Barcelona vuelve a ser Barcelona

Que apaguen los semáforos, que bajen las persianas de las panaderías, que se marchen a casa los policías. Que desmonten los trenes, que se duerman las floristas de las Ramblas, que no salgan publicados los diarios.

Que todo el mundo se meta en casa, que nos dejen las calles vacías para que nos adueñemos de ellas. Que se nos abran todas las puertas. Que te pueda enseñar mi calle preferida. Que me des fuego en cada esquina.

Que alguien le robe las pilas a todos los relojes de la ciudad, que nadie me vea quemar tu tarjeta de embarque, que no se detenga ningún taxi ante ti.

Sonando: Wake me up when September ends, Green Day (una de esas canciones tontas que, según qué día tienes, te ponen en plan melancólico, o con morriña, que dirían en Galicia)

Tinta de limón

De pequeña siempre fui una cría muy impresionable. Una vez escuché que los espías utilizaban zumo de limón para redactar mensajes ocultos. Escribían los mensajes empleando a modo de tinta el zumo. La hoja estaba, aparentemente, vacía pero si se calentaba con una pequeña llama (un encendedor, por ejemplo) las letras aparecían poco a poco. Y el texto se podía leer. Era una manera de dejar mensajes de forma secreta.

Me pregunto si a ti, algún día, se te ocurrirá calentar las hojas que me olvidé encima de tu escritorio.

Todo es tan relativo...

El viernes será un día importante. Lo tengo marcado, en negrita, subrayado y en mayúsculas. El viernes no será un día rojo. El color no me importa demasiado, ya sabes, pero rojo no será, eso lo tengo claro.

Cuento las horas, los minutos y los segundos. Queda muy poco y me muero de impaciencia. Me siento, a veces, como una cría.

Y la música que suena ahora me recuerda a ti

Y se sintió la mujer más sola del mundo...

- Entonces tengo algo que darte.

- ¿Qué?

- 50 dólares para el tocador.

Tropezando conmigo misma

Recibo un sms de C que dice: "jodido st jordi,otra vez sin rosa,hay q joderse". Le contesto: "margaritas a los cerdos y nosotras aki otro año+"

Después me llama y me pregunta cómo estoy. Le digo que tropezando conmigo misma. Constantemente. Día a día. Semana tras semana.

Hablamos casi una hora y siento, al colgar el teléfono, que me invade de nuevo el color rojo. Se me cae la casa encima y salgo camino al aeropuerto. Pero me detengo a medio trayecto porque me doy cuenta de que hoy es domingo y tu avión aún no ha llegado.

He vuelto a tropezar conmigo misma. Espero que me abran la joyería más cara de la ciudad y me planto con un billete de 10 euros. ¿Qué puedo comprar con esto? Niña, no puedes comprar ni tu sombra con esa miseria. Vale, pues déme un recambio de tinta. ¿Color? Negra, claro, bien negra, la más negra que tenga.

Vuelvo a casa con el recambio. No, me desvío, voy a Correos y te la envío con acuse de recibo, para que no puedas decirme que no te ha llegado.

De vuelta a casa me siento a ver esa película que me tiene pillada hace días.

Siempre, siempre, siempre lloro con la secuencia inicial. Cuando ella sale del taxi. Son las seis de la mañana. Esa hora preciosa en que aún es de noche para algunos. La calle vacía y ella que parece de otro mundo. Imponente. Comiendo con los guantes puestos y mirando el escaparate...

Cuento los días y hago trampa para rebobinar el tiempo... rápido, rápido, rápido...

Tengo un día rojo (parte I)

autorretrato de la niña con rosa roja perdida en un bolsillo

Post insomnecursidedicadoporquequiero

Se acerca el 23 de abril, una fecha que me gusta especialmente. Así que se me ha ocurrido dejar aquí un regalo muy especial (creo).

El post de hoy es un post para escuchar, más que para leer. He puesto cinco enlaces a cinco buenos poetas. Podéis escucharlos a ellos recitando (sí, las voces son auténticas) Es curioso, la gran mayoría de poetas recitan fatal (¡), al menos a mí me lo parece así que he intentado elegir a cinco de los que más me gustan.

Para vosotros/as, como regalo…

Jaime Sabines, No es que muera de amor

Julio Cortázar, Toco tu boca

Mario Benedetti, Chau número tres

José A. Goytisolo, La noche le es propicia

Luis García Montero, Recuerda que tú existes


...Recuerda que yo existo porque existe este libro,
que puedo suicidarnos con romper una página...



para A, con todas las fuerzas, con todas las horas...

Vértigos

Voy a casa muy temprano. Me abres la puerta a regañadientes, cabreada porque todavía son las siete y podrías dormir unas horitas más. Te digo que estoy mal, que necesito un café y cien horas de calma. Me dices que me harás café pero que lo de la calma, uf, que ni tú misma sabes qué es eso. Te sientas y me miras. Vale, ya, hago mala cara. No, que no es eso Carol, que se te ha cambiado el color de los ojos. Y yo no te creo, porque pienso que a ti también te dan ataques de ficción. Como me pasa a mí a diario (supongo que por eso tengo un blog)

Sigues con tu discurso hasta que pronuncias el nombre que no deseo oír. Finjo ignorarlo pero me sacas las sílabas como si estuviera donando sangre. Hasta que me tengo que levantar porque siento vértigos. ¿Vértigos físicos? No, de esos no. De los otros, que son los peores.

vértigo de vivir en una ciudad que ha perdido el significado
vértigo de limpiar y nunca ver las cosas limpias
vértigo de alquilar mi vida a diario
vértigo de mentirte mientras te escribo
vértigo de creer lo increíble

¿Quieres que siga o me callo? Te ríes en mi cara porque a ti pasa algo parecido, sólo que yo soy más lunática y lo llevo algo peor que tú. Venga, vámonos de viaje. Tú y yo. Y olvídate por una temporadita de tus males. De tus penas y de tus frases con exceso de puntos suspensivos.

No, eso sí que no. Acepto lo del viaje pero me llevo los puntos suspensivos en la maleta...

Y todos y cada uno de mis vértigos...

La modas y los modos

Dice mi madre que las modas siempre vuelven, que son cíclicas. Tiene razón. De pequeña llevaba pantalones de pana y botas. Ahora también. Hace años a la gente le gustaba Mecano, ahora viajan a Madrid para ver el musical de Nacho Cano. Aunque lo de las modas no deja de ser gracioso, pongo un ejemplo. Hace muchísimos años, a mí me encantaba la Guerra de las galaxias, pasó el tiempo y no estaba de moda que te gustara la pelí (las pelis, en plural, sobretodo las dos primeras). Chica –te decían- ese rollo ya no se lleva. Ironías de la vida, ahora lo que no está de moda es precisamente que no te gusten.

¿Y para qué escribo sobre las modas, si es lo que menos me interesa ahora mismo? Hoy he recordado algo que me dijo un profesor de literatura, hace también muchos años (parece ser que últimamente nadie me dice frases de esas que pasan a la historia): cuando peor te sientes moralmente, más te arreglas. ¿Cómo? Pues eso, que si estás hundida en la miseria, entonces te arreglarás, te vestirás con tus mejores trapos y seguro que te maquillas como una mona. Y hablando de modas me he acordado de él. Era un tipo extraño, con una de las miradas más tristes que he visto en mi vida. Fumaba como un cosaco, cuando aún se podía fumar. Royal Crown. Jamás olvido una marca de tabaco. Dice mucho de la persona. Toda una teoría (pero no son horas estas)

Hoy me ha dado por pensar
que estás más lejos que ayer
y sigo esperando
que decidas aclarar si tú y yo
sumamos tres


Perdón, se ha colado un fragmento. No quería. Bueno, total, a estas horas de la noche no tengo que darle cuentas a nadie así que…

y sigo soñando
que si vas a aterrizar
me avises para saber
el cómo y el cuándo

Y no quiero ni oír hablar
de otros planetas
yo preferiría explorar lo poco
que dejas ver


P.S: Las persianas siguen levantadas pero no te has atrevido a entrar. Venga valiente, salta por la ventana…

De domingos y películas repetidas



No creo en el destino, ya te lo he dicho en más de una ocasión. Pero sí en las casualidades. Hoy he estado comiendo con una amiga. Ha cocinado ella, que lo hace de muerte. Hemos hablado de parejas y desparejas (neologismo mío), de viajes, de tipos de vino y de casualidades, claro. Me ha propuesto ver una peli, me ha dejado elegir: Casablanca, El club de la lucha y Cosas que nunca te dije. No he dudado. Ésta. Quiero ver ésta. Hace siglos que no la veo y me apetece muchísimo. Siento que hoy es el día perfecto para verla.

Y lo ha sido. Me siento bien. Al salir de su casa he dado un rodeo. Me apetecía pasear. Sola. Bajo el sol. Con poca gente por la calle. He pensado en la peli. Y en ti y en mí. En que tengo ganas de volver a ver tus manos, tus ojos y tu lengua.

Y al llegar a casa he puesto música. He mezclado a Ani di Franco con Leonard Cohen y Tom Waits. Se han tomado una copa los tres y han terminado cantando juntos, embriagados de pena, porque estaban tristes, y la canción que más me ha gustado ha sido Origami. Aunque no entendía demasiado la letra, pero seguro que decía cosas bonitas…

Y no he recordado en qué momento de mi vida dejé de navegar con el Explorer para utilizar Mozilla. Y me cuesta mucho escribir porque mientras veía la peli me ha empezado a doler el dedo corazón de la mano derecha. Y aún me duele. Ha sido justo cuando ella le dice a él que si sabía lo de que Marilyn se creyó invisible hasta los doce años. Justo en ese punto.

Está anocheciendo y creo que hoy no voy a bajar las persianas. A ver si hay suerte y te cuelas en mi insomnio.

Dulces sueños...

Para terminar la semana, dejo una buena canción del amigo Leonard Cohen. Quien se atreva a dejarse llevar con un directo de 6 minutos puede ir al menú de la derecha y deleitarse con esa maravilla.

Dulces sueños para todas y para todos...

Carta a…

Te prometí que te escribiría, ya lo sé, no lo he hecho y sé que te debe haber molestado. No me justifico. Sabes que odio las cartas breves, que me encanta dispersarme y dispersarme… hasta el infinito y más. Pero quiero seguir contándote cómo va todo, a pesar de que posiblemente ahora te interese menos mi vida y mis historias. Supongo que mis narraciones ya no son lo que eran y yo tampoco soy la misma. Todos cambiamos con el tiempo y con los palos que nos dan, you know.

La semana ha estado llena de trabajo extra y de canciones. ¿Nunca te ha pasado que oyes música y te parece que todas las canciones hablan de ti? Exceso de egocentrismo, supongo. Mi semana ha estado repleta de canciones plagiando mi vida. Esta mañana me he sentado en el Zurich y ha sonado Andrés Calamaro, no me gusta especialmente, lo sabes, pero hay un par de canciones que me encantan de él:

Cuando te conocí ya no salías
con el primero que te había abandonado
no vale la pena hablar
de aquellos años pasados
cuando te conocí ya no salías
con aquel chico casado
que te prometía que la dejaría
y todavía no se había divorciado
cuando te conocí salías
con un amigo de los pocos que tenías
eras lo mejor de su vida
pero fuiste lo mejor de la mía
cuando te conocí miré por un agujero
en tus pantalones
y dos años después
ya tomabas todas las decisiones
cuando te conocí
te reconocí por tus botas
y mientras tomabas tequila
dejamos atrás dos almas rotas
cuando te conocí me dijiste
que por mí no ibas a cambiar
ibas a seguir siendo igual…


Calamaro cantaba para mí, supongo. Y me he puesto las gafas de sol porque me daba vergüenza que alguien pasara y me reconociera, y que se acercara a saludarme y me rompiera el momento. Y como las gafas no estaban graduadas entonces no veía nada y la calle se ha disuelto, y la gente se ha mezclado, y la cerveza se me ha subido, pero no a la cabeza sino al alma y entonces te he echado terriblemente de menos y he vuelto a odiar Barcelona porque me separa de ti y no he tenido más remedio que quedarme un buen rato escribiéndote mentalmente esta carta para tratar de memorizarla, para poder luego enviártela, así mismo, sin puntuación ni signos extra, porque al fin y al cabo tú y yo nunca hemos hablado el mismo idioma pero a ti se te dan muy bien los idiomas porque de vez en cuando me sorprendes y me sueltas un et trobo a faltar moltíssim i m’agradaria tant poder viure amb tu, no t’ho pots imaginar és el que més desitjo en aquesta vida, y cuando te oigo hablar así me enternezco y siento una punzadita aguda en la boca del estómago, que ahí es donde empieza todo.

Respiro y cojo aire. Subo al tren y cada parada tiene tu nombre, que es cortito pero precioso.

Cierro los ojos y bajo. Cambio de vía y me largo en sentido contrario. Para fastidiarme a mí misma, supongo. O bien porque acabo de recordar que no tengo casa, que la he quemado esta misma semana.

Joder, ya no sé dónde ir…

Contra todo pronóstico...



A veces me llamas a media mañana para preguntarme qué ropa llevo (tengo que hablar bajito para que no me oigan los espías malvados), dónde estoy, qué he desayunado o si ha vuelto a llover. A veces me preguntas qué música estoy escuchando. Para que te hagas una idea, esto es lo que ha sonado hoy (clica en los fragmentos)...

sal, diviértete, deja las tiendas desiertas
que el sol brille en tu cara me haría tan feliz
no, no es cierto, no es cierto que no te quiera,
no, mi vida, no pienses nunca así…


me despierto y tú no estás
voy corriendo por las calles
intentándote encontrar
al menos esta vez
al menos sólo esta vez…


cada día sabemos algo más
de los planetas que nos dan nuevas pistas,
si quisieras nos podríamos juntar
en la otra cara lunar a escondidas…

A veces es mejor no estar...

"Chica, ¿vas de guapa por la vida o es que vas tan distraída que no te acuerdas ya de mí?"

... y entonces vi pasar mis cuatro últimos años a cámara rápida...

De errores y equívocos

I’ve got to get a hold on myself
Got to make believe I don’t care
Got to go someplace
Find a brand new place
Got to get out and get somewhere
Got to get a hold on myself
Got to take what life has to give


He puesto un CD de los Zombies y al llegar a esta canción, Gotta get a hold of myself, me he acordado de ti. Y he creído que te gustaría. Ignoro si la conoces pero estoy segura de que te encantaría oírla. Sería chulo poder dedicártela pero me resulta –ahora mismo- imposible. Es curioso, ciertas canciones las asocio a ti, casi sin tener motivos de peso. Sin pistas ni guías. Para variar, saltando sin red.

¿Me estaré equivocando?

He quemado mi casa

He quemado mi casa. Por fin me he atrevido a romper recuerdos, imágenes y voces en off (“Si a veces pienso en lo que he dejado atrás y echo de menos a alguien especial…”) Me he quedado en la calle a las siete de la mañana, estaba amaneciendo pero me ha costado horrores encontrar un bar abierto para tomar seis cafés seguidos. He sentido ganas de llorar (“¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no me llamas?”) pero me he cortado al ver que había dos chicos mirándome extrañados. Me he puesto a escribirte una carta, sí otra más, pero luego he recordado que olvidé tu nueva dirección y que tampoco puedo llamarte porque lanzaste el móvil al Nilo, en tu luna de miel. No me invitaste a tu luna de miel, ¿recuerdas? He salido del bar y hacía frío, ese frío cruel de abril, el peor de todos. Me he puesto a caminar y casi sin proponérmelo he llegado hasta tu antigua casa. Aún hay plantas, y siguen preciosas. Y aún siguen allí vacías las botellas de vodka que vaciamos en nuestras almas –en nuestras gargantas- hace ya algunos meses (“Estaba loca y le sentaba mal beber”). No te he visto al otro lado de los cristales, espiándome con tu telescopio, casi tan espectacular como tú. Y he echado de menos verte llegar a casa en tu Mini azul y blanco (“Guardaba la luz en su cabello rubio”). Y he añorado verte bajar la ventanilla y asomar la cara con un cigarrillo apagado entre los labios. Como aquella mañana que dormí en tu portal y apareciste radiante. Me acerqué a ti y te di fuego –candela, que sé que te gusta más- y te robé el cigarro dejándote sin saber qué decir. Me perseguiste casi una hora por las calles, tú en coche y yo caminando (“Solía llorar sin estar triste, paraba el tráfico en la calle”). Hasta que me detuve y me senté a tu lado sin mirarte. Y nos fuimos lejos. Y ya no recuerdo cuándo regresé a casa.

Y ahora ya no tengo casa. Tengo un presente. He perdido un futuro. Pero he conseguido que el pasado no me duela (“Y el cielo y el mar entre sus ojos te hacía sentir que estabas vivo”). Y que sea capaz de estar a tu lado sin estropearlo todo.

1:25 AM

La 1:25 AM. Debería dormir. Ya lo sé. Y sé que volverás a echarme, mañana, la bronca. Porque no me verás las ojeras, pero me las notarás en la voz, al hablar por teléfono. ¿Sabes? Hoy he pensado mucho en tu frase, la que me dijiste el otro día: "hay personas que están destinadas a no entrar en tu vida". Le he dado vueltas y vueltas. Le he cambiado el sentido, he alterado el orden de los elementos. Típico en mí. Cierto, hay personas que no entran en tu vida, que justo en el último momento se asoman de puntillas pero no llaman a la puerta. Y hay otras que entran, se quedan, te habitan (intentan redecorarte) y después huyen como fugitivos. Otras, que no entran pero que te acompañan como si fueran una cámara haciendo travelling lateral, sin rozarte, sin tocarte. Nunca llegan a entrar en tu vida pero sabes que están ahí. He llegado a creer que hay tantos tipos de entradas-salidas como personas. Me ha dado por clasificar a las que me rodean. Y, como siempre, tal vez haga trampa con los resultados. Más que nada, porque quiero irme a dormir en calma.

Buscando unos Dockers de chica



(Basado en hechos reales, como el 99% de las tv movies de baja calidad)

- No, ya no los fabrican de chica.
- ¿Qué?
- Pues que ya no los hacen para chica, hace tiempo que dejaron de hacerlos.
- …
- ¿Quieres que te enseñe algún otro modelo?

Hay que joderse. No lo entiendo. Entonces, ¿cómo es que aún hay chicas que los llevan? Porque haberlas las hay, que yo las he visto, y las sigo viendo. Y tú también las has visto, ¿verdad?

- Supongo que se compran modelos de chico.

No. No se compran modelos de chico. Son de chica. Y yo lo sé. Debe existir un mercado negro de Dockers de chica. Me juego el cuello.

- Tú lo que tienes que hacer es trabajar menos, que el curro te está desquiciando…

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