Ante todo mucha calma

- Cuéntame tu último momento de calma…
- ¿En qué sentido?
- No sé, en todos, o en ninguno en especial.
- Pero, ¿calma sola o acompañada?
- Yo qué sé, calma, como tú lo prefieras!
- Vale. Fue la semana pasada.
- ¿Dónde?
- En un hotel pero, ¿vas a dejar de hacerme preguntas o te lo cuento a mi manera?
- Vale, sigue.
- Bueno, pues fue en un hotel, por la noche. No tenía nada de sueño. Me puse a comer patatas fritas (de esas que tienen sabor extraño, con un millón de componentes nocivos pero deliciosas), más que nada por picar algo, porque no tenía hambre. Teníamos Canal + así que me puse a ver Los Soprano mientras mi pareja se me durmió en los brazos. No recuerdo cuánto tiempo transcurrió. Pero lo que sí recuerdo es que ese ha sido mi último momento de calma.
- Joder…
- ¿Y el tuyo?
- Sí, a ti te lo voy a contar…

Y los bomberos en tu honor…



El post de hoy es para alguien que acaba de cumplir los treinta. Sí, esa edad en la que empiezas a plantearte que hay una serie de cosas que no has hecho -y que ansías hacer- y que parece que se han quedado por ahí, escondidas en cualquier rincón. Y esa edad en la que, tal vez, te arrepientes de haber hecho otra lista de cosas, que ahora te parecen del todo prescindibles.

En todo caso, benditos treinta, ya que aún nos quedan nueve hasta llegar a los cuarenta… entonces, y sólo entonces, ya nos lo plantearemos en serio…

Va por ti, Gonzalo…

Cumpleaños feliz y el carnet de conducir
está en tu cara el sol de España
Carrusel infantil, cuándo vas a irte a dormir
te estoy siguiendo desde hace un tiempo

Y los bomberos en tu honor
hacen sonar la sirena del camión

Un bikini sin color de anuncio de televisión
qué transparente danza del vientre!
Y cuando escucho tu voz sentado en el ordenador
es un misterio, no lo entiendo

Y los bomberos en tu honor
hacen sonar la sirena del camión

Y como hizo Elton John
te regalo esta canción

Sha na na na
claro que sí
sha na na na
tras un balón siempre hay un niño


Y dos besos muy especiales, por regarme las plantas, para Holden y para Poledra...

Regreso en cinco minutos

Voy a estar unos cuantos días fuera y no podré escribir así que como soy muy educada me despido de ustedes y les pido, por favor, que me rieguen las plantas, que no me gustaría que al regresar estuviesen mustias.

Besos y abrazos para todos. Hasta pronto.

Tipologías del personaje

- Amantes o amados
- Fumadores o fumados
- Sanos o enfermos
- Realistas o surrealistas
- Desorientados o centrados
- Con los pies en el suelo o con las manos en los bolsillos
- Durmiendo en el techo o sin dormir en la cama
- Rubios o morenos
- Miopes o daltónicos
- Cínicos o estúpidos
- Desayuno con diamantes o me olvido de comer
- Con una nota en la agenda o con la nevera llena de parches

¿Vodafone o Movistar? No, resulta que soy de Euskaltel...

La ley del insomnio

Esta tarde he ido a que me analicen los sueños y el especialista, confundido y extrañado, me ha dado los resultados uno a uno, como con miedo. Le he amenazado y ha falsificado la hoja de resultados. Me ha recetado pétalos de margarita, pero sólo los impares, los que dicen "no me quiere", para que me hagan un poco más de daño. Me he enfadado, pero sólo un poquito, porque he recordado que pronto me iré de esta ciudad y que entonces dejaré atrás estas calles feas y sucias, llenas de chicles pegados a las baldosas, para siempre jamás.

Al llegar a casa me he hecho una infusión con las margaritas y me la he bebido con los ojos cerrados, pidiendo un deseo, no, espera, mejor pido dos por si el primero falla. Al abrir los ojos no se había cumplido el primero. Y tampoco el segundo. Así que me he reído sola porque me he dado cuenta de que de nuevo me ha vuelto a atacar un exceso de surrealismo y de ficción. Y porque no puedo dormir y tampoco puedo llamar a nadie por teléfono y luego se cabrean porque dicen que porque yo no duerma tampoco significa que tenga derecho a imponer la ley del insomnio a medio planeta.

El día que olvidé las contraseñas



Supongo que todo comenzó un mes de junio. Ese mes decisivo, raro y normalmente lleno de indecisiones. Levanté un día y me dispuse a llamar. Me quedé parada porque no recordaba el número. Y así con todo. Miraba fotos y no sabía encontrarme: la rubia, la pelirroja, la que lleva gafas, la que viste vaqueros… ¿Cuál era yo? Fui al supermercado y no sabía cuál era mi marca de café. Tuve que salir con un paquete de cada marca. Sin dinero. Al intentar sacar del cajero se me quedó bloqueada la tarjeta porque fallé la contraseña. Lo había olvidado todo. Incluso la voz de mi padre. El sitio donde aparcaba el coche. Mi despacho en el trabajo. El trayecto más corto para alcanzar el autobús. ¿Cómo funcionaba la cámara digital? ¿Me gustaba más el vodka que la ginebra? ¿Soy alérgica al marisco o a los frutos secos? ¿Desde cuándo vivo en este piso? ¿Quién ha puesto fotos en blanco y negro en las paredes? Supongo que todo comenzó un mes de junio. Aquella mañana en que comencé a hablarme en off y ya no pude soportar el ruido. Y supongo que al abrir el armario y ver mi ropa -bien doblada, perfectamente ordenada- sentí ganas de salir corriendo y no volver jamás.

El día que olvidé las contraseñas tuve la mala suerte de cruzarme contigo por la calle y dejarte pasar de largo. Por no reconocerte.

Maybe baby



Tengo que ser sincera: no me había acordado desde hacía muchísimo tiempo. Pero esta mañana he pensado en él. Y no sé aún porqué, bueno, supongo que ha sido porque me he puesto algunas canciones de los Ramones, de los Toy Dolls -que me suelen cansar bastante- y de los Pixies. Y ya está, me he acordado de él porque fue él quien me presentó a los Pixies. Un buen día me dejó el vinilo y yo lo escuché maravillada. Estupenda herencia me dejaste, a pesar de que entonces no fuera consciente de ello.

He pasado el día limpiando la casa, comiendo con amigos, poniendo al día mi trabajo... Total, que mi mente iba también actuando por su cuenta, recopilando mi historia con él y finalmente pocas cosas he sacado en claro. He intentado definir nuestra relación, ¿fuimos pareja? no, para nada; ¿amigos?, tal vez, pero es que hubo besos; ¿conocidos?, no, mucho más; ¿amantes?, no había terceras personas implicadas. Qué manía con etiquetar las relaciones y las personas. Él fue alguien muy especial. Y punto. Era muy guapo, muy inteligente y tenia estilo, mucho estilo. Me fijé en sus manos, en su mirada y en sus zapatos. Y en su nombre. Me gustaron. Y a partir de ahí todo lo que puedo recordar es bueno.

Desapareció. Desaparecí. Desaparecimos. Pero algunos veranos venía a buscarme -siempre sin avisar, siempre sin llamadas de teléfono- en bici y nos íbamos a tomar algo. Pero ya no había besos ni caricias. Era diferente. Nos gustaba.

Hoy he intentado recordar cuántos años hace que no nos vemos ni que tengo noticias de él... no he sabido cuánto tiempo. La última vez que le vi me habló de su novia, de sus proyectos, de su vida en San Petersburgo, de sus clases y de sus alumnos. Y hoy me he preguntado qué habría sido de mi vida si me hubiera ido con él. Sabría ruso y estaría habituada al frío soviético.

Ojalá seas feliz, ojalá sigas tan guapo como entonces y ojalá recuerdes que yo te presté vinilos de Buddy Holly hace muchos, muchísimos años.


Maybe baby, I'll have you
Maybe baby, you'll be true
Maybe baby, I'll have you for me

Nulla dies sine linea



[...] Púsose entonces a estudiar los perfumes y los secretos de su fabricación, destilando óleos fuertemente perfumados o quemando gomas olorosas traídas de Oriente. Comprendió que no había ningún estado de ánimo que no tuviera su contrapartida en la vida sensorial, y se dedicó a descubrir sus verdaderas relaciones [...]


Premio a quien adivine a qué novela pertenece este fragmento...

Pequeña marciana



- Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?

Y yo me encogía de hombros sin saber qué contestar. No me gustaba ninguna profesión en concreto. Tan sólo una cosa tenía clara. No deseaba tener una casa, quería pasar la vida de hotel en hotel, sí, quería vivir siempre en hoteles.

- Eres una pequeña marciana.

Pues a lo mejor tenía razón.


You're just a memory
of a love that used to be
You're just a memory of a love
That used to mean so much to me


Suena Memory Motel de los Stones.

La vida te da sorpresas…



Mira por dónde, resulta que Amenábar ha ganado un Óscar y yo no he visto su ma-ra-vi-llo-sa peli porque me da pereza. Me harto de ver cortos, pero mira, los largos se me hacen demasiado largos. Fíjate qué curioso, que en toda la Península hace un tiempo terrible (nieve, frío y lluvias que limpian penas) y en mi ciudad estamos en una burbuja aislante. Y una de mis mejores amigas resulta que acaba de descubrir que no es hetero y se ha ido a Chueca el fin de semana, “a ver cómo me reacciona el cuerpo”. Y el fin de semana que viene me quiere arrastrar con ella porque resulta que le ha encantado, “qué bien, que he conocido a una tía que está buenísima, vente conmigo, tonta, que hace mucho que no vas a la capital”. Y yo le digo “perfecto, mientras tú ligas yo me emborracho y le cuento mi vida a los camareros; que no, que me quedo en casa, paso de tu fantástico plan”. Y ella se mosquea y me dice que no soy solidaria. Y joder, decirme eso a mí, con la de tonterías que he tenido que hacer por ella. Y me hace gracia, porque vía Google me entero de que un amigo ha publicado una novela. Y bueno, tampoco era un amigo, más bien un capullo que no me quería devolver un CD de Bowie hasta que le amenacé con quemarle la casa. Y me llama M y me dice que está harta de estudiar para las oposiciones y me dice que me presente, que la oportunidad es única, y le digo que jamás, que no quiero acabar ahí, que prefiero diseñarme la vida de otra manera. Y miro el dormitorio y recuerdo que aún no tengo el armario con estanterías, que la ropa la tengo puesta en uno de esos cacharros, cómo se llama, sí, de esos que hay en las tiendas de ropa. Y que aunque tú me digas que lo tengo porque voy de moderna (ja), en realidad es porque me da pereza ir de tiendas. Y hoy, mira tú por dónde, me he descubierto una cana y me la he arrancado, qué has hecho, niña, te saldrán cientos, que las canas nunca hay que arrancarlas, no ves que vuelven a salir, que son como los antiguos novios, que siempre reaparecen. Y sigo mirándome el pelo y descubro que nunca fui rubia natural, que era teñida y que ahora lo he asumido y voy de castaña por la vida. Y sigo con la inspección y me peso, ni un gramo he engordado, parece mentira, con lo que como últimamente. Y hoy vuelve a ser domingo y miro el calendario y la santa semana santa todavía no llega. El tiempo se detiene y tengo ganas de hacer la maleta (pero para no volver a deshacerla jamás) Y quién sabe si el domingo que viene estaré con mi amiga la exhetero, agobiada en una ciudad desconocida o bien alargando llamadas de teléfono para no echarte tanto de menos.

Muéstrame cómo eres...



Normalmente no suelo recordar cuál es la primera canción que oigo de un grupo nuevo. Pues mira tú por dónde, con Los Planetas no fue así. Lo recuerdo perfectamente, una amiga me dejó una cinta –sí, he dicho cinta, hace ya unos cuantos años- y sonó:

Muéstrame cómo eres,
prometo que esta vez todo va a salir bien.
Ahora tengo una misión,
ven y camina de mi mano,
camina a mi lado, conmigo.
Sólo enséñame para que pueda ver
porque en mi vida he fracasado
una y otra vez, una y otra vez.

Está por todas partes,
está rondando por aquí,
ha venido a verte,
a quedarse junto a ti.

Muéstrame cómo eres,
prometo que esta vez todo va a salir bien,
todo va salir bien.
Mantente unido a tu familia,
en sus cadenas serás libre,
con ellos serás libre, con ellos.

Sólo enséñame para que pueda ver
porque en mi vida he fracasado
una y otra vez, una y otra vez.

Está por todas partes,
está rondando por aquí,
ha venido a verte,
a quedarse junto a ti.


¿Alguien me puede decir por qué los tengo tan presentes últimamente? ¿Estaré regresando al pasado? ¿Me asusta el futuro? ¿Acaso J se ha mudado a mi barrio e invisible, me sigue dondequiera que voy…?

Conversaciones confusas



Ironías de la vida, ayer mantuve una conversación más o menos así:

- Hoy he leído tu blog.
- Ah, ¿sí? ¿Y qué tal?
- Bueno, un poco confuso, ¿no?
- ¿Qué quieres decir?
- No sé, pues que hablas de cosas que no me quedan claras.
- ¿Por ejemplo?
- Lo de “estar de alquiler por la vida”, eso es una paranoia.
- No tanto como te parece…

Me esforcé en explicarle el concepto pero creo que no lo hice del todo bien. Llevaba alguna copa de más y la conversación tomó otro rumbo que prefiero no recordar. Hoy, un día más tarde, me veo algo más capaz así que recapitulo y te hago un resumen de nuestra charla (te paso los apuntes a limpio, mi querido psicólogo/psicoanalista). Según mi enfoque, estar de alquiler por la vida supone:

- darte el lujo de pasar más de una hora caminando sin paradero conocido
- aceptar salir a cenar sólo cuando te apetece, no por obligación
- acercarte a los cuarenta sin canas y con la cara sin maquillar
- fumar tanto los viernes que te levantas con resaca de tabaco
- largarte con una maleta de fin de semana y pasar un mes fuera
- desconocer el sentido del término “boda” e “hijos”
- no tener un trabajo fijo ni estable
- comprarte ropa “caríííísima” y pasarlo fatal para llegar a fin de mes
- arruinarte en la FNAC
- decir tacos cuando te cabreas y cuando conduces
- hacerte la loca para no ceder el asiento en el autobús
- hacer regalos cuando no toca
- vivir sin televisión y con el PC conectado las 24 horas
- tener cientos de trastos acumulados por el piso
- odiar la playa, el verano y OT/GH
- pasar de Europa y del planeta entero
- no dejar que nadie te bese el tatuaje
- llevar gafas de sol para ver las calles en blanco y negro
- hablar todo el día en off para ti misma
- refugiarte en el alquiler para no reconocer que te aterra ser propietaria…

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