran que la lotería efectivamente es de la administración de Doña Manolita. Si pagas más, te ahorras la cola. Pero no todo en la vida se soluciona con dinero. Venga tópicos.

Yo antes era algo más rica y tenía el tiempo libre llenito de penas. Ahora soy algo más pobre y el tiempo libre me lo paso inventándome historias para que ella nunca se me aburra.

Esta mañana, al pasear por la Gran Vía, he pensado en que a mí ya me tocó la lotería un domingo astromántico.

Era sábado por la noche, Juan de Pablos pinchaba en el Nasty (Barbarella) y bailamos canciones de Navidad -de esos grupos alternativos que a mí/ti tanto nos gustan- en uno de esos días irrepetibles en que apenas llenamos la pista seis o siete personas.

Ya lo creo, a mí me tocó la lotería.

A todos/as los que nos odian, porque no dejaremos jamás que nos venzan



Esta tarde me ha llamado mi madre.

- ¿Carolina?
- Hola mamá, ¿qué tal?
- Hija, te llamo para decirte que naciste en Toledo y que tu padre…

He colgado el teléfono, no quería escuchar el resto de la historia. Ya me la imagino. Mi familia y sus excesos de vodka y ficción, siempre haciendo estragos.

Me he puesto a hacer la maleta: sólo contiene ropa interior y vaqueros. El resto ya lo compraré o robaré, dependiendo de si llueve o hace sol. Luego la he llamado.

- ¿Sí?
- Hola guapa.
- Ei, ¿qué haces?
- La maleta. ¿Te vienes conmigo a Toledo?
- Eh, pues….
- Vale, te paso a buscar al trabajo. Ciao.

Ella me va a ayudar a encontrar mis raíces, a saber quién demonios soy realmente. Me he cansado de ser una sola. Ya no puedo más. Necesito a otra sola. Y ahora que nos hemos encontrado, ha dejado de llover hacia abajo.

Va a ser un viaje muy importante porque simboliza muchas cosas. Yo he volado mi pasado por los aires y es ahora cuando empiezo desde cero.

Soy la típica detective que comete el peor de los errores. Esto ya lo dije hace meses, a principios de año. Y bendito el día en que cometí ese error que me salvó la historia.

Sigo acostándome pasadas las dos de la mañana.

Algún día -lo sé- nos iremos a comer juntas las tres y nos reiremos de los malos en su cara



A veces nos ponemos tristes por otros.
La noticia me cayó como una bomba atómica en medio del pecho.
Primero, me destrozó la piel.
Luego, la ropa.
Y no al revés.
A ella también le puso triste la noticia.
Hablamos y la imaginamos en medio de un paisaje feo y seco.
A veces necesitamos escribir así, un poco, de duelo.
La noticia nos ha hecho tener miedo
Así que hemos decidido armarnos con espadas, pistolas y venenos.
Más que nada, por si tenemos que eliminar a algún malvado.
Ella me dice que la gente es envidiosa,
Que quieren lo que no tienen.
Que les jode que otros sean felices sin simulacros.
La noticia nos ha caído deslumbrante y cercana.
No quiero que te salpique nada de lo que pueda hacer daño.

Yo no pienso bajar la guardia ni un sólo segundo, eso que quede claro.

Presentación del libro de las 34 astronautas en Bilbao



Aún estoy huyendo de los "buenos" pero debo dejar constancia aquí de la tercera presentación de nuestro librillo naranja, ¿De otro planeta?

Este jueves se presenta el libro en Bilbao.

Presentación del libro ¿De otro planeta?
A cargo de la autora: Nuria Rita Sebastián
Lugar: Casa del Libro. Bilbao. (Alameda de Urquijo, 9)
Fecha: jueves 30 de noviembre
Hora: 19:30

Esperamos veros por allí y que la asistencia de todos vosotros acompañe a nuestra editora.

(Vuelvo en diciembre, este post era un aviso de convocatoria sólo)

Son los buenos los que nos persiguen, que los malos nos ignoran

Mi lince bebé está a salvo.

Al final, cambiamos de estrategia. A Paola Vaggio se le ocurrió una gran idea: llevarse al lince bebé en su avioneta a un lugar seguro. Sólo ella conoce el lugar exacto donde lo hemos escondido, es la única forma de que nadie nos descubra.

El viaje duró un par de horas y la aviadora le contó a mi lince bebé una de las historias más encantadoras (de encantamiento) que he oído nunca. Pude oír la narración gracias a la radio que ella tiene instalada en la cabina del piloto. Al menos me consuela saber que alguien de confianza lo llevó lejos.

Cuando la aviadora regresó a casa, yo me había fumado dos cajetillas de tabaco rubio y había vaciado casi una botella de vodka. Paola me entregó esta foto:



- Carol, sus ojos me dijeron que siempre te recordará. Y que algún día, cuando todos se hayan olvidado del asunto, le gustaría que le fueras a buscar. Esta foto es de él con su madre. Me pidió que te la entregara para que se la guardes.

Sonreí. Me metí en la cama y me quedé dormida con la ropa puesta.

Where did you sleep last night?, nos preguntarán mañana



La cosa se ha puesto fea, muy fea. Tengo a los de la protectora pisándome los talones. Me han pinchado el teléfono y el móvil creo que también. Esta tarde, al salir del trabajo, he notado que un tipo me seguía. Ahora mismo lo tengo rondando por mi calle todavía, y eso que son casi las dos de la mañana.

Así va el país. La polícia, los ecologistas, los vegetarianos y todos los políticamente correctos van a por mí. Y todo por culpa de mi lince bebé.

He hecho las maletas y esta madrugada me largo de Madrid. Esta noche la pasaré en casa de Paola Vaggio, la aviadora italiana, que nos dará refugio y algunas cosas para el viaje. Ya sabéis, pasaporte falso para el lince bebé, ropa para despistar a la policía y esas cosas. Pero mañana temprano nos marcharemos porque no quiero comprometerla. No puedo decir dónde vamos porque sé que leen mi blog, que lo he visto en las estadísticas. Maldita sea.

Sólo quería escribir este post para agradeceros los ánimos y el apoyo, los buenos consejos y la inspiración que me habéis dado. Gracias a ello no me he dejado caer rendida.

Me despido de momento, espero poder volver en diciembre. Hasta pronto y un beso.

(Al lince bebé le gusta este vídeo de Nirvana porque Kurt sólo muestra sus ojos un segundo, minuto 04:03, y me hace detener el vídeo una y otra vez para ver los ojos bonitos de Kurt)

The world is at your command



Desde que vivo en Madrid todo parece que va algo mejor. Ya no duermo tumbada en el techo, por fin he dejado de tomar Baileys para desayunar. Ahora sólo lo bebo para merendar.

He dejado de tenerme miedo. Ahora soy capaz de mirarme de frente, en el espejo, con las lentillas puestas. Hasta hace poco recuerdo que me falseaba la realidad con la miopía.

La noticia triste del día es que el lunes la protectora se me lleva el lince bebé. Algún imbécil me ha denunciado y me lo van a arrebatar. Por lo visto no soy capaz de cuidar de él. No debo ser una buena influencia. De nada sirve que me disfrace de zíngara para hacerle reír, ni que le cocine gambas al ajillo. Ni que le escriba notitas en finlandés para desearle buenas noches.

Hay personas empeñadas en arrebatarnos lo que más queremos.

El lunes se llevarán a mi lince bebé a algún lugar donde yo no pueda verlo (me han dado una orden de alejamiento, es alucinante). Pero mis botas seguirán andando por donde me de la gana. No podrán impedirme que atraviese todos los charcos que sean necesarios para…

Me cansa la gente que no tiene dudas



(Hace tres días que he conseguido el lince ibérico bebé)

Mi madre se ha quedado con el lince bebé mientras yo estaba trabajando. No me fío de dejarlo en otras manos, no vaya a ser que me denuncien o que me lo revendan por ahí. Cuando he vuelto a casa estaba aún durmiendo en su cunita de lince, me he acercado con cuidado para ver si respiraba. Estaba todo en orden pero de repente se ha puesto a toser y se ha despertado con su propia tos. Entonces lo he tapado para que siguiera durmiendo pero, al verme allí, se ha puesto a llorar. Y estaba realmente afligido, sollozaba, temblaba entero. Así que lo he sacado de la cuna y me lo he llevado en brazos. A tomar por saco la siesta, he pensado, ya dormirá esta noche.

Lo he puesto en el sofá y nos hemos mirado. Aún estaba llorando y temblando. Me estaba diciendo muchas cosas mentalmente, lo he sentido. Qué pequeño se veía, qué desconsolado. Qué fuera del mundo.

Le he hablado, lo he consolado como he podido y le he acariciado el pelo. Poco a poco se ha ido calmando y ha dejado de llorar. Pero yo sé que seguía sintiendo miedo. Ese miedo primitivo y doloroso. Justo como el que yo siento a veces cuando pienso que soy más vulnerable de lo que desearía, por ejemplo.

Nos hemos quedado prácticamente toda la tarde así, acurrucados en el sofá, mirándonos y sin movernos. Hasta que ya no había luz.

(La canción de los Stones es su preferida, siempre se duerme con ella)

Post con un par de copas de más (que la detective también baja la guardia de vez en cuando)



The answer came like a shot in the back...

La canción comienza con esa frase. Llevo varios días escuchando la misma canción. Yo soy así de obsesiva. Con la música, sobre todo. Tan sólo hay que desear escucharla.

Ella no es normal. Jamás había conocido a alguien así. Que suena a tópico, que se lee como un tópico. Vale, dejadme de leer si os cansa. Mandad mi blog a la mierda. Mandadme a mí. Porque ya no tengo ideas originales (las tuve algún día, acaso?). Porque ya no soy ni un uno por ciento de creativa (lo fui algún día, acaso?). Que me da igual. Que nadie me paga por hacer esto. Que ya no escribo con las manos. Ahora escribo con los ojos.

A veces siento un miedo pequeño que me da bocaditos en las orejas hasta que se me caen los pendientes. A veces me voy a dormir y por la mañana no recuerdo en qué momento de la noche me puse a recitar aquel par de versos de Pavese que me aprendí en italiano tan sólo porque me sonaban bien.

Esta noche nos hemos hecho el control de alcoholemia mientras cenábamos. El aparato era de Elena, que siempre lleva artilugios de ese estilo en su bolso. He soplado y la lucecita era roja, muy roja. Como el corazón escondido de Otto.

A partir de mañana voy a iniciar los trámites para comprar un lince ibérico bebé. Es muy difícil comprar uno. Es ilegal porque están en peligro de extinción. Pero a mí eso me da igual. Creo que es un animal realmente precioso. Estéticamente inmejorable.

La respuesta te llega a veces como un disparo por la espalda. Que se te clava, que se te hunde, bien hondo, bien hondo, bien hondo. Me gusta el número tres, por eso a veces repito las cosas mentalmente tres veces. Y cuando voy a clase en la universidad procuro sentarme en la fila tres.

Esta noche me ha llegado la respuesta como un disparo y me ha gustado.

Ahora mismo, a estas horas, sé que alguien compra un billete de avión para llevarme bien lejos. A la ciudad que tanto echo de menos.

(re) pensar es bueno para la salud y para mí



He vuelto del trabajo (re)pensando más de la cuenta.

Los que salimos del tren por las escaleras y los que lo hacen utilizando el ascensor. Es algo que siempre me hace pensar. Somos pocos los que subimos por las escaleras. Lo hacemos en silencio. Sin rozarnos, sin prisa. Sin mirarnos. Otra vez me ronda el tema de los solos… está claro que son los solos los que no utilizan el ascensor.

Un rato antes, he vuelto a ser la única fumadora que esperaba el tren. Ya no fuma nadie a esas horas. Había una cámara. Me la he quedado mirando, me he acercado y le he soltado el humo en la lente con descaro. Me he sentido una imbécil haciendo eso pero no lo he podido evitar. Eran mis dos minutos de exhibicionismo diario, la ración que me dedico cada día a hacer un poco el ridículo.

Hace años me ponía triste que alguien cuestionara mi trabajo. Ahora ya sólo me cabrea.

Tengo una lista de categorías contra las que luchar. De mentirijilla, claro. O no tanto, que yo no me fiaría de mí misma y menos de mis listas. Redactar la lista me tranquiliza porque si identificas al enemigo ya tienes mucho trabajo hecho. No pienso bajar la guardia, no puedo permitirme ese lujo. Al más mínimo fallo podría perderlo todo y no puedo consentirlo porque entonces ya sólo quedaría de mí la gabardina y la pitillera plateada.

Me hace gracia saber que mientras ella duerme yo me quedo aquí mirando a nadie por la ventana. Redactando párrafos absurdos que seguramente leerá desde el trabajo mientras yo, en otro lugar, tomaré algún tren y volveré a cansarme subiendo escaleras. Ser tan estética puede ser malo para la salud.

No tengo tiempo de detenerme en los semáforos pero sigo atenta a las buenas pistas



Descubrirte ha sido como volver a notar lo sensual que suenan los vinilos de jazz en el tocadiscos.

Post escrito en el trabajo



Bajada de diez grados en la temperatura. Café, pitillo y cazadora vaquera. Sillas de madera, barra de bar y música de los sesenta. Las trampas ya no están abiertas. Se han cerrado de repente. Y de nuevo es imposible no pensarte.

El invierno. Que se nos viene encima con las gafas de sol en el pelo.

Qué buenos eran los Stones…



Mientras escribo este post hay unos tipos que se juegan el tipo subidos a unas escaleras para quitar los pósters de todos esos memos.

Me apena ver cómo se comportan algunas personas. Me decepciona. Me pone, incluso, algo triste. Suerte tengo que me salva este cinismo y esta mala leche con las que nací.

Hace años voté a un partido radical, muy radical… de extrema, bueno, de extremísima izquierda. Y no me arrepiento, claro que no. Porque creía en ello firmemente. Y tenía que ser consecuente con mis ideas. Jamás encontré a nadie que me censurara por ello, nunca oí ningún tipo de comentario insultante o despectivo al respecto.

Pasó el tiempo y dejé de votar por…motivos que no vienen al caso y que no interesan a nadie. No me convencía ningún partido. Lo cual también es respetable.

Me niego a ser despectiva con las personas que no comparten mi ideología. No pienso caer en ese juego.

Porque sé que lo que les jode realmente es saber que no somos como ellos, que no pensamos igual. Les fastidia no poder etiquetarnos, no poder acusarnos de nada. Porque somos respetuosos, porque nos negamos a ser intolerantes. No somos un número más de sus estadísticas.

Que cada cual vote a quien le de la puta gana, ¿ha quedado claro?

Yo lo que sí tengo claro es que sólo a una tipa con clase le puede gustar esta canción de los Stones. Y ella tiene más clase que nadie.

Post en directo (IV)



Demasiado tiempo sin ser yo. Eso no podía ser bueno. Algo que se estaba gestando desde hacía muchos meses… tal vez incluso un año. Releo algunos mails que envié el verano pasado, el del 2005, y lo que está escrito, está escrito y ya está. Cuántas cosas fui diciendo por ahí. Ya estaba perdida. Y el caso es que me lo decían, pero una no se ve hasta que el espejo no se le rompe en las narices.

Hace días que me analizo. Las cosas que hice o más bien las que dejé de hacer. Hay reacciones demasiado brutales como para ser tenidas en cuenta. Nunca he ido al psicólogo. Tampoco al psiquiatra. Creo que dejé de emborracharme el día en que alguien me correspondió. Quizás hubiera terminado siendo una alcohólica poco anónima.

Una de las noticias más terribles de mi historia me pilló con unos grados de más en las pupilas y en la lengua.

Aquella noche habría sido capaz de cargarme al tipo chungo que iba a entrar en el cajero antes de que le hiciera algo a ella.

El otro día un compañero de trabajo me advirtió de que tuviera cuidado con la manera en que conducía mi vida laboral. Apenas nos conocemos, pero me dijo que él había tenido un ataque de ansiedad bastante imponente. Ten cuidado, Carol, que yo desde entonces me estoy medicando, me dijo.

Necesito encontrar un tema de trabajo para hacer una investigación. Volver a estudiar no significa sólo tomar apuntes y aprovechar para fumarte un pitillo en el césped de otras épocas. Necesito un tema, un algo, un qué, lo que sea para escribir y dispersarme.

Mis compañeros ya tienen todos un tema. Sí, es como para deprimirse. El otro día me tuve que inventar una mierda de tema para no desentonar. Me daba vergüenza decir no tengo tema, señor profesor, catedrático de la ostia, que yo le respeto mucho, claro que sí, pero respéteme a mi también, por favor, que no tengo la cabeza para pensar ni para expresarme con claridad. No tengo tema.

Sigo pensando. Hoy me he pasado el día trabajando en tareas que tenía atrasadas. Luego me he dispersado y me he puesto a buscar vídeos de Rasca y Pica (como el de más arriba). Ya sabes, adictísima a los Simpsons. De toda la vida. Qué buenos son estos dibujos. Ahora que lo pienso, hoy ha habido elecciones y no he ido a votar.

Es bueno marcarse metas, no límites. Ya, la típica frasecilla que queda genial decir y, cómo no, escribir. Qué bueno era Carlos Cano, oye. Qué bien cantaba el tipo. Y toda mi sangre se puso de pie. A ver quién escribe algo mejor que eso. Lo que a mí me está pasando no es mentira ni verdad. No sé, no sé, no sé. Y si esto no me sale bien, y si no supero la prueba. Y si no encuentro un tema. Y si no sé sacar tiempo y me caigo a mitad del camino…

Mejor no volver a tropezar con una misma que para eso ya tenemos la peli. Y Tiffany.

Don't let me down



Íbamos a ir al cine pero al final nos hemos quedado bailando en el comedor de mi casa. Marilyn y Paul Newman nos miraban cómplices y divertidos.

Nunca un baile había sido tan sensual. Un cuello y unos labios que me marean. Como cuando vas en barco y hay temporal.

Me siento como Mamba Negra cuando ha llevado a cabo su venganza y finalmente puede descansar, tranquila, porque todo ha vuelto a su orden.

The lioness has rejoined her cub and all is right in the jungle.

Y la penúltima canción –nunca habrá una última, te lo digo ya desde ahora- para que te la guardes esta noche.

A veces me río con estas cosas, que no todo va ser rollo profundo



Muy bueno

¿Me aceptarán en el infierno?



No soy tan mala
Como para que no me acepten
En el infierno.

Saco chisteras
De los ojos
Cada vez que la veo.

Me miento tanto
Que a veces
Escupo relojes
Por las noches.

Odio el paso del tiempo.

Hazme caso, al final a la chica siempre la salvan



Lo que son las cosas. Esta mañana he recibido un mail de un novio que tuve en COU. No nos hemos visto en, por lo menos, diez u once años. Ha encontrado mi mail por ahí, disperso en Internet, y se ha decidido a escribirme. Para saludarme, ver qué tal estoy. Poca cosa más.

No recuerdo cuánto tiempo estuvimos juntos pero sí que le dejé. Porque no le quería -y él a mí tampoco, no vengamos ahora con tonterías románticas, que teníamos dieciocho años- y estaba más pendiente de una rubia pijísima.

Lo que son las cosas.

A veces me pregunto cómo vendrá el futuro. En Vespa, tal vez. Ella dice que tendré canas, que no me teñiré el pelo porque estaré guapa así, sin retoques. Yo sigo sin imaginarme con canas.

Lo que son las cosas. Lo que son las canas.

Ojalá pudiera saltarme el trabajo mañana. La iría a buscar y me la llevaría lejos. A cualquier lugar, lejos de toda esta basura. Montañas de basura que nos rodean. Supongo que se da cuenta de que por ella me clavo el teclado en la garganta cada vez que intento escribir algo acertado. A pesar de que chirríen todas las frases.

No pienso dejar que nadie nos disperse. Con los dientes, con mentiras o con mis botas. Si tengo que emplear la extorsión, lo haré. Y si tengo que ser aún más borde, también lo seré. Poco importa que yo le caiga mal a medio planeta. Aún me queda el otro resto, ya sabes, Groenlandia y los bichejos polares.

Lo que son las cosas. Lo que son las ganas.

Hay una película muy suramericana de Eliseo Subiela -El lado oscuro del corazón- que todos hemos visto en nuestra época idealista y de viva lo útopico y lo poético. El tipo protagonista se pasa media vida buscando a una mujer que le haga volar en la cama. Cuando vi la peli no entendí el concepto.

Cuando probé veinte mil camas en veinte mil pisos diferentes, con veinte mil chicas diferentes... Tampoco entendí nunca el concepto del todo.

Nadie se quedaba conmigo.

Ahora lo entiendo. El concepto. Lo de volar en la cama. Por fin, lo entiendo. Y ella lo entiende. Mañana le preguntaré si conoce la peli.

Al final, a los ex los enterramos bajo tierra. A todos. A los que quisimos de verdad y a los engañamos. A los que deseábamos y a los que tan sólo teníamos cariño. Al final los ex se nos mueren muy lejos, muy lejos... Tiene que pasar tiempo pero siempre llega ese día.

Yo me he dado cuenta hoy al recibir ese mail.

Ya se nos han muerto los ex. A las dos. Ahora, por fin, nos vamos a rodar esa road movie que teníamos pendiente.

Prometo no suicidarme si me voy a vivir a Laponia



Hoy he observado los coches desde mi posición de copiloto. Ella me recomendó que no lo hiciera en las rotondas porque entonces tienes la sensación de que te vas a chocar con el coche de al lado. Aún así, lo he vuelto a hacer. Ha sido emocionante.

Tengo miedo. Al fracaso. A perderlo todo. A no dar la talla. A volverme pequeña pero sin gracia. A que se me borren las pupilas de tanto fumar mientras duermo. A que se me salgan solas las camisetas del armario. Y que se equivoquen de estación.

Mañana es un día muy importante. Y aquí estoy, a las dos de la mañana, celebrándolo sola en mi castillo.

He elegido la ropa que me pondré en cinco minutos. Los vaqueros me los llevo porque, a pesar de todo, siento que si me disfrazo de tipa respetable estaré falseándome a mí misma. Y yo no soy así.

Dónde va a parar el estilazo de Leonard Cohen frente a Tontxu, Ismael Serrano y Rosana. Es me descojono sola pensando estas cosas. Viva Hilario Pino con sus imperfecciones, abajo Matías Prats con su voz nasal.

Cortadme la cabeza, por favor, que a mí me aterra la sangre.

Lo mejor de mañana es que la línea verde de Madrid/Barcelona me llevará con ella. Y sé que después de eso, lo demás se podrá ir de nuevo al infierno. Su flequillo es mío y de nadie más.

Una empieza queriendo ser Greta Garbo y termina como una mala copia de Najwa Nimri

conducir con la mirada ausente

Me he levantado medio zombie. Mareada de bibliografías, citas inexactas y aniversarios ficticios. He perdido el tren por un minuto. Me he tomado un cortado en la barra de un bar mientras sonaban los Pixies. Cómo me repito.

Hay días en que me canso de mí misma. De cómo suena mi voz, de cómo suenan los mp3 en el ordenador, de cómo dialogan Lucía y Lorenzo a mis espaldas. Una pista.

Hay días en que pienso más de la cuenta. Eso es peligroso. Siempre me trae problemas. No voy a decir que cuidaré de ti, ni siquiera sé cuidarme, es posible que sea yo quien necesite que lo salven.

Poco más que decir. De quién será ese fragmento de voz al que no puedo acceder. Tal vez el error esté en mí. No lo sé.

Que puedo ver tus huesos, nadie lo va a creer


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He cogido el autobús al volver del trabajo. Era de noche y había poca gente así que me he podido sentar. Qué lujo. El conductor aceleraba tanto que he pasado miedo. Me ha dado por pensar en la muerte. ¿Y si nos matamos ahora mismo? Un martes cualquiera, a las nueve de la noche. Iba tan rápido que me he mareado un poco. El tipo se ha saltado incluso un par de semáforos...

Unas horas antes...

Me he tomado un chupito de avellana en la cocina de casa. Lo he acompañado de un camel. Me he puesto a mirar las lámparas de la cocina. Son de Ikea, plateadas. Las típicas, vulgares, pensaréis. Bueno, a mí siempre me han gustado. He comenzado a soltar el humo hacia arriba, hasta llenar el hueco de las lámparas. Hacía un efecto precioso... el humo, la luz, el silencio -una especie de sinestesia, supongo- y yo embobada mirando cómo se me consumía el pitillo. Era tan brillante que no he sido capaz de fotografiarlo. Me habría cargado el efecto.

No sé porqué nos empeñamos en capturar algunos instantes de forma material.

Me habría gustado emborracharme pero tenía que entrar a trabajar. Tranquilos, no conduzco ningún vehículo ni manejo materia peligrosa. Por eso, esta tarde se me habría ido la mano con las copas y no habría pasado nada. Nada.

Intento no mentir así, lo juro (o bien, homo sum: humani nil a me alienum puto)



Hoy he aprendido en clase que los roles, a veces, se alteran. Que un día te acuestas siendo una persona excelente y que a la mañana siguiente te levantas convertida en la princesa de las cabronas.

Hemos hablado de lo caro que sale rebuscar en almas ajenas y desconocidas. De lo peligroso que puede resultar verte reflejada en alguien que no te ama. Pero que, aún así, te busca y se te tropieza en las pupilas.

He conocido a una chica finlandesa que me ha hablado de algo curiosísimo. Ella es capaz de saber -sólo con mirar- si dos personas determinadas han hecho el amor alguna vez juntos en su vida. Para comprobar si era cierto le he pedido que me dijera si Pablo y Mónica se habían enrrollado alguna vez. Yo sabía que ellos son pareja así que la he puesto a prueba sabiendo de antemano la respuesta correcta.

La finlandesa no ha errado. Es más, me ha ampliado la respuesta: Carol, te diré además que son pareja estable, ¿podría ser?. La he invitado a un café, se lo ha merecido. Luego nos hemos ido a clase y me ha dicho que si quiero se puede venir conmigo cuando salga a bailar y así me informará de todo lo que note... Le he contestado que gracias, pero que no era necesario, que mi memoria es buena todavía y que puedo recordar los cuatro nombres básicos de las tipas que han compartido mi cama. Qué absurdo. Creo que la finlandesa está solísima y que buscaba una excusa para salir por ahí. Nada más.

Esta tarde he ido a cambiar un regalo. Tenía ganas de mentirle a alguien así que le he contado una trola preciosa a la dependienta. He salido a la calle aspirando aire muy fuerte y pensando en que algún día alguien será capaz de contratarme.

Yo no sabía que aquel día iba a ser un punto y aparte



(te encontraron, tú habías abierto las ventanas, yo fui con un ejército de hombres aspiradora...)

- Carol! Ei, tía, ¿qué tal? ¿Por dónde andas?
- Uf, pues donde siempre, ya ves...
- Joder, pues qué poco te acuerdas de nosotros, ya no te pasas por aquí como antes... desde que eres respetable no hay quien te vea el pelo.
- Yo no soy respetable, no me seas cabrona, bien lo sabes.
- Tienes razón, ni lo eres ni lo serás nunca.
- Ja,ja, cómo te pasas.
- Oye, pues tómate algo, venga.
- Es que voy con un poquillo de prisa, tengo que hacer unas cosillas esta mañana.
- ¿Has quedado con ella? Es un día muy importante, ¿eh?
- Lo es. No sabes lo nerviosa que estoy... Acabo de colgar un post sobre ello.
- Ah, ya lo he leído... con la canción aquella que me contaste, qué fuerte.
- Sí, cuando me acuerdo...
- ¿Se lo has dicho?
- No, supongo que lo leerá mañana en el trabajo. Lo malo es que no podrá escuchar la canción, no tiene altavoces.
- Bueno, pero seguro que sabe que va por ella.
- Ya...
- Además, que yo sé que te lee cada día.
- No he tenido tiempo de hacer nada mejor, todo me parece tan cutre...
- Carol, tranqui, sería peor que le hubieras dejado un diálogo, no sé... imagina que le hubieras escrito nuestro diálogo, eso sí sería cutre, tía!
- Ya, jaja, menos mal que no le hecho!
- Con esa canción seguro que sonríe, cuando recuerde lo que te pasó.
- Sí, qué fuerte. Es de esas cosas que si te las cuenta alguien piensas que debe ser gilipollas o un extraterrestre.
- Bueno, ella es espacial, tampoco vas tan desencaminada.
- ¿Te imaginas que no hubiera tropezado con esa canción?
- Ummm... pues no sé, tal vez las cosas habrían sido diferentes.
- No creo. ¿Te acuerdas del último post de secuencias?
- No...
- "Tienen que ocurrir tantas cosas para que dos personas se conozcan"
- Ostia, sí, ahora me acuerdo...
- Pues eso. Que a veces hago recuento de todas las pistas que fueron necesarias y me mareo...
- Venga, Carol, no te empieces a poner trascendental.
- Tienes razón, me voy a pasar la aspiradora. Al menos eso lo hago bien.

P.D: Lo importante es empezar a contar hacia delante y dejarnos de tonterías.

Yo vi el mar en Madrid



Podéis reiros, a mí ya me da igual todo.

Yo vi el mar en Madrid pero no pienso decir dónde porque no quiero que nadie más lo encuentre.

Madrid es nuestra ciudad. Allí nos reencontramos. Allí celebramos el fin de año cuando nadie lo celebra. Allí hicimos el amor bajo una luz hipnótica y lunar. Allí nos dimos cuenta de que lo importante de verdad ni se explica ni se escribe. Se mira y se ve.

Si digo que la Plaza Mayor me parece la más bella del mundo pensaréis que exagero, que soy una tipa hiperbólica, tal vez. La primera vez que entramos juntas, llovía y a mí me pareció otro mundo. En mi vida había contemplado nada igual. Ni Florencia, ni Barcelona ni París. Los besos en la Plaza Mayor jamás desaparecen.

Cualquier día de estos regresaremos porque hoy me he dado cuenta de que ya me resulta imposible no volver contigo allí. Necesito a Madrid como te necesito a ti allí.

Vamos a firmar.

(Si quieres descargar la banda sonora de este post)

Post en directo (IV)



Dejé sólo un trocito dentro de su bota, para que le duela si se va con otra

(Dedicado a todas las tipas que me destrozaron el alma alguna vez, en algún momento, ya sin rencor, sin dolor, y sabiendo que al final, por suerte, todo se supera)

Tengo mucho trabajo atrasado. Mucho es mucho. Es muchísimo. Pensaba quedarme hasta las dos de la mañana más o menos. Son las doce y media y no he hecho nada.

- Carol, buenas noches.
- ¿Ya estás en la cama?
- Sí, estoy cansadísima.
- Yo me quedaré trabajando, tengo que adelantar faena...
- Véte a dormir, anda.
- Que no, que no, que luego me siento culpable y es peor.
- Pero necesitas descansar... y mañana tienes que estar fresca...

Ups, mañana. Lo olvidaba. Mi primera clase.

- Ummm... es verdad, lo mismo me pongo a escribir alguna cosilla y me voy a dormir.
- Vale, pero no te acuestes tarde... y no hagas la sola.
- Prometido.

Y aquí estoy. Oyendo el ruido del camión de la basura y del ventilador del pc. Sabiendo que mientras ella duerme yo me quedo cerrando la noche. Me gusta tanto esa expresión... La imagino acurrucada en la cama, pensando en sus cosillas, que para mí son las más importantes del mundo. La imagino pequeña y tengo que hacer un esfuerzo para no ir a verla y despertar a todos sus vecinos haciendo saltar la vespa a su balcón. Estoy nerviosa porque mañana voy de nuevo a clase. Tengo ganas de estudiar otra vez aunque ahora será muy diferente, claro. Mi aliciente ya no será impresionar a ninguna tipa guapa ni hacerme amiguita de nadie sino sacarme el curso como sea. Las vueltas que da la vida. Hace quince años que no volvía por allí y justo ahora...

Pues resulta que me he emocionado como una tonta porque volveré a aquellas aulas y a ver de nuevo a los profesores de aquella época. Como si todo fuera igual y no hubiera pasado nada en medio.

El año que repetí latín coincidí con una chica que solía vestir de negro. Por entonces no existían los indies sino los alternativos -cuestión de términos, supongo- y ella era muy alternativa. Tenía mucho estilo. Me pasé un semestre asistiendo a latín sólo por verla. No me hablaba, por supuesto, pero verla allí ya era un espectáculo. Era muy guapa, salía en algunos anuncios incluso: de pasta, de sopa, de seguros... de todo un poco. Me pregunto qué debe hacer ahora.

Cuántos recuerdos... lástima que en el bar de la facultad ya no se puede fumar y eso le quita siempre encanto a los reencuentros.

No es un poema, es un listado (no soy tan críptica como dicen por ahí)



No ha llovido lo suficiente.
Se me acumula el trabajo.
Necesito hacer más fotos.
Aprender a tocar la guitarra.
Leer más ficción y menos apuntes.
Hablar con mi madre de lo que verdad importa.
Reconciliarme con mi voz.
Comprarme otros vaqueros.
Tengo que ser más asocial aún.
Plantarle cara a los que me están jodiendo.
Pero con elegancia, sin gritos.
Que con un soplido los borro del planeta.
Y me siento en el primer bar que me guste.
A tomarme el sexto café del día.

Si es que nunca, nunca, llueve lo suficiente.
Y tu número de móvil me ocupa la agenda entera.

Te lo cambio por amor, el dinero



Por todos los buenos momentos que nos ha dado esta canción. Porque la sigamos cantando con los ojos risueños y un cigarrillo en los labios.

Y porque la bailemos en mil conciertos.

(Hoy me apetecía recuperarla)

Crónica de un sábado (aquí casi es verano, no he dejado de fumar, oigo tus discos)

ummm...qué carita
(la vimos, muy buena, sí, realmente buena)

Esta noche me he puesto a La Buena Vida, el disco que más me gusta, Álbum. Cuánto tiempo.

Era sábado, llovía como si estuviéramos en Donosti y las calles estaban llenas de gente, conciertos y exposiciones de esas que gustan tanto en Barcelona: la solidaridad, la inmigración, la mobilidad y el desarrollo sostenible, ah! Y la llengua, claro, la llengua. Qué gracia me hacen los defensores de la llengua, pero sólo los que no se han leído en su vida un puto libro de Rodoreda o de Comadira, por ejemplo. Mejor no sigo, a este paso me quedaré sin lectores. Sin perros, sin gatos, sin Rosana, sin Bebe, sin Ismael Serrano (por favorrrr, basta ya del temita de la Guerra Civil, qué cansinos). Al carajo todo.

Tengo una teoría –otra de mis absurdas teorías que no me creo ni yo, pero que me ayudan a pasar las horas más entretenida- y es que si no has logrado conocer/encontrarte con alguien a la tercera oportunidad es que esa persona no debe estar en tu vida.

Era la segunda oportunidad de conocer a Lucy. Y yo sabía que tenía que conocerla porque es de esas personas que sabes que son auténticas y espaciales. Lucy siempre recomienda cosas buenas, ya sean pelis, discos o libros. Lucy tiene buen gusto y sabe escuchar. Y es una tipa que escribe muy bien. Con estilo. Así que quedamos también con Paola la aviadora y nos fuimos a comer a una pizzería estupenda (sugerencia de la italiana, claro, que sabe mucho de pasta y buenos locales)

Nos contamos nuestras historias y nos bebimos el vino. Afuera, la gente hablaba de lo importante que es ir en bicicleta al trabajo, de no contaminar y de pronunciar con propiedad la ese sonora en posición intervocálica. Y nosotras intercambiándonos pelis, triunfos y la única cosa que nos hizo sonreír de una exposición (exposición feminista, claro, olvidé mencionar a las feministas, faltaría más…), una foto.

Hicimos más cosas pero no lo contaré todo porque me gustan más las crónicas incompletas, medio verdad, medio ficción. Lo mismo nos encontramos con tres grupos seguidos de percusionistas, que igual saludamos a Najwa Nimri y le dijimos que está muy buena cuando susurra. O lo mismo nos infiltramos en un palacio antiguo para hacernos unas autofotos espléndidas… quién sabe. Igual también nos encontramos con Yellow y Xavi, que nos llevaron lejísimos a tomar una cerveza en un bar verde como el trigo verde. Pero lo mismo me lo invento todo, véte tú a saber, que tengo la noche muy irreal y mentirosa.

Y de recuerdo queda ¿De otro planeta? comparado en la librería de el Raval, una tarjeta de videoclub de Bogart, y una lista de películas pendientes.

la primera vez que te veo así

Seguid escribiendo, pequeñas…

¿irrepetible?

Post en directo (III): basta ya de fachadas y corazas de tipa dura



La detective está llorando, sola, sin fumar y con los ojos dispersos.

No le puedo poner un nombre a esto. La oigo, a ella, y se me encoge el alma. Nunca había conocido a nadie así. Esta noche pensaba escribir sobre lo bien que me siento al pasar la aspiradora porque es como si me limpiara el alma, la vida, los esfuerzos. Y al final me he puesto a escribir en directo. Una noche más. Y van dos seguidas.

Tal vez estoy dejando de ser una detective para convertirme en...

La oigo y siento una punzada en el estómago y en la lengua. Las ganas de besarla me duelen tanto que me enfado con los kilómetros y las carreteras. Jamás pensé que existiera alguien como ella. Era mi sueño. El típico sueño adolescente. La persona con la que te gustaría estar. Toda la vida, si puede ser y me dejan.

Una vez escuché una entrevista que le hicieron a una escritora. Le preguntaron qué pensaba del concepto de la media naranja. Ella contestó algo así como que sí, que su media naranja debía existir, pero que estaría en Australia. Y pensé, joder, qué cierto es eso. Aún tenía que encontrarla.

Ahora me doy cuenta de que es absurdo intentar describir esto. No lo conseguiría por mucho que me esforzara. Hay que verla. Verla fumar mientras se toma un café, verla bailar canciones de Najwa en el comedor, verla poner gasolina de una manera tan sensual que matarías porque nadie más la mire, verla escribir un sms, verla conducir, verla...

Encontrarla ha sido reencontrarme conmigo misma. Ya no era yo, ya no me sentía yo. Y me salvó, me rescató de todo y de todos. Y volví a trasnochar, como ahora. Que me da respeto dormirme.

Necesito vivir esto con intensidad, sin perderme ni una frase. Es un plano-secuencia que no se corta...

(Y Fran que nos ponga durante muchos años la banda sonora...)

Post en directo (II)



No hay ni dios en la calle. Ni siquiera pasan coches. He cenado un bocata de pinchos, pimiento verde y queso. Delicioso. He bebido una clara de cerveza. Y unas patatas bravas que te dejan la lengua taladrada. Al llegar a casa he comido un plato de uvas buenísmo.

Ahora escucho a Leonard Cohen. Cuando la conocí, ella llevaba un abrigogabardina gris y llovía como nunca. Volví a llevar lentillas para ella. Ahora me pregunto si dentro de unos meses, o años, o semanas, recordaré esta noche. Si recordaré la cena o que volví a casa en manga corta. Igual que recuerdo ahora aquel día.

Sigue sin haber nadie en la calle. Me pregunto cuánta gente habrá ahora mismo despierta en mi calle. Si alguien escribirá un post. Si alguien se sentirá solo o fatalmente acompañado.

No es bueno exigirse tanto a uno mismo. Yo antes valoraba cosas que ahora, sencillamente, me importan una mierda. Prefiero tener tiempo antes que dinero. ¿De qué te sirve tener pasta si careces de tiempo para gastártela? ¿Para qué quieres trabajar tanto si luego no tienes ni un solo fin de semana libre?

Le he dicho que sonría. Porque estamos vivas y porque estamos bien. Joder, qué obvio, pensaréis. Pues no, no lo es tanto. Puede parecer dramático pero cada día que pasa doy gracias -aún no sé a quién- por poderme levantar y respirar nicotina y tráfico. Por poder beberme una cerveza y decir lo que pienso. Que eso es mucho.

Siguen sin gustarme los perros pero creo que tampoco soy tan mala persona.

De cuando nos pesaba la vida y el abrigo



¿Te acuerdas de cuando escuchábamos a Sabina? De cuando nos saltábamos las clases de Fonética y de literatura del XVIII -qué asco de siglo, qué soso, era el que menos nos gustaba- y nos pasábamos las mañanas enteras en el bar de letras. De cuando empezábamos el día bien temprano con un café y un pitillo. De cuando hacía tanto frío que se nos helaba la lengua al besar. De cuando perseguíamos a algunas chicas que nos parecían misteriosas, inteligentes y guapas. De cuando nos enterábamos de que en realidad eran chicas iguales al resto, peor aún, eran en general unas traidoras que nos mentían, nos sacaban el alma y luego la llevaban a rastras por sitios tan dolientes que se nos olvidaba quién éramos. De cuando pasabamos los duelos amorosos escribiendo en cuartillas que luego abandonábamos en la biblioteca. De cuando volvíamos a caer en los mismos errores y volvíamos a perseguir a cualquier rubia con nombre griego. De cuando nos maldecíamos porque habíamos vuelto a caer y ya no había remedio.

Ahora ya no escuchamos a Sabina. Ahora a veces suena Tom Waits o Chet Baker.

32 horas no me bastan, necesito/quiero/deseo más



Sus gafas. Soy algo fetichista, lo reconozco. Y mitómana, también.

Me cansan los Dire Straits, Phil Collins y a veces incluso Eric Clapton



Cuando era una cría me sentaba, ponía esta canción y fingía que tocaba el piano. La introducción tenía unas notas que me ponían los pelos de punta.

Dentro de una semana comienzo a estudiar de nuevo. Me impone la idea. Tomar apuntes y todo eso. Me pregunto si seré capaz de volver a retomar ciertos temas y hábitos.

Todos sentimos miedo. Todos mezclamos pensamientos equivocados con pensamientos que dan en el blanco.

Esta mañana me han dicho que no existo. No encuentran uno de mis expedientes así que no consto en las listas. Soy un jodido nombre en blanco. Una tipa que trata de colocarse en una fila que, por lo visto, no está reservada para ella.

Me he tomado seis carajillos y tres vodkas. Luego he comprado una pistolita de bolso, de esas pequeñas, una monada. Ocupa tan poco sitio... Me he sentado en un bordillo a fumar y he pensado en lo mala que es la envidia.

Los camareros nos odian. Algunas personas que nos rodean también. Los profesores son un gremio que no envejece, fíjate y verás. También nos odian, no te fíes.

Al sexto cigarrillo ya estaba algo mejor. Pero seguía pensando en la envidia. Entonces he decidido que este invierno no pienso quedarme sola ni un solo domingo.

Maddlemans haciendo slalom por tu cuello



Su primer novio, posiblemente al que más quiso y el que menos daño le hizo. Hace poco fui a ver una exposición que recogía un montón de objetos relacionados con Marilyn. Como buena detective, estuve haciendo fotos de todo hasta que uno de los vigilantes me descubrió y me vi obligada a guardar la cámara. La foto de arriba es de Marilyn con su primer novio. Una de las que más me dispersaron. Me gusta su sonrisa, su mirada bajo el flequillo rubio. Cómo le coge de la mano. El crío parece algo más tímido.

Cuando miro algunas fotos suelo pensar en Marilyn. A veces me descubro como una sola, con camiseta de rayas marineras -como las modernillas- y el pelo recogido. Mirando un mar, aquel mar. Otras veces me veo a mí misma mirando el objetivo como quien mira a un fusil.

Cada mañana cruzo los dedos para no destrozar la historia. ¿Podré conseguirlo? No debería hacerme tantas preguntas pero es inevitable. ¿Y si al final resulta que yo tampoco soy un planeta? Sé que es estúpidamente egoísta -y las 01:36 AM no es buena hora- dolerse por los besos que tú no has dado, por los regalos que no compraste o por las noches no compartidas. El pasado no debería importar, ni doler, ni repasarse como un mapa lleno de pistas. Ni tampoco como una amenaza.

Hay noches en que me siento como una incauta que duerme con una caja de explosivos bajo la cama. Apenas me muevo. Apenas respiro. Los ojos abiertos, el dedo en el gatillo. Por si acaso.

Me río de mí misma. No hay nada que temer. Esa bola se ha roto ella solita. Y las que no se rompan acabarán por desaparecer de mi suelo, de tu historia, de la mía; y no habrá más pistas escondidas ni planos bajo la almohada.

Ni un sólo maddleman intruso en tu cuello.

El primero de muchos inviernos (tenemos pendiente el estreno de Pierrot le fou)



Aviso: post excesivamente largo y aburrido. Lo escribo para mí misma, para sentirme mejor recordando ciertas cosas. Mucho valor hay que tener para leerlo, en fin… avisados estáis…

Creo que me he engordado unos tres o cuatro kilos. Me han salido más canas y tengo el pelo más rubio por la parte de delante, como cuando era pequeña, que el sol me desteñía las raíces. Hacía muchos años que no me ponía tan morena. Llevo sin fumar desde el 2 de septiembre pero no lo he dejado, faltaba más, sólo que hay algunas semanas del año en las que dejo de fumar y de conectarme a Internet y al resto de tecnologías; una especie de aislamiento que me ayuda a reencontrame con algunas cosas. Qué misticismo más barato, ¿verdad?

He estado unas semanas de vacaciones con mi madre. Le he hecho de intérprete porque, como ya sabéis, la señora Blenk no domina demasiado el castellano. Me da un poco de vergüenza porque ya debería haber aprendido algo, teniendo en cuenta los años que hace que vive en la península… En fin, que hemos desayunado juntas todos los días pero, como siempre, no nos hemos contado ni un solo secreto. He llegado a pensar que es una especie de Dorian Gray, que no envejece exteriormente. La otra tarde volvió con una bolsa llena de almendras, las había cogido de una finca ajena, bueno, en realidad el viento las había arrastrado hacia el exterior. Sólo cogió unas pocas porque un chucho le comenzó a ladrar y a ella le dan miedo los chuchos. Puedo imaginarla corriendo, sujetándose el sombrero con una mano…

Durante los días que he estado con la señora Blenk la he echado terriblemente de menos. A ella. Es la primera vez que nos hemos separado tanto tiempo. Me ha dado miedo porque he sentido que si la pierdo me pierdo yo. Los equilibrios a veces son buenos. Como la calma. Como el hueco que existe en algunos cuellos. Como su pelo secándose sobre la arena. Algunas tardes la he llorado/cantado un poquito mientras se hundía el sol (A los catorce años, casi quince, con las rodillas esqueléticas y blancas, la cara tan redonda y tan mal pintada…). He hecho fotos al mismo tejado -rollo el tipo de Smoke- cada día, a la misma hora. No soy buena fotógrafa pero ahora he descubierto que me gusta tener recuerdos. Hay una laguna de fotos de una buena parte de mi vida y no deseo que me pase de nuevo. Ni una sola miga a la basura.

Odiaría el verano excepto porque…

1. La playa de Gausbini me pareció la más bella del planeta. Tal vez porque nos embadurnamos de arcilla y luego nos secamos al sol. O porque nos bañamos desnudas y solas y en medio de la tierra. E inevitablemente se nos fueron las lenguas y las manos…

2. Se me durmió en los brazos una tarde que estábamos en el banco de un parque. Habíamos bebido rápido y alegre en un restaurante frente al mar, en el puerto. El único restaurante de allí, nada de guiris, ya me entendéis, la buena comida es la de aquí, pescaíto recién traído de las olas. Ups, me disperso. A ella se le subió el vino y no podía conducir así que nos quedamos en aquel parque. Unos chicos jugaban a petanca y un matrimonio aburrido y casi amortajado nos miraba con una desaprobación ofensiva. Así que me encendí un cigarro y les dije con los ojos más cabreados que pude poner: Estamos enrolladas, sí, y os jode porque parecemos chicas hetero, ¿no?

3. Cada mañana nos despertábamos con la música de su móvil y yo me ponía a bailar en plan pequeña. Esa canción me recordaba a la fiesta de Desayuno con diamantes, debería sonar algo así en esa fiesta. Y al final ella se contagiaba y acabábamos las dos bailando en la cama.

4. Escuchamos un concierto de guitarras, empezaron con los Beatles y a mí me volvió a parecer una señal. Seguíamos el ritmo con los pies y fumamos frente a un par de carajillos de Baileys. Y ella les felicitó al acabar. Me gustaría encontrar una canción que tocaron en su idioma…

5. Una noche nos pusimos a contar estrellas y perdimos la cuenta. Y es verdad que yo nunca había hecho eso con nadie, a pesar de que sea algo super tópico y típico de las parejitas. Pero es que cielo como ese no lo había visto en mi vida...

6. Era bonito ir a buscar a la chica fotógrafa a su casa, subirnos en el coche y llegar a cualquier lugar. Escuchar su canción –sí, la que grabó con su familia- y mirar felices por la ventanilla. La chica fotógrafa nos explicaba historias de su tierra, siempre interesantes, y con ella trepamos por un acantilado de vértigo para conocer la historia de un tipo que se arrojó al mar… Pero eso es otra historia. El día que nos despedimos de ella sentimos que nos dejábamos un pedacito de algo en aquel lugar. Y nos dio penita, claro que sí.

7. La última mañana hicimos el amor como dos pequeñas salvajes oyendo el ruido de las olas chocando contra las barquitas.

En resumen, que estoy haciendo justo lo que no recomiendan todos los expertos psicólogos: volver de vacaciones el día antes de comenzar a trabajar. Así que con algo de suerte esta semana estaré jodida y la que viene más aún.

Pero lo cierto es que todo esto apenas me importa porque ella me sigue pareciendo de otro planeta…

Volveré a buscarte en septiembre (mini post en medio de un viaje, sigo sin conexión)

Nos paramos en medio de la carretera a comer los bocatas que hicimos mangando comida del buffet libre. Abrimos las puertas del coche para que entrara el aire. El día había sido duro pero estábamos como dos tipas grandes en medio de un lugar precioso. De repente sonó Stand by me y yo le dije ¿bailas?... y entonces me contestó: ¿a que no hay huevos?

Y así fue como salimos del coche y nos pusimos a bailar en medio de la nada, en bikini y bajo el sol del mediodía.

Y creo que los coches que pasaban por la autopista nos admiraban, al menos yo nunca me había sentido tan valiente y guapa.

(Supongo que nadie creerá lo que hicimos ayer por la mañana. Supongo que escribir este post a estas horas y con el cansancio que acumulo está tan sólo justificado porque deseo que tú lo leas)

"Fue aquel verano cuando aprendí a ver las cosas de otro modo"



La detective guarda la gabardina en el armario, hace la maleta, coge un par de billetes de avión y cierra la puerta. Como no tiene plantas, nadie tendrá que regarlas.

Hasta pronto...

PD: Se me olvidaba, dejo canción de regalo, para entretener un poco...

Qué buenas eran las canciones de los Stones y que ganas de que sea mañana por la noche



La mujer de las ojeras
Se aleja lentamente
Mientras enciende otro cigarrillo.
Compra un ramo
De margaritas
Para ofrecérselo
-en la primera iglesia que encuentre-
A la Virgen del Tiempo.

Post en directo



Son las 12:53 AM. Acabo de tomarme un colacao bien frío. Suena Tom Waits, justo esta canción, una de las que más me gustan. No recuerdo en qué momento exacto de mi vida comencé a escuchar a Tom Waits pero es algo curioso que me vuelva justo en determinadas épocas... el verano pasado también lo escuché bastante a pesar de que mi estado de ánimo era muy diferente.

Han cerrado casi todos los bares que hay cerca de mi casa. En la cuenta corriente -actualizada hoy- el último movimiento es un recibo de 67,97 euros y no tengo ni idea de qué es. Hoy me he recogido el pelo y me lo he engominado, parecía una mafiosa de cuello para arriba. He trabajado sin reloj y sin anillos, me sentía más cómoda. Me he puesto un conjunto de ropa interior que me encanta, de color negro y rojo. Es japonés. Siempre pienso en Kill Bill cuando me lo pongo. Seguro que Uma llevaba uno parecido en la secuencia de los 88 maniacos.

Últimamente estoy tan cansada que no me apetece salir a bailar ni emborracharme. He hecho un listado de tareas pendientes para septiembre-octubre-noviembre y me he medio acojonado. Cada año me pasa igual pero siempre me salvo. ¿Te acuerdas de cuando decíamos ¡salve! en aquellos juegos?

Ahora está pasando el camión de la basura. Cuando volvíamos a casa, Elena y yo, siempre nos pillaba el camión de la basura. Ya era como una tradición. Me he quedado esperando la llamada de Elena esta noche. No quiero que nunca dejemos las tradiciones. Nunca. Me da mucho miedo perderla. Aunque nunca lo verbalice.

Me aburro. Miro las estadísticas del blog: no entiendo porqué la gente busca "carol blenk". Soy un personaje. Ni siquiera existo. Cuando apago el pc soy morena y bastante asocial. Pero a todos nos funciona mejor la ficción. En febrero de este año alguien buscó en google una de las frases más curiosas que he leído nunca. Y creo que sé quién es esa persona. No podría ser otra. Sí, sí, sin duda. Juguemos a las pistas pero que sepas que soy detective y eso me da ventaja. Del tema sé mucho.

Siguen pasando los minutos. Aún me tengo que lavar los dientes y poner el pijama. Siempre me pongo el pijama un minuto antes de ir a dormir. No me gusta la gente que en cuanto llega a casa se planta el pijama, o los que se pasan los domingos en pijama. Una opinión. La mía. Y estoy tan cargada de puñetas.

A veces soy mala, muy mala. Hoy, por ejemplo, me habría cargado un blog (no, no es ninguno de los que hay linkados, faltaría más). La tipa que lo escribe me da un asco increíble. Y sé que no debería escribir esto pero, mira, me apetece y punto. Y si una se corta en su blog ya no le queda nada. Bueno, pues eso, que borraría ese blog y a su dueña. La gente no respeta nada, joder. Y no hay nada que me moleste más que un comentario fuera de lugar. Lo siento, a veces saco los dientes. Pero es sólo porque quiero defender lo que más me importa.

Me estoy dando cuenta de que escribir un post en directo es una mierda. Pero hay que estar en la salud y en la enfermedad, como dicen los curas en las bodas de las pelis.

Y, al fin y al cabo, "si alguna vez quise algo que me saliera bien, que sea esto"

Tengo ganas intensas e inmensas de regresar a Madrid.

Y me quedo callada un ratito...

Para ser detective no basta con detectivear sino que la noche nos ha de ser propicia



De pequeña me contaban muchas historias, todas mentira. Ahora entiendo este gusto que tengo por la ficción, me educaron para ello, está claro. Por ejemplo, la historia de los sellos de correos. Por lo visto, durante la I o la II Guerra Mundial era común y frecuente ocultar mensajes breves bajo los sellos de correos. Una manera de burlar la vigilancia y poder así enviar todo tipo de claves secretas. Yo era una cría muy impresionable y recuerdo lo que me impactó aquella historia. Imaginaba todo tipo de frases: bombardearemos primero París; traed agua y comida a Roma; evitad el paso por Berlín; te quiero Otto, cásate conmigo...

El sábado eché al buzón una carta con dos pistas escondidas. Ella descubrió la primera de las pistas pero tuve que decirle que la segunda de ellas estaba oculta bajo el sello. Soy tan hiperbólica que compré un sobre aéreo y los de Correos han tenido que sacar una avioneta especial para que mi carta llegue de mi casa a la suya. La podría haber enviado por correo normal pero preferí que fuera por correo aéreo. La ocasión lo merece.

Y sé que piensas que estoy algo ida pero nunca pierdo una sola oportunidad de…



Empatizar. Reconozco que no conocía este verbo hasta el día en que mi amiga la enfermera guapa me lo enseñó. Recuerdo que me explicó lo importante que es empatizar con los enfermos para poder así entenderles y, de algún modo, acercarse a ellos. Me gustó mucho ese verbo. Y que fuera justo una enfermera la que me lo descubriera. Ojalá yo fuera capaz de empatizar más a menudo.

De pequeña solía jugar a algo un poco… ¿cómo decirlo? ¿extraño? Era un juego que me había inventado yo solita y que consistía en sacarte el brazo derecho de la manga, o sea, en fingir que eras manca. Algo macabra la niña, lo sé. El juego se basaba en hacerlo todo con un solo brazo y era complicado, eh? porque encima el brazo izquierdo. Y no soy zurda. Lo mejor era cuando me veía mi madre.

- ¿Qué haces, Carolina?
- Estoy jugando…
- ¿Y se puede saber qué haces con la manga sacada?
- Es por si algún día me quedo sin brazo.

Mi madre no daba crédito. La pequeña Blenk se inventaba unos juegos rarísimos, sin duda.

- Es que si alguna vez me quedo sin brazo así habré ensayado y podré hacer cosas…

Para mí, el hecho de quedarse sin brazo debía ser equivalente a, por ejemplo, quedarse sin tabaco o sin café. Algo que te podía pasar un día cualquiera y sin hacer nada.
……………………….

Hoy está siendo un día raro. Tengo que dormir en una casa en la que hace demasiados años que no duermo sola. Y creo que tendré un poco de miedo. Hoy es un día muy raro. Me he imaginado que no estabas. En mi vida, se entiende. Que no nos habíamos conocido. Que no me habías salvado. Que nunca te mordí el cuello. Que jamás nos besamos en Gràcia. Que la camiseta que llevo puesta hoy no es tuya. Que los posts de los últimos meses son fingidos…

Estoy jugando a ser manca de ti. A ver qué tal se vive sin tus mails, tus sms, tus fotos geniales… por si algún día me quedo manca de verdad, que nunca se sabe.

Aunque… paso de este juego, que ya no tengo ocho años. Te voy a llamar mientras me fumo un cigarro.

PD: Se agradece que sigáis dejando descripciones en el post anterior...

Vuelvo a las listas y a las descripciones (las propias y las ajenas)



Vale, a ver quién se atreve a describirse utilizando veintisiete palabras... La gracia está en hacerlo de un tirón, sin pensar demasiado, que salga espontáneo.

Empiezo yo, que no se diga:

Tipa miope delgada de piel morena, adicta a los vaqueros, al café, a los cigarrillos dispersos, al círculo polar, a las camisetas y a sembrar pistas imposibles.

Me gusta escribir en verano porque todo el mundo está de vacaciones y ni dios me lee



El día en que murió John Lennon recuerdo que mi madre nos sentó a la mesa y nos miró a todos muy seria.

- Hoy no iréis al colegio. Se ha muerto John Lennon.

Como éramos pequeños no entendimos muy bien la gravedad del asunto pero sí recuerdo que tuvimos consciencia de que algo terrible había pasado. Si mi madre no nos llevaba al cole debía tener un motivo importante para ello.

Aquella mañana desayunamos por primera vez tostadas con mermelada alemana. Siempre comíamos galletas pero aquel día Mary Blenk nos preparó un desayuno buenísimo con leche, tostadas y mermeladas de mil sabores. Yo no entendía nada, ¿cómo es que mi madre tenía tantos tipos de mermelada alemana si nunca nos la ponía para desayunar? Y ella tampoco comía jamás tostadas, mi madre nunca desayunaba en casa, que yo recuerde… Lo curioso del caso es que los tarros de mermelada estaban todos empezados, absolutamente todos… y les faltaba más o menos la mitad a cada uno. ¿Quién demonios comía mermelada alemana entonces en aquella casa? Frank Blenk –mi padre- tampoco podía ser porque hacía años que no asomaba por casa, era algo así como un cartero-escritor maldito que vivía en algún lugar cercano a Londres. Pero nunca supe dónde exactamente.

Así que la mañana en que murió Lennon yo estaba divagando con la vista puesta en los ocho o nueve tarros de mermelada que mi madre había ordenado sobre la mesa de la cocina.

- ¡Carolina! ¡Deja de dispersarte de una vez!, ¿quieres?

Mi madre siempre me pillaba cuando me dispersaba, lo odiaba. Era como no poder tener secretos. Sólo podía dispersarme tranquilamente cuando salía de casa o escribiendo. Como ahora.

Me comí diez tostadas (repetí la de fresa) y me senté en el sofá. Nuestra madre nos puso God en el tocadiscos y recuerdo que la vi llorar por segunda vez en mi vida. Y así fue como en una mañana aprendí el inglés básico de las canciones. Ese que se ciñe estrictamente al I need you, I miss you so, I hate you, I love you, etc. Gran logro para una cría. Pero mi mente no podía dejar de pensar en quién se comía la mermelada en casa… aquello me parecía mucho más extraordinario y necesario que rezarle al beatle muerto.

Y hoy, veintiséis años después, he vuelto a ver aquellos tarros de mermelada. Los mismos tarros de mermelada. Idénticos. De Alemania. Como si no hubiera pasado el tiempo. Ha sido en casa de Elena, a la hora del desayuno.

- ¿Y esta mermelada?
- Es alemana, buenísima.
- Ya, ya, eso ya lo veo pero, ¿de dónde la has sacado?
- Me la ha traído mi madre de su pueblo. Por lo visto de joven sólo desayunaba eso. Una tía rara mi madre, ¿eh? Se ha vuelto loca trayéndome sabores…

A mí se me ha parado el pulso. Elena y yo íbamos al mismo colegio de pequeñas. Recuerdo que su madre era la mamá guiri, la llamábamos así porque era la típica alemana super rubia y,claro, destacaba entre tanta morena. He intentado atar cabos, seguir pistas… no sé, ella y mi madre a veces hablaban a la salida del colegio, mientras nos esperaban…

- Ei, ¿Carol?
- ¿Qué?
- Tía, que te has quedado embobada, ¿estás bien?
- Sí, sí, perdona, oye, me tengo que ir, ¿vale? Te llamo luego, que este viernes estoy sola en casa, podrías quedarte a dormir…
- Bueno, te digo algo…

He salido de casa de Elena con sensación de ahogo, de detective que está a punto de descubrir algo impresionante… Hay algunas historias que te pillan por sorpresa y no sabes bien cómo reaccionar.

Después, en el tren, me he dado cuenta de que he dejado a Elena con las tostadas intactas sobre la mesa…

Got no rainbow around my shoulder, no horseshoe on my door



Domingo, 30 de julio de 2006

Te escribo desde ya sabes dónde. Al final no he salido a cenar fuera. Me he quedado en casa mirando video clips, ya sabes cómo me gustan. He redescubierto uno que me encantaba cuando era más joven, una especie de road movie. Me ha recordado a nosotras, yo podría ser la morena y tú la rubia. Me han venido ganas de que nos pongamos las Martins y nos vayamos a hacer la Route 66…

Te echo de menos. Ahora tengo pocos casos por resolver porque la gente se ha ido de vacaciones y no se necesitan detectives. Sin ti no calculo las medidas. Esta noche he tomado de postre pipas de calabaza, imagínate. Y he comido tantas que ahora me duele el estómago. Me pregunto cómo he vivido todos estos años anteriores.

Treinta y pico años sin saber quién soy ni qué hago en el mundo. Llegas tú y me defines como una gitanilla morena con acento andaluz cuando se cabrea. Te encuentro yo y te describo como la tipa más sensual y más interesante de todo el planeta. Vaya par de peliculeras.

Carol Blenk

PD:Y si miras el minuto 04:21 comprenderás que han pasado la noche enrollándose, que no me vengan con historias, fíjate en el gesto de ponerse las gafas…

Y fue verdad que las pistas me llevaron hasta allí, no me lo inventé esta vez



Hoy no tengo ganas de escribir pero sí de dedicar una canción estupenda a todos/as los que os pasáis por aquí.

Gracias por estar...

(Y especialmente a ti...
¿Por qué no me creéis? Sus cejas arcos son,
los mueve para mí y yo los quiero ver constantemente
)

No sé porqué dicen lo de las mariposas en el estómago, con el asco que me dan esos bichos… prefiero cambiarlo por tigres, sin duda



Sssshhhhsss. Está durmiendo y no quiero que se despierte, así que escribiré flojito, no diré demasiados tacos y procuraré no fumar demasiado seguido.

Ahora mismo mi vida consiste en esperar que llegue un viaje a un lugar secreto. Donde nadie podrá hurgarnos las heridas, ni copiarnos los tatuajes, ni doblarnos los ojos para que no veamos.

Conducir durante días, leernos las manos cada noche, perder el biquini y robar comida de los desayunos. Mi vida, ahora mismo, consiste en esperar que llegue esto.

Por hoy me callo. Podría dispersarme pero no quiero que se despierte, ni que tenga pesadillas por culpa de mis párrafos desordenados.

Hoy ha sucedido algo realmente grande. Justo el 26 de julio.

Jai guru de va om



Me vence la psicodelia. Me vence esta canción. Esta noche celebro el primer aniversario de la aparición de mi lado oscuro. Ella no se dio cuenta. Los demás no se dieron cuenta. Yo me di cuenta y me engañé. Hubiera preferido ser menos guapa y más sincera. Más rápida y menos chula. Pero si en este lado me hubieran querido ahora tal vez estaría en el desierto, esperando aún.

Quiero cantar en un grupo como Tachenko.
Quiero ser pelirroja el resto de mi vida.
Quiero pasarme cuarenta y cuatro horas bailando.
Quiero ser menos celosa.
Quiero saber qué es lo que tengo que hacer con mi vida para no joderla.

No quiero volver al sur.
No quiero tener más ataques de miedo y de inseguridad.
No quiero detectivear casos que no me atañen.
No quiero tener la piel vuelta del revés.
No quiero tener pesadillas antes de dormirme.

Esta tarde una vendedora de Benetton me ha metido mano sutilmente al acompañarme a la caja. Elena me ha llamado borracha desde la playa y la he sentido más sola que nunca. Yo quería unas converse naranjas y no tenían mi número. Sigo sin encontrar estabilidad laboral. Cada día me descubro alguna cana nueva.

“Dame tiempo y ya verás que no creceré más”

Ya no me echaré de menos nunca más



De pequeña siempre lloraba con el final de Grease. El fin del colegio. El verano. Los helados invisibles. Los cursos de guitarra que nunca tuve. Lennon haciendo aquella maravilla de versión.

Me acabo de dar cuenta de que en Grease aparece un personaje que es un solo... ¿alguien más lo ha notado?

Los indies de espíritu son los que me gustan de verdad, no los de ropita guai



De pequeña nunca me gustó la selección española. Era una cría muy estética, me fijaba sólo en los diseños y en los colores. Por eso me encantaba la bandera del Reino Unido, o por eso iba con la selección brasileña. Qué niña más rara, que quiere ser inglesa y que gane Brasil.

Me han llamado unas amigas para que colabore metiendo un poco de ruido en un concierto, sólo disparar un poquito, para no perder la práctica. Estoy tan cansada que les he dicho que pasaba de ir, que lo hicieran ellas. Aunque no sé si habrán ido, últimamente nos asquea tanto oír ese tipo de música que preferimos quedarnos en casa con lo que realmente merece la pena.

Estoy tan cansada que paso de hacer crítica musical destructiva. Lo dejo para otro momento.

Me jode la gente que va por la vida en plan políticamente correcto (me jode incluso más esa expresión que usamos hasta la saciedad: "políticamente incorrecto").Me jode la gente que nunca dice tacos. Me jode la gente que sólo bebe agua cuando sale. Me jode la gente que escucha reggaetown (o como narices se escriba), salsa, rumbas o cualquiera de esas... Me jode la gente que va de no, no, yo no soy racista, qué va; pero cuando les dices que tus padres no son de donde tú, su hijo, eres... ui, cómo cambia la cosa. Me jode tanta hipocresía. Tanto programa de televisión que no me cambia el gesto. Me jode que cuando hablo de más, caigo aún peor. Me jode tener que dar explicaciones por ser asocial y que encima no las entiendan. Me jode tener momentos imbéciles como el de anoche cuando te dije tantas tonterías.

A veces siento miedo. Soy del equipo de Holanda, ya sabes lo que pasó en el 74, ¿te acuerdas? ¿Dónde estabas tú entonces?

(Me gusta Tachenko, me gusta Tachenko, me gusta Tachenko. Y me gusta aún más que mañana tú y yo desaparezcamos del mapa y nos perdamos en playas, carreteras y noches del verano de cuando eras pequeña. Lo estoy deseando. Te estoy deseando)

Para qué me voy a enrollar más si lo que quiero escribir aún está disperso entre las sábanas de mi cama tatami



(la música de este post es importantísima así que recomiendo escuchar y leer al mismo tiempo…)

A veces, al hacer el amor contigo me dan ganas de llorar. Me muero. De tanta intensidad, me muero.

Después de verte envuelta con sólo una toalla blanca, puedo decir que ya sólo necesito ver El Guernica en este mundo.

Hasta mañana, siempre hasta mañana

Los hospitales son tristes y no me apetece envejecer



Ahora los mejores viajes ya no se hacen imaginando

Cantamos como verdaderos gigantes

gigantes

Llegamos a las diez, nos compramos un bocata de queso y una cerveza. Comimos en la terracita, rodeadas de la gente que iba al concierto, de los que simplemente tomaban algo por allí y los componentes de La Costa Brava. Terminamos el bocata y nos pusimos a fumar. Llegó Fran y se sentó en la mesa de enfrente, justo a nuestro lado. Terminé el cigarrillo y le dije a Paola Vaggio algo así como mira, ahora o nunca, que diría Elvis, me voy a decirle hola a Fran.

- Hola, ¿eres Fran?
- Sí...
- Soy Carol, y allí está Paola. Las gigantas, ¿te acuerdas?

La conversación siguió. Fran es un tipo muy majo, nos gustó su voz y su sonrisa. Y su aire algo triste en el concierto, lo mismo también es un solo, pensamos. Qué bien poder decirle hola a alguien a quien te apetece saludar. A Sergio también debería haberle dicho hola porque es otro gigante, pero es que no vi la ocasión.

Yo dije que empezarían el concierto con "Falsos mitos sobre la piel y el cabello" y Paola apostó por "Dos ostras". La cortina se descorrió y comenzaron los guitarrazos inconfundibles de "Dos ostras". Brutal. La cantamos todos y parecía que nos dejábamos la vida con ¡Qué más puede darte el mundo si cada segundo es una primera vez!

Cuando sonó "Adoro a las pijas de mi ciudad" las chicas nos volvimos locas -como verdaderas chicas- y terminamos haciendo el baile de las chicas modernas enseñan las piernas; las chicas de barrio levantan las manos. Increíble. Sonó "El cumpleaños de Ronaldo", "Nada más", entre tantas otras. La selección fue muy buena y la verdad es que poco más puedo comentar del concierto. Bueno, sí, que fue muy especial para mí tener la oportunidad de verlos en una sala muy acogedora y poder estar en la primera fila viéndoles cantar. Inolvidable.

Me habría gustado hacer una crónica más bonita pero es que la realidad supera todo lo que pueda dejar escrito aquí. Mejor oír cualquiera de sus canciones y ya está.

Dos ostras, de La Costa Brava

PD: Ah, Paola consiguió la hoja de papel con la lista de canciones del concierto, escrita por Sergio. Se abalanzó sobre ella y llegó la primera. La italiana no tuvo que sacar su pistola.

"Joven indie busca ser feliz"



Ayer pasé más de seis horas en un hospital. Tuve tiempo de esperar, desesperar, darle vueltas a mil pensamientos y escuchar cien conversaciones, a cual más absurda. Circle en su época me gustaba mucho. Ahora me doy cuenta de que era una canción de solos. Yo debía tener catorce años por esa época, no sabía qué significaba ser un solo aunque sí sabía comportarme como tal.

Los hospitales siempre me ponen en modo serio y trascendente. Me da por pensar en mi futuro, en mis historias inacabadas y en lo mal que llevo eso de madurar. El olor a hospital es uno de los olores más tristes del mundo.

Mañana tengo una entrevista de trabajo. En realidad es una medio entrevista de trabajo porque el puesto ya es mío. Es una buena oportunidad. Los nervios están rondando, haciendo que no pueda dormir en calma. Como anoche: rayos, truenos y añoranzas varias.

Anoche al ducharme me temblaba el pulso. Dormí en mi cama de cuando era niña, cuántos años sin acostarme allí. Me sentí muy pequeña, muy vulnerable, muy silenciosa. Y la habitación entera se iluminaba con cada rayo. Necesito que me rescates. Ya.

Lo mejor del viernes no será la entrevista, ni el ir de rebajas. Lo mejor será verte allí, buscándome para que no me pierda.

Ostia, somos extraterrestres, y ahora qué hacemos?!



Estoy en mi castillo. Sonriendo libre. En vaqueros y con el pelo suelto. Ahora sí, ahora sí, ahora sí. Lo repito tres veces, como si de un conjuro se tratase. Me gusta no tener que darle cuentas a nadie. No tener que disculparme por el tono de mis palabras, por escribir “joder”, “gilipollas” o “te deseo”. Los domingos son espaciales desde que te cuelas en mi casa. A veces te preparo una comida improvisada con los alimentos que recojo de los diferentes cajones y estanterías. He descubierto el aceite de Módena, perdón, el vinagre de Módena. Ahora soy adicta a él. Te gusta todo lo que te preparo y llego a creer que podría ser una buena cocinera, invención no me falta. Y eso que aún no tengo la barra de bar…Cuando llegue ese día la vamos a inaugurar con una borrachera que nos dure siete semanas, como mínimo. Comemos a las siete de la tarde porque hacer el amor retrasa cualquier comida pero también porque es imposible encontrar un reloj en esta casa. Los relojes se han largado en cuanto nos han visto juntas, no se han atrevido a quedarse. Podría escribir que cuando te veo en bikini, bajo el sol, las gotitas de agua conversan sobre tu piel. Me suelo quedar callada para oír lo que dicen… sssshhhhssss… hablan de sus cosas, de lo que han hecho hoy, de sus amoríos, de sus penas… Las miro y mi vista ya no las ve porque me he acabado dispersando y entonces sólo veo piel, piel morena, preciosa, la más bella del mundo y eso que las he visto de todos los colores, podría contar mi vida describiendo pieles… Cómo lo mezclo todo, ¿verdad? Pistas, pistas, pistas… por fin alguien las pilla, a pesar de que me sentía la tipa más críptica del universo. Ahora hay alguien más críptica aún. No puedo hacer más que celebrarlo, que ya está bien de penas, joder. De llorar por los rincones, de maldecir la mala suerte y de creer que somos minúsculos. Y si alguien se cansa que no lo lea. Y si a alguien le parece una estupidez, que no me siga. Hace días que pienso que el resto del planeta se vaya al infierno, que yo me quedo aquí protegiéndote y cuidándote con todo mi cuerpo.

(Me recuerdo a mí misma en tu casa, con los cascos puestos, bailando sola y cantando esta canción con mi falso acento de ses illes… y tú llamandome a gritos porque no te oía…)

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