Plot point



Mi vida, de repente, ha cambiado de rumbo y veo las cosas desde otra perspectiva, desde detrás del espejo, del revés... (esto es un enlace a mi visión personal del mundo ahora mismo, aunque esta jodida plantilla haga que los vínculos no parezcan lo que son porque no están subrayados)

Desarraigos invisibles



Uno de los lugares donde mejor me lo paso es en los aeropuertos. Hoy he estado casi tres horas en uno y he pensado que, curiosamente, me siento como en casa ¿!

Me he paseado por los diferentes terminales: vuelos nacionales y al extranjero. Me ha dado por centrame en las personas, en sus rostros. Sin escuchar conversaciones. Mucha pena en salidas y alegrías varias en llegadas. Siempre es así, bueno, salvo excepciones, claro (como todo en la vida, lo más precioso son las excepciones, las jodidas excepciones a la regla)

Había una cría que ha llegado sola del avión, al salir ha visto a una mujer que, he deducido, debía ser su madre. Bien, pues la cría se ha puesto a llorar... ha sido increíble. Lloraba con sentimiento, como quien llega a un lugar donde se siente, por fin, seguro. Qué fuerte. Todo el mundo la estaba mirando, pobre cría. Me he puesto yo también a llorar como una absoluta imbécil. El caso es que no podía dejar de mirarla. Y tampoco podía despegar los pies del suelo y largarme.

Al principio te sientes muy desarraigada cuando nadie te espera en el aeropuerto.

Después de algunos vuelos, la sensación de desarraigo desaparece y entonces comienzas a sentirte como en tu casa. Te esperas a ti misma. Y tú siempre estás allí. Sin retrasos.

Uno más uno es dos

Tú cantabas sobre el escenario una patética canción de Tom Waits. Yo te miraba desde abajo, escondida entre los colegas que habían ido a llenar el local. Pero no me sirvió la estrategia y me cazaste con los ojos puestos en tu cuello. Tras el descanso me tocó el turno y comencé con una triste de Manu Chao. Te vi mirarme. Te estuve mirando todo el rato que duró la canción... Será por eso que se me olvidó la letra y repetí los mismos versos hasta la saciedad...

Y al acabar el concierto, afónica y cansada, te seguí hasta que dejamos atrás los malditos fantasmas...



Uno más uno es dos, dos dividido entre dos vuelve a ser uno

El lado oscuro de la Navidad (¡¿otra vez?!)



- ¿Qué haces de nuevo por aquí? ¿Tú no te habías ido?
- No tengo ni idea, de repente me he visto aquí, de vuelta con una maleta en la mano.
- No entiendo nada. Se supone que los posts navideños se habían terminado, ¿no?
- Ya, pero parece ser que a ella le ha dado por escribir diálogos, ya sabes.
- Espera, espera, creo que no te entiendo, ¿a ella? ¿qué ella?
- A la tipa que controla el blog.
- ¿Pero qué dices tía? Tú y yo somos las que lo controlamos.
- Estás flipando, tú y yo no somos nadie. Ella escribe lo que nosotras hablamos.
- ¿Cóóóóómo?
- Que no existimos, que no somos reales. Ella lo escribe todo por la noche.
- ¿Te has vuelto loca o qué? Tú eres Carol.
- Yo no soy Carol, bien lo sabes.
- Tú eres Carol y yo soy, yo soy…
- ¿Lo ves? Ni siquiera sabes cómo te llamas.
- Que no, joder, que no puede ser, esto es una pesadilla… Yo soy tu camarera, sí, ya está!!, soy tu camarera colega, no tengo nombre, es verdad, pero siempre hablamos en la barra, ¿no lo recuerdas?
- Sí, ya lo sé, hemos pasado un montón de noches charlando pero fuera de este blog somos invisibles.
- ¿Quieres decir que no podemos salir de aquí? ¿Es eso?
- Ajá.
- O sea, que sólo aparecemos si a ella le da la gana de escribir…
- Veo que lo vas entendiendo.
- Pero eso es una putada porque si ella no escribe tú y yo no vivimos.
- Sí, pero es lo que hay, más vale eso que nada. Ella controla todos nuestros actos, nuestras charlas… hasta nuestras emociones.
- Ostia, va a resultar verdad…
- ¿El qué?
- Nada, que nunca vamos a dejar de ser ficción.
- Sí, claro que dejaremos de ser personajes… cuando se canse de nosotras y nos olvide.
- No, eso no va pasar.
- Ja, estás demasiado segura , ¿cómo lo sabes?
- Creo que nos ha tomado cariño.
- ¿Quieres decir?
- Sí, alguna vez la he visto entrar aquí. Se ha sentado sola, se ha puesto a fumar y nos ha mirado. Sonreía.
- ¿Nos espiaba?
- Sí, muchas noches, y creo que lo hacía para sacar historias.
- Joder, qué tramposa.
- Sí, tal vez. Pero nunca se ha metido en la conversación. Termina su copa y se marcha. Sin hacer ruido.
- Bueno, no parece peligrosa entonces…
- Más vale que no volvamos a hablar de ella, es mejor que finjamos que no sabemos nada.
- Sí, va a ser lo mejor para nuestro futuro, yo no quiero desaparecer, al menos todavía no.
- Yo tampoco. Oye, ¿quieres tomar algo?
- Sí, venga, lo de siempre.
- ¿Quieres que te ponga algún CD en especial?
- Vale, ¿tienes algo de Tricky?
- A ver, déjame mirar… sí, mira, algo tengo, ¿lo pongo?
- Claro…

¿Con quién (inaccesible) te emborracharías esta noche?



Vale, si pudiera salir esta noche y emborracharme en buena compañía (inaccesible, ojo), creo que no tendría ningún tipo de duda a la hora de elegir a mi compañero. Si fuera chico saldría con James Dean, porque el post anterior me ha recordado cuánto me gusta y porque creo que con él la noche prometería... Y si mi compañera de borrachera fuera chica, elegiría a Ava Gardner. Ella, para compartir alcohol y confidencias, creo que sería estupenda.

No puedo mirarte

Hay un tipo de belleza que hace daño. Sí, duele. Y mucho. Ese tipo de belleza insoportable, limpia, pero al mismo tiempo sucia. Desbordante. Enigmática. Sólo quieres mirar, nunca conocer. Porque eso te dolería todavía más. Tal vez.


Nieve



Me quedé buscándote en medio de la nieve

Buscando un olor




Tenía su olor en la mente. Sí, no en la nariz, ni en la ropa, ni en las sábanas. En la mente. En la mente su marca de colonia. Pero necesitaba olerla así que me fui en busca de una perfumería. No fue fácil. Su marca no es la típica que te encuentras en la primera tienda que visitas. No es demasiado habitual. Y eso me encanta. Porque nadie suplanta su olor. Ninguna otra piel huele como la suya.

Después de entrar a cien mil tiendas, por fin encontré la marca. No compré el frasco, por supuesto. Tomé el bote de prueba y me eché descaradamente la colonia por todo el cuello. Ignoro si alguien me vió. Tampoco me importó demasiado.

Salí perfumada. Impregnada hasta el fondo del alma de su olor. En mi piel no olía igual, por supuesto, pero aquella tarde tuve una sensación increíble.


Llamada encontrada



Llamó a su puerta y, por fin, le abrió. Había pasado mucho tiempo, muchos meses, demasiadas horas, demasiados segundos. Pero borró el tal vez y escribió, con el rimmel negro que se le había derramado de los ojos, un ahora. Pequeño pero firme.

Sobre la tenacidad

También es triste. Y uno no sabe exactamente de dónde viene la tristeza, si de la tragedia que hay en el corazón de las grandes cóleras gaseosas y las lunáticas aventuras de Ignatius, o de la tragedia que rodea al propio libro.

La tragedia del libro es la tragedia del autor: su suicidio en 1969, a los treinta y dos años. Y otra tragedia es la posible gran obra que con su muerte se nos ha negado.


Walker Percy, prólogo de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.

Leí este libro cuando era una cría. Me encantó. Sólo lo he leído un par de veces. Y digo sólo un par de veces porque creo que es una novela excelente. Supongo que hay una especie de leyenda que rodea la obra, una extraña fascinación por la historia real que acompaña a la publicación del manuscrito. Su autor, John Kennedy Toole, se suicidó años después de haber escrito la novela y fue su madre la que insistió a un profesor universitario, W. Percy, para que leyera la obra de su hijo. Por lo visto era increíble. El profesor, de mala gana, accedió a la lectura del manuscrito y cual fue su sorpresa al comprobar que tenía en las manos una pequeña obra maestra de la literatura.

Una madre que intenta convencer al mundo de la necesidad de que se publique la novela de su hijo muerto. Un novelista maravilloso que decide poner fin a su vida. Un profesor que lee, emocionado, un manuscrito en copia apenas legible. Una cría que devora la novela como quien devora un pastel de chocolate a escondidas.

La tenacidad a veces tiene premio.


Cancionespersona

Hay canciones que siempre las asocio con una persona determinada. Y siempre que las oigo puedo ver el rostro de esa persona. De hecho, hay cancionespersona cien por cien. Esas canciones que han perdido su valor musical para ganar un valor personal o sentimental.

Puedo describir a algunas personas cercanas mediante el título de una canción. Puedo, incluso, definirme a mí misma con un simple título (que no confesaré, claro está, porque perdería parte de mi identidad y eso no se debe hacer, ni aquí ni afuera, en la calle)

El caso es que hay personas que me han destrozado algunas de las canciones más impresionantes de la historia (pensemos, por ejemplo, en amantes?) y, por el contrario, a otras les estaré eternamente agradecida porque me hicieron ver el encanto donde nunca lo habría imaginado.



Podemos irnos juntos lejos de este mundo tú y yo.
En un viaje por galaxias infinitas hacia el sol.
No queda nada que prolongue mi parada
en este mundo ni un solo minuto.

"Quiero hablar con Gaspar"



- Quiero hablar con Gaspar.
- Gaspar no está disponible, puede hablar con Melchor si lo desea.
- No. He dicho con Gaspar.
- No puede ser. Confórmese con Melchor o con Baltasar.
- Mire, no me ponga nerviosa, ¿vale? He venido desde muy lejos para hablar con él así que déjese de puñetas y déjeme pasar.
- Imposible, señorita.
- Muy bien, usted lo ha querido. Voy a entrar por la fuerza.
- Eh, eh! ¿Pero qué hace? No puede entrar ahí!!!!

.................................................................................

- Hola.
- Hola, ¿te conozco?
- Sí, soy Carol.
- Ah, yo Gaspar, encantado.
- No puedo decir lo mismo.
- ¿Cómo?
- Lo sabes muy bien. Perdiste mi carta.
- No entiendo.
- Que perdiste mi carta y sólo he encontrado carbón esta mañana.
- Será porque te lo merecías, ¿no?
- Sí, claro que lo merecía, pero no tantos kilos, joder, tengo la cocina echa un asco.
- Bueno, ¿qué quieres que haga?
- Rectifique, su majestad.
- No puedo hacer eso. Los Reyes ya hemos cumplido con nuestro trabajo. Tendrás que esperar hasta el año que viene.
- Y una mierda, su majestad. No puedo esperar más.
- ¿Tanto te urge? ¿Quién demonios te has creído que eres, so niñata? ¿Sabes la de problemas y miserias que hay en el mundo? Sal ahora mismo de aquí si no deseas tener problemas...
- Saque un papel y apunte lo que le voy a pedir. No se lo diré dos veces.
- ¿Me estás amenazando?
- Sí, y puedo tener muy mala leche.
- Ya veo, ya...
- A mí no me engaña, tenemos de tiempo hasta hoy a las doce de la noche así que póngase las pilas por favor.
- De acuerdo, voy a tomar nota de lo que me pides pero sé breve, por favor. Tenemos que regresar a Oriente...
- Bien, deseo que me traigan las cosas siguientes: un trabajo estable, un iPod, salud y felicidad para la gente que quiero y poder pasar más tiempo con mi pareja.
- ¿Nada más?
- Suficiente.
- Pues ahora haga el favor de salir.
- ¿Me concederá lo que he pedido?
- ¿Acaso alguna vez te he fallado?
- Siempre, su majestad, siempre.
- Entonces no tengo nada más que añadir. Hasta el año que viene.
- Hasta el año que viene. Que tengan un buen viaje de regreso a Oriente.
- Y tú a la realidad, chica, y tú a la realidad...

Odi et amo



Hay armas que se han de manejar con cuidado. Google, por ejemplo. Nunca utilices Google para buscar pistas de un amante reciente. O de un amigo lejano. O de un desconocido que te intriga. O de un compañero de trabajo.Te puede herir.

Un buen día, posiblemente uno de esos días ociosos en que no tienes nada mejor que hacer que darle vueltas a la cabeza preguntándote: ¿qué habrá sido de...? Y entonces escribes el nombre de aquel amante/novio o novia lejano/a en la barra de Google (por supuesto, la tienes instalada, para que te libre de todo pop-up molesto, amén) y voilà, resulta que ahora es profesor/a en una universidad italiana. Qué cabrón/a. O bien, resulta que es funcionario en el Ayuntamiento de Lérida. Mira tú qué bien, sueldo fijo y estabilidad a saco. Tal vez se haya casado (¿qué?) y ha escrito un libro para primero de ESO de mates (jooooderrrr). O en la gran mayoría de casos, su nombre ni siquiera aparece en Google. Si no apareces en Google, you know darling, no existes. Y tus ex no podrán olfatear tus huellas en la vida. Un consejo: se invisible. La invisibilidad te dará poder.

Odio y amo a Google.

Informe de errores



Ha elegido finalizar el programa que no responde, (nombre del programa).

El programa no responde.

Informe a Microsoft de este problema.
Se ha creado un informe de error que puede enviar para mejorar (nombre del programa). El informe se tratará como confidencial y anónimo.

Enviar informe de errores No enviar


Te quedas plantada ante la pantalla. ¿Qué haces? ¿Envias el informe o no lo envías? Maldita sea la indecisión. En esta vida siempre hay que elegir, y tú lo odias.

Si envias el informe, posiblemente ayudes a otros usuarios a resolver tu problema, tal vez incluso te estés ayudando a ti misma en el futuro.

En cambio, si no lo envías, el problema seguirá ahí, estancado en tu disco duro, en el hardware, en el software. En las entrañas mismas de la máquina.

En todo caso, has decidido finalizar un programa que no funcionaba. Un programa que no te responde como tú quisieras.

Ahora depende todo de ti. Cambia. Actúa. Muévete. Tira palante. Levanta la cabeza. Aunque estés hecha un asco. Siempre hay gente que está peor. Sí, ya, pero eso no te consuela. Da igual. Tienes derecho a quejarte. A maldecir el mundo y a sus habitantes. A los malos, que a los buenos nada les dices. Lo mejor está por venir. Seguro. Piensa en ello. Y cuando alguien te diga sonriendo “feliz año nuevo, estoy lleno de buenos propósitos, todo es precioso, wonderful world, bla, bla, bla…”, pasa de ellos, date la vuelta y no contestes nada.

En cuanto a la decisión, no envíes el informe de errores. Que se fastidien todos. Finaliza el programa y sal a la calle para que te empape bien el invierno.

Escuchando compulsivamente: Enjoy the ride, Marlango

Cómo convertir un guión aceptable en un guión pésimo

Aquella chica no le caía demasiado bien, siempre tocándole las narices en clase, con sus preguntas inoportunas, con sus citas sacadas de libros de la bibliografía que nadie se había molestado en consultar. Parecía que lo hacía por joder.

Un día se presentó en su despacho. Decidida. Abrió la puerta, se sentó y le preguntó:

- Mire, no entiendo la categoría de "personaje de equilibrio" de Linda Seger.

Joder con la niña. Se habría creído que los profes se tienen que leer todos los jodidos manuales y recordar cada una de las definiciones. Evidentemente, no podía contestar nada parecido a lo que se le pasaba por la mente.

- Ane, ahora mismo, si te soy sincera, no recuerdo esa categoría, ¿tienes el libro y le echamos un vistazo?

- Lea. Páginas 234 y 235. Lo tengo subrayado.

Qué repelente, por dios. Ni que Linda Seger lo hubiera escrito pensando en ella, será posible.

- A ver, déjame que lo lea:

Muchas películas exigen este personaje de equilibrio, para evitar malinterpretaciones en las que se puede caer de manera espontánea. Películas que tratan el fenómeno gay o el lesbianismo deben equilibrar sus personajes desviados con otros papeles suficientemente importantes de personajes normales.[...]En películas de orientación gay pueden utilizarse parejas normales para contrastar con los protagonistas homosexuales[...] (Cómo convertir un buen guión en un guión excelente, p. 234-235)

La profesora se queda a cuadros. No sabe bien bien qué decir. La alumna la mira fijamente. Esperando una respuesta.

- ¿Qué le parece?
- Bueno, es que Linda Seger, ya os lo dije, es un clásico, siempre se vuelve a ella pero...
- ¿Pero qué le parece lo que ha leído?
- ¿Sinceramente?
- Por favor... Ya sé, me va a soltar un rollo...
- No.
- ¿No?
- Esa categoría de personaje es una puta mierda. Ya le vale a la Seger. Si eso lo hubiera escrito yo, al día siguiente de la publicación del manual ya tendría a medio país echándoseme encima.
- Menos mal...
- ¿Qué?
- No, que pensaba que me diría que tiene razón.
- Claro que no, sólo faltaba.

La alumna se marcha, satisfecha con la respuesta. Pero la profesora se queda sola, pensativa. Hay que tener mucho cuidado con lo que se escribe. Porque queda escrito y luego no hay dioses que sean capaces de borrarlo...



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