y no he vuelto a pensar en ti hasta que he llegado a casa...



Que acabe septiembre y que me limpie el alma. Que se me escapen las dudas de las manos. Que llueva de una vez por todas y que estemos en la calle ese día. Que se nos haga tarde y nunca más pongamos el despertador a las siete. Que me siga poniendo nostálgica al escuchar alguna de Madredeus, que discuta con cualquiera porque Un buen día me parece una de las más tristes de Los Planetas. Que no se me vuelva a secar la máscara de pestañas (antes rimmel) de tan poco llorar. Que siga alterando el orden sintáctico y gramátical de todos los verbos, de todos los sustantivos, de todos los nombre de calles. Que me tome el café con los ojos cerrados, mientras contesto algún mail, mientras cumplo años con la sensación de que los descumplo. Que en el disco duro se me multipliquen las carpetas con nombres de archivos extravagantes y curiosos. Que me abran los cines por la mañana y que me subtitulen las películas al oído. Que no te pierda este invierno, que rompa este intervalo de cartas y dedos y que sea capaz de lamerte el corazón con la boca, muy despacio, para que no te des cuenta, para que no me veas, para que cuando haya pasado el momento todo sea verdad y tú y yo volvamos al principio. Para que compartamos cenas, insomnios y viajes al continente más frío.

Sé molt bé que des d'aquest bar...



Cuánto tiempo tienen ciertas canciones, porelamordedios... He encontrado este clip y no he podido resistir la tentación... qué bueno...

Disfruten de los tiempos pasados...

PD: Frase del día :"lo que a mí me está pasando no es mentira ni verdad".

Cuando tenga 36...



Esta noche no apetece escribir así que dejo una cancioncilla para que tengáis dulces sueños...

...se titula 36...

Bendito sea mi insomnio si estalla entre tus brazos (perdónenme lo cursi del título)



Hoy he comido con Elena. Un día ya escribí sobre ella y sus carteles mágicos. Una tipa estupenda, como pocas. Me ha contado que se encuentra en un aprieto, tiene que ponerse al día en temas de publicidad. Hemos intentado contactar con conocidos pero resulta que yo la he podido ayudar poco ya que el campus de Periodismo, Publicidad y Relaciones Públicas lo pisaba poco, más bien para ligar y otras historias de cuyo nombre no quiero acordarme. Elena está apurada y le pasa lo de siempre, que no se ve capaz. Y yo le he dicho lo que digo siempre:

- Porque seas enfermera no has de conocer los síntomas de todas las enfermedades del mundo, el que seas profe de literatura no implica que te hayas tragado todas las novelas que se publican en la actualidad, por ejemplo.

No la he convencido mucho. Y ahí ya se me ha puesto pesada. Y, lo siento, pero he desconectado de ella y mi cerebro se ha ido a dar una vuelta solo, bien solo.

Y entonces ha sido cuando he pensado en ti. He cerrado los ojos y he cogido fuerzas. Y me he visto cogiendo el primer avión -lo he parado poniéndome en medio de la pista de despegue- para llegar a tu ciudad antes de que anochezca. Y poder darte así una sorpresa, dormir a tu lado. Toda la noche. Toda esta noche. Aunque no dormiría, bien lo sabes, te velaría el sueño. Bendito sea mi insomnio si estalla entre tus brazos.

Elena me ha pedido fuego y he vuelto a la realidad.

- Carol, ¿fuego?
- No llevo, he dejado de fumar.
- ¿¿¿Tú??? ¿Y eso?
- Estoy afónica perdida, llevo unos cuantos días a ver qué tal.

Se ha quedado con el pitillo en los labios y se ha ido a buscar fuego por ahí. Está jodidamente guapa sosteniendo el cigarro entre los labios. Y lo sabe.

No encuentro historias



Lo mejor que he hecho hoy ha sido robarle el catálogo de Ikea al vecino del ático. Sé que está forrado así que no creo que le importe en absoluto no poder echarle un vistazo a los muebles de Ikea. Me va a venir mucho mejor a mí.

De cómo la tipa se puso nostálgica en un mal momento



Esta tarde un señor me ha preguntado algo que me ha dejado, ¿cómo decirlo?, perpleja y algo descolocada. No importa en qué contexto ha sucedido ni de qué manera, lo relevante ha sido la pregunta que me ha dirigido, después de girarse porque ya se iba.

- Oye, ¿tú eres hija del señor tal?

Me he quedado parada porque era algo que no habría imaginado. No había visto a ese tipo en mi vida, y supongo que él tampoco a mí. Le he contestado que sí, casi en un susurro.

- Lo imaginaba, eres clavada a él. Yo conocí a tu padre, fuimos compañeros de trabajo…

Lo ha dicho de una manera dulce, casi tierna, recordando a mi padre, cómo era físicamente… Pero se ha debido dar cuenta de mi turbación y ha dejado de hablar. Se ha despedido con mucha educación. Yo no he sido capaz de hacerle ninguna pregunta y me he despedido de él sabiendo que lo más probable es que nunca vuelva a coincidir con él.

Que yo recuerde, nadie me dice nunca que me parezco a mi padre. Totalmente diferentes. Lo único que heredé de él, tal vez, las manos. Las suyas no eran las típicas manos masculinas sino delicadas, alguien le dijo alguna vez que tenía pinta de pianista.

El señor desconocido me ha revuelto el pasado. Se me han agolpado los recuerdos aquí, justo en la garganta, donde más duele. Como unas anginas espontáneas. No sé si ha sido un golpe de tristeza, de nostalgia, de sentimiento de pérdida, de lo que pudo haber sido y no fue. No sé, no sé.

Y así me he pasado la tarde pensando en mi padre. Intentando recordar frases, imágenes, voces, yo qué sé. Pero tengo poco material. Porque no tuve tiempo de almacenarlo… y porque fui una inmadura justo cuando no tenía que serlo.

El señor desconocido me ha dejado con la duda. Me miro en el espejo y no hallo parecido alguno. Mi padre era guapo, tenía cara de galán de película. Cigarrillo rubio en mano y mirada ausente. Esa es la imagen. Y vuelvo a mirarme, no sea que no me haya visto bien. No, yo soy diferente. Nadie me comentó nunca aquel parecido. Los ojos sí, los ojos son toditos de tu madre, niña, más claritos porque tú aún eres joven.

Después de desenredarme los recuerdos, he llegado a una conclusión. Mi padre, en realidad, tenía los ojos verdes, pero se le pusieron oscuros de tanto tomar café.

Una canción más para la lista



...Y fracasar, y sin embargo volver a empezar.
Un documental de nosotros no estaría nada mal...

(escuchando, de nuevo, a LCB)

Érase una vez una tipa de ojos de color indefinido...

Blenk, algo más pequeña de lo normal, se ha quedado en casa, arrebujada en el sofá e intentando dormir oyendo el Claro de luna, de Debussy.

Con trescientas copas de más y doscientas pestañas de menos



Blenk se ha ido a comer por ahí con un par más de compañeras detectives. La comida se ha alargado –como las buenas comidas, en mayúsculas- y ha llegado a casa a las tantas. Con trescientas copas de más y con doscientas pestañas menos. Blenk ha llegado a casa y se ha puesto a escribir un mail. Le ha salido en pasado y en tercera persona. Se ha cabreado y de un botonazo lo ha suprimido. Harta de inventar palabrejas y de mascar sílabas en catalán, se ha tomado otra copa. No viene de una.

Más tranquila exteriormente, se ha sentado a mirar el trabajo acumulado. Crece día tras día. Y a ella las manos se le están quedando chiquititas poco a poco. Ha puesto su canción secreta y ha pensado que si le hubieran dado la oportunidad de crear una canción, tal vez habría sido justo esa. Tampoco es tan buena, pero es suya.

Se ha quitado los anillos, se ha recogido el pelo y ha dejado la tercera persona dentro de una novela trucada (ya no hay pistola dentro).

Me he visto a mí misma jugando a los Sims. Te he visto a ti mirándome y diciéndome que soy a veces como una cría. Sólo a veces. Me he dejado caer. Y por fin he sido consciente de que me he perdido y de que tal vez no hay vuelta atrás. Reconociendo lo irreconocible. Abanicos como pestañas que cada vez que mirabas, se me doblaban las cañas, varitas de paragüero, he recordado la canción, que tú ni siquiera conoces. Porque yo conduzco por la izquierda y tú lo haces siempre por la derecha.

He abierto la novela por la penúltima página y Blenk ha sacado de nuevo la tercera persona. Suspirando, aliviada, porque ha pasado casi todo el mal trago de enfrentarse a la realidad y a las fotos en blanco y negro.

Acaba de recibir un sms: tu eres lo primero, el origen de todo este infierno

Y me ha venido a la mente uno de esos poemas extraños de Sabines, inútilmente cursi e imperfecto para pasar la noche...

volver atrás y arrepentirse luego



...y tú, escuchando sin fumar todas las frases irreales que salían de mis pitillos...

Zuretzat, Holden

Como me ha pillado por sorpresa no he tenido tiempo de "currarme" más el post y la dedicatoria pero, bueno, ahí te dejo una cancioncilla de esas tiernitas para que tengas dulces sueños y muchos buenos deseos, el 26 es un buen número (a mí me trae buenos recuerdos, espero que a ti también en el futuro)

Para Holden...

Una mica perduda



Venga, ahora que no nos oye nadie, te diré un secreto. Hoy, si tuviera que identificarme con un personaje, tal vez lo haría con la chica de esta película. No me preguntes por qué, ni cómo fue, ni qué hacía yo deambulando por estas calles.

Y tú... me pregunto qué personaje has sido tú hoy...

Lunes 7:10 AM



Lunes. Me despierto a las 7:00 h. Me levanto de la cama a las 7:10, después de oír sonar un par de despertadores. Ducha, ropa, preparar cosas del trabajo, etc. Me preparo el desayuno y me conecto. Mientras me tomo el café abro Gmail y entre algunos mails más o menos poco interesantes, destaca éste:

Apreciada Blenk:

Soy Elena, ¿te acuerdas?. Nos intercambiamos algunos mails hace meses pero hace algún tiempo que no nos escribimos. ¿Cómo estás? Supongo que vas tirando, más o menos como todos.

Te escribo porque estoy muy confundida, muy desorientada. Penas de amor, para variar. Me he enterado de que ahora te dedicas a resolver casos, que has dejado tu anterior trabajo y que ahora vives trabajando como detective. Ignoro qué tipo de casos resuelves, y supongo que el mío te resultará extraño, por su naturaleza, pero bueno, confío en que tal vez me puedas ayudar.

Ya sabes que hace ya cuatro años que estoy con Julio y supongo que recuerdas que nos iba bastante bien. Una relación cómoda, sin demasiados altibajos, vaya, lo normal. Nos hemos estancado un poco pero es lo típico. A nadie le dura el subidón inicial toda la vida. En todo este tiempo nunca le he sido infiel y él tampoco a mí (vamos, que yo sepa). Y eso que siempre he sido de las que iban “de flor en flor”, pero fue antes de conocerle, luego ya no sentí la necesidad. La verdad es que es un tío estupendo y le quiero como a nadie pero… he conocido a alguien. Y aquí llega el problema.

Podría decirte que es sólo algo sexual, que me atrae sin más pero no es sólo eso. Objetivamente, él podría ser lo que la gente llama tu media naranja (aunque nunca he creído demasiado en ese concepto, llámame incrédula). Tenemos los mismos intereses, los mismos gustos y las mismas fobias. Coincidimos tanto que resulta un poco vomitivo, no sé si entiendes lo que quiero expresar. Estoy intentando hacerte un resumen de estos últimos meses pero es que me cuesta sintetizar porque han pasado demasiadas cosas…

Y encima es guapo, hay que joderse. Y rubio, ya sabes que me pierden los rubios.

Por ahora no hay nada explícito, es decir, que ni él me ha tirado claramente los tejos ni tampoco yo a él. O me estoy montando una película (típico en mí, por otra parte) o la hostia que me voy a dar será antológica.

No sé qué hacer. Por un lado pienso en Julio y me siento una hija de puta auténtica. Por otro lado pienso en mí y creo que me merezco vivir algo con él, aunque sea efímero, aunque me haga daño. Joder, llevo cuatro años sin fijarme en nadie! Carol, es demasiado especial para dejarle pasar de largo… Ni puedo ni quiero, ya me conoces. Cuatro años sin temblar por nadie, no puedo dejar escapar este tren.

¿Qué hago? ¿Tú crees que debo arriesgarme y dar un paso? ¿Que lo debe hacer él? Estoy hecha un lío, me ha descolocado totalmente y ha llegado un punto en que la mente no me funciona con claridad.

Díme algo, por favor. Resuélveme este caso lo más pronto posible, necesito ayuda, una opinión objetiva.

Un beso, espero tu respuesta.

Elena


Bueno, lo que faltaba para empezar el día y la semana... ufff, un caso más que añadir a la lista. Bien, escribo lo siguiente:

Elena,

Sí, claro que me acuerdo de ti. Tu caso es... algo complejo, pero nada que no tenga solución. Déjame que lo estudie y en breve te vuelvo a escribir con una respuesta.

Cuídate.

C. Blenk

No paro de hablar con esa pared



He madrugado y me he asomado a la ventana. Ni dios por la calle. Normal, todo el mundo durmiendo, felices o con resaca. Y yo, sobria y con los ojos aclarados, mirando a ver qué pasa. Un poco pasando de todo.

He llamado a mi amiga (la del gato fugado) pero tenía el móvil apagado. Le he dejado un sms pero aún espero su respuesta. Hace casi un mes que no nos vemos. Tiene uno de esos trabajos que te piden pasarte noches enteras sin dormir. Pero le encanta y es muy buena dentro de su profesión.

Y este domingo debería ser eterno y no acabarse nunca. Porque después de él vendrá un lunes inicio de carreras, trabajos a medio hacer y quejas a media voz.

La gente cuelga banderas de los balcones. Abro la agenda y busco en vano alguna nota suya. Septiembre está vacío, y noviembre, y también diciembre. Mi agenda termina en diciembre. Mi agenda y su historia. Y me llama diciendo que lee mi blog, mes a mes, día a día, y que piensa que en abril ya no le quería. Y hoy, domingo semieterno, me miro en el espejo y me veo dos centímetros más pequeña. Y desearía tanto poder salir a buscarle, y decirle que estoy bastante perdida, que no me lo tenga en cuenta, que ni yo misma sé lo que quiero. Que no entiendo nada. Eliges tu trabajo o me eliges a mí. Ya sabes, si hay algo que odio es tener que elegir. No puedo con eso. Mi vida entera se almacena en un diminuto pen drive. De un lado a otro, sin compromiso, sin ataduras. Y si te acostumbras a vivir así, ¿cómo cambias luego? De memoria externa a disco duro. Demasiado cambio, ¿no crees?

Me gusta inventar comidas, pero luego no sé qué nombre ponerles.

Bowie, cómo me gustaría invitarte hoy a comer...

Ya no peino tu pelo



Pablo me había hablado de aquella caja al poco de ser pareja. La caja de madera, la llamaba él. Me contó que contenía cartas de amor suyas –escritas y recibidas-, algunas fotos y objetos de valor. Me pidió que respetara aquel espacio y que nunca curioseara lo que había en su interior. Sólo me lo pidió una vez, después no volvió a sacar el tema. Y yo tampoco.

Siempre he sido muy curiosa pero con Pablo parece ser que mi sentido de la curiosidad se aletargó, por decirlo de alguna manera. Él era bastante transparente así que no sentí deseos de indagar ni en su pasado ni en su presente, en aquellos momentos compartido conmigo.

El fin de semana que supe que Pablo se había marchado con Lucía recordé de repente la existencia de la caja de madera y decidí quedarme en casa destapando y aireando sus papeles privados. Al principio no me sentí mal pero al cabo de las horas me sentí asquerosamente sucia y sabedora de historias que no me pertenecían. Usurpadora de secretos ajenos. Tal vez por eso me marché de casa, de su casa, en realidad.

Recuerdo que leí los secretos de Pablo mientras sonaba U2. Es curioso cómo hay datos aparentemente triviales que no se olvidan por mucho tiempo que pase. El Pablo que yo conocía era muy diferente del Pablo que se definía en aquellas cartas. La mayoría eran de Lucía, sobre todo e-mails y sms de móvil que él había tenido la paciencia de transcribir a una libreta. Así fue como supe que a Lucía la había conocido mucho tiempo antes que a mí, y que en realidad ella era el gran amor de su vida. ¿El gran amor de su vida? Qué concepto más extraño y genérico.

Pablo se parecía al cantante de Suede...

…miedo de encontrarte de repente…



Miedo de volver a los infiernos
Miedo a que me tengas miedo,
A tenerte que olvidar.
Miedo de quererte sin quererlo,
De encontrarte de repente,
De no verte nunca más.


Malditas canciones.

El futuro es lo de menos, ya lo sabes. Hace algunos meses te habría dicho que es lo más importante. Pero ahora todo es diferente. Ya no miro igual. Ya no bebo el café de la misma manera. Ya no sonrío cuando me piden fuego por la calle. De hecho, ya nadie me ha vuelto a pedir fuego por la calle.

Discutimos. Te gusta la ropa surf, a mí me pierden los vaqueros. Me cabreo cada vez que enciendo la tele porque no puedo soportar a Bebe, Fernando Alonso, Mercedes Milá y compañía. Me encanta Hilario Pino.

Ayer me puse muy triste porque pusieron aquel capítulo de los Simpsons en que Lisa se encariña de un profesor sustituto, el señor Bergstrom. Un tipo increíble. Para mí, es uno de los mejores capítulos. Sobre todo cuando ella le pregunta si puede correr junto al tren en marcha, hasta que se aleje del todo. Está echa polvo y él le deja una nota escrita, doblada y le dice que, cuando se sienta sola, lo único que ha de hacer es leer la nota.

Hay poquísimos señores Bergstrom por el mundo.

Como una vagabunda



Ha salido una canción en este mediodía lluvioso, ruidoso, de tornados en Barcelona y de llamadas recibidas desde Sitges para decirme estoy bien, algo asustada pero ya vuelvo para casa.

Le Métèque, de Moustaki. Una canción que no comprendo –no sé nada de francés- pero que interpreto a mi manera. Algo sé de ella: que trata de vagabundos, exiliados, expatriados y… de amor. Me ha recordado a alguien a quien quise hace años, a pesar de que no tienen ninguna relación entre sí. Alguien que hizo que me aficionara al flamenco, a tumbarme sobre la hierba y a otras cosas.

No volví a saber nada de esa persona. He buscado su nombre en Google pero no aparece. Y eso que tiene un nombre peculiar. Y eso que alguien de su familia es, digámoslo así, popular. Me pregunto qué hará en el presente, cómo se le plantea el futuro.

Me asombra de qué manera se pueden asociar los recuerdos.

Hoy no hay ficción




Nueva Orleans, 6 Sep. (CIMAC).- Una mujer muerta y abandonada por tres días en su silla de ruedas a las afueras del Centro de Convenciones es ya insignia de la vergüenza nacional, Vera yace desde hace tres días en la esquina del centro, como si habláramos de la Quinta Avenida y la Calle Catorce en Nueva York o de la Avenida Insurgentes y la calle Londres en la ciudad de México...

Narraciones es un blog bastante ficticio, supongo que eso se nota. Pero esta noche no me apetece ni fabular ni escribir historias. Lo que está pasando me da asco y vergüenza. No voy a recuperar nunca más la fe en el ser humano. Y creo que como yo, mucha más gente.

El huracán no ha sido lo peor, lo peor han sido algunos cabrones que han quedado con vida para destrozar las esperanzas de otras personas.

(Gracias, Bellota, por este buen artículo)

Hey, Slim. Are you still happy?

Te parecerá algo absurdo y fuera de lugar pero a veces solía decir…

- Anda a mi alrededor.

Y lo hacían con cara extrañada y una leve expresión de incredulidad. Una vez completado el círculo, les preguntaba:

- ¿Has encontrado algo?

Se quedaban sin saber qué responder, tal vez era un acertijo, una broma estúpida…Pero jamás les daba ningún tipo de explicación, ninguna solución, porque no la había. Simplemente había que pronunciar una frase. Después de aquello –era inevitable, pero simpre existía un después- ya no me apetecía más salir a bailar ni destrozarles los sueños. Por lo general, volvía a casa caminando y, era curioso, pero solía llover –antes llovía muchísimo en mi tierra- y entraba en casa con el maquillaje que daba pena y con las ojeras arrastrando tras de mí, como un perrillo.

Me acostaba, inquieta, boca arriba y sin cerrar los ojos. Y pensaba que nadie había sido sido capaz de responder a mi pregunta. Nadie. Ni en la tierra ni el infierno. Luego, cerraba los ojos y, una vez más tranquila, conseguía conciliar el sueño y sujetar un poco aquel exceso de ficción.

Como decían Los Enemigos...




Volví ayer por la noche. He sido incapaz, hasta ahora, de encender el ordenador. Sabía que tenía mil mails y tonterías varias esperándome, acechando el momento justo en que decirme Carol, no cierres los ojos, niña, septiembre ya está aquí hace días, plantándote cara, a ver si puedes soportarlo...

Y ahora, no sé si comprarme una casa de muñecas andaluza, si comenzar la colección de piedras preciosas (ojo al lapisázuli de la primera entrega) o atreverme a con las obras de Agatha Christie.

¿Quién necesita un calendario para saber que ya estamos en septiembre?

Por primera vez en mucho tiempo, reconozco que tengo miedo. Que me asusta no dar la talla, que tengo ese puñetero refrán "quien mucho abarca, poco aprieta" metido en la cabeza, sílaba a sílaba. Que dudo porque tal vez debería haber elegido otro camino y no éste.

- Carol, ¿has estado fuera?
- Sí.
- Joer, no lo parece, no estás nada morena.

Vale, estar de vacaciones supone volver supermorena. Ah, perdone usted. Soy demasiado inquieta para estarme quietecita bajo el sol, además, la playa no me mata. Bueno, las playas de Menorca sí. Porque son las más bellas del mundo.

En fin, hora de dormir.

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