Sin título y sin tema



Podría decir que estoy cargada de buenos propósitos para el año nuevo, podría afirmar que seré más buena, que dejaré de portarme mal, de comportarme como una pequeña cabrona pero… estaría mintiendo. Intentaré simplemente ser feliz en mayúsculas –como todos vosotros, supongo-, aunque también me estaré engañando porque la felicidad es un invento. Y a algunos nos cuesta hacer que funcione correctamente.

Supongo que la mejor manera de arreglar el último post del año es dejar un fragmento de alguna buena lectura. Había pensado en Nunca volveré a ser joven, de Jaime Gil de Biedma pero creo que voy a pasar. No me gustaría dejaros con gusto amargo en la boca. No soy tan mala.

Así que acabo de decidir que os envío directo al corazón/alma un fragmento del Song of Myself, de Walt Whitman (espléndida traducción de Borges). Sé que es un poco “místico” pero a estas horas, con cansancio acumulado, no se me ha ocurrido nada mejor ni más positivo. Que lo disfrutéis.

Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

Indolente y ocioso convido a mi alma,
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire,
Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres,
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con salud perfecta, comienzo,
Y espero no cesar hasta mi muerte.

Dedicatoria antes de que acabe el año

Ni soy india,
Ni griega
Ni gitana.
Pero por ti
Cambio mis costumbres
Y renuncio a más de
Una noche de calma.


Sé que has estado al otro lado de la pantalla. Lo he sentido. He podido escuchar tu respiración, tu emoción, tu intriga, tu curiosidad. He notado que husmeabas mis palabras como un perrillo en busca de pruebas, indicios, señales... Ya sabes cómo soy, ya sabes cómo escribo. Pero no tienes suficiente con eso, supongo que necesitas ahondar más y más. Por eso, el post de esta noche te lo dedico a ti. Espía de mi teclado.

re (encuentros)

Hoy he salido a dar una vuelta. He pensado que ya está bien de trabajar así que me he escapado un ratito. Sin rumbo fijo. Simplemente paseando y dejándome helar por el frío (bendito invierno pero, al mismo tiempo, terrible). No sé porqué he pensado en toda la gente que he ido conociendo durante estos meses gracias al blog. Ha sido muy curioso. He pensado que tal vez podría cruzarme con cualquiera de vosotros y que, sin embargo, ni siquiera seríamos conscientes de ello. Como llevaba música puesta, me he sentido como una protagonista de corto alternativo (ja, y que levante la mano el que no haya sentido esa estúpida pero gratificante sensación, paseando por la calle y con la música a toda caña)

He cogido el bus y me he sentado al lado de una chica de unos ventipocos años, leía un libro de Walt Whitman y escuchaba música. He bajado el volumen de mi música para intentar acertar qué escuchaba ella (es un juego tonto que hago muchas veces en los transportes públicos, por pasar el rato) y me ha parecido que oía algo de Los Planetas. Entonces me ha mirado como diciendo “que miras, tía” y yo me he quedado algo cortada. He sacado una libretita y me he puesto a hacer una lista de cosas que tengo pendientes. Entonces he visto que ella miraba de reojo lo que yo estaba escribiendo. La he mirado y ha girado la vista con disimulo. Ha sido extraño. Me ha dado por pensar que tal vez nos conocíamos “virtualmente”, que incluso nos podíamos haber intercambiado algún comentario. A mí también me gustan Los Planetas, yo también leo a veces a Walt Whitman… Yo podía ser ella. O ella podía ser yo. Qué lío.

Luego he entrado a la Fnac. Me he pasado un buen rato rebuscando en la sección “clásicos” en DVD, a ver si había algo interesante y bien de precio. Tenía un chico al lado, rubio, de estética indie y no sé porqué pero me ha recordado al autor de un blog que me gustaba mucho y que, por desgracia, desapareció. ¿Y si era él? Supongo que hay cosas que jamás llegan a saberse.

Ha sido una mañana productiva, sin duda.




El lado oscuro de la Navidad (final)



- ¿Y esa maleta?
- Me largo.
- ¿Qué?
- Que-me-lar-go.
- Ya, ya te he entendido pero estás de coña, supongo...
- Para nada, guapa.
- Vale, lo pillo, hoy es 28, día de los inocentes, joder, no había caído... Cada año nos haces alguna de tus putaditas pero te he pillado, lista.
- Te equivocas, no estoy de humor para bromitas. Venga, ponme un café, que tengo un poco de prisa, tengo que pillar el avión de aquí tres horas.
- No te puedes ir ahora, tía, ¿qué vas a hacer allí?
- La pregunta es más bien "¿qué tengo que hacer aquí?", ¿no te parece?
- Que sí, que ya lo sé, que ya lo hemos hablado pero es que no entiendo qué vas a hacer con el curro, coño tía, y con nosotros!
- No lo soporto más, no puedo aguantar ni un sólo día más en esta ciudad.
- Las navidades te han desquiciado, estás totalmente colgada, piénsatelo, no estás para tomar una decisión de ese tipo...
- Ya tengo el billete.
- Puedes anularlo, eso es lo de menos...
- No.
- ¿Hay algo más que no sé?
- No. Tú lo sabes todo.
- Espera un poco , ¿ vale? Hazlo por mí.
- No me pidas eso, joder, pídeme lo que quieras pero eso no, sabes que no puedo.
- ¿Y qué hago yo ahora...? Ya me dirás el plan.
- Nadie es imprescindible, tú lo sabes bien.
- No te me pongas cínica, sabes que tenemos un contrato hasta marzo...
- ¿Y te crees que lo he olvidado? Había pensado en Irantzu...
- ¿Irantzu la rubia?
- Sí.
- ¡Si no la soporto!
- Pero escribe de puta madre.
- ¿Y a mí qué? No aguanto currar con ella, es super estirada, es una tipa cantidad de cerrada. Paso.
- Oye, a mí me jode más que a ti...
- Pues no se nota...
- ¿Y qué quieres que haga? Tengo que elegir.
- ¿Tú no eras la que odiaba elegir? ¿cómo puedes ser tan hipócrita? Yo flipo...
- Y sigo odiando tener que elegir pero es mi vida y se me está jodiendo, cada semana que pasa tengo la sensación de que estoy tirando el tiempo.
- Eso nos pasa a todos.
- Pues yo me niego a que me siga pasando. No pienso volver a pasar un fin de año aquí, sola y borracha...
- Eso es porque tú así lo quieres, sabes que...
- No lo digas, ni sigas, por favor...
- No lo quieres oír, ¿verdad?
- Sinceramente no. Creo que ya está bien por hoy. Deja el café, me voy ya.
- No, espera...
- Que no, que me voy, al final voy a llegar justa al aeropuerto.
- Espera, déjame que te dedique algo, ¿sí?
- ¿Qué narices vas a hacer ahora?
- Tú espera, enseguida estoy...
- ¿Qué haces con los CD?
- Escucha esto...

Si quisieras
nos podríamos juntar
en la otra cara lunar
a escondidas,
a escondidas


- ...
- No llores, por favor, no llores.
- Déjame en paz, me voy.
- Ha sido de buen rollo, lo siento.
- No pasa nada, te llamaré.
- ¿Aunque sean las cuatro de la mañana?
- Aunque sean las cuatro de la mañana.
- Cuídate.
- Y tú. Mua.


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En un momento extraño

Me has conocido en un momento extraño de mi vida


1836-2004

Soy experta en tradiciones estúpidas y absurdas. Una de ellas consiste en leer cada 24 de diciembre un artículo de Mariano José de Larra, La Nochebuena de 1836. ¿Por qué? Porque una noche como la del día de hoy cayó en mis manos -casualidades de la vida, una vez más- y desde entonces me sienta bien releerlo cada año.

Para los que no conozcan el texto, recomiendo su lectura y también, ya de paso, del resto de artículos de Larra. Genial escritor del XIX.

A pesar del lado oscuro de la Navidad, os lanzo un beso y un abrazo, sinceros.

El número 24 me es fatal: si tuviera que probarlo diría que en día 24 nací. Doce veces al año amanece sin embargo un día 24; soy supersticioso, porque el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer; sin duda por esa razón creen los amantes, los casados y los pueblos a sus ídolos, a sus consortes y a sus Gobiernos, y una de mis supersticiones consiste en creer que no puede haber para mí un día 24 bueno.



El lado oscuro de la Navidad (II)



- ¿Hola? ¿Qué haces aquí a estas horas?
- Imagínate...
- No me digas que...
- Pues sí, me he escaqueado de la cena.
- Ya te vale, tú eres tonta.
- No me apetecía cenar con todo ese pijerío. Además, me da una pereza enorme vestirme de gala.
- Ya lo sé, pero te pagan una cena de la ostia y hay que aprovechar, vamos, que si fuera yo...
- Pero yo no soy como tú.
- Ah, vale, ya lo pillo.
- No, no, perdona... no quería decir eso, ya sabes lo que quería decir...
- No pasa nada. Es Navidad.
- ¿Me invitas? Por ser Navidad, claro.
- Sólo a la primera, el resto te las pagas tú, bonita, que últimamente aquí bebe todo el mundo por el morro.
- Y nunca mejor dicho.
- Ja. Estás que te sales de graciosa esta noche.
- Para nada.
- Lo sé. Por cierto, ¿cuándo te vas? ¿Ya lo sabes?
- Me han dado de plazo hasta después de vacaciones de navidad.
- ¿Y luego?
- Luego, después, futuro... Yo qué sé. En mi vida nunca ha existido la estabilidad, vete a saber dónde acabo. Gerona, Madrid o Vitoria. Elige.
- ¿Realmente lo quieres saber? Yo no, desde luego.
- Yo, depende. Hay días en que mataría por ver qué cara tendré a los cuarenta y días en que me asusta hasta saber cómo voy a pasar el fin de semana.
- Si es que yo te lo digo siempre, que estamos en una edad muy mala...
- ¿Y eso?
- Joder, pues está claro, porque no encajamos en ningún sitio.
- Eso lo dirás tú.
- Es verdad. Mira, sal por la noche, si te metes en el garito de enfrente sólo te encuentras con chavales indies de veintipocos... y si entras en el de la esquina de más abajo, tela marinera, prepárate para quitarte de encima a los cuarentones de turno (no los guapos, sino a los que están descolgados del mundo)
- ¿Y esa copa?
- Ya va, ya va, anda que estás hoy buena...
- Es que sólo me falta que vengas tú ahora a soltarme la parrafada de que los treintañeros tenemos una edad mala. Venga, no me jodas, estamos estupendas.
- Y solas.
- Habla por ti.
- No me seas chula. Hablo por las dos. Y no me digas que influye lo de tener pareja..
- No te iba a decir eso.
- ¿A no?
- No.
- ¿Entonces?
- No sé, supongo que en el fondo todos estamos solos. Por un motivo o por otro.
- ¿Me lo puedes explicar más clarito, señorita críptica?
- Claro. A ti te han dejado, ¿verdad?
- Vale tía, gracias por machacarme. Llevaba casi diez minutos sin acordarme.
- Perdona, era un ejemplo...
- Buena elección, pues.
- ¿Me vas a dejar que te lo explique o no?
- ...
- Gracias. Te decía que todos estamos solos. Tú, sin tu pareja. Otros porque son infieles, otros porque soportan cuernos...
- Otros porque no son correspondidos...
- Por ejemplo.
- Y otros porque no encuentran a su media naranja...
- Tal vez porque no existe...
- ¿"Tal vez"?
- Muy bueno. Pero más que no existir, creo que a veces las medias naranjas están tan lejos que es imposible que nos topemos con ellas...
- Sí, es una buena explicación pero no consuela.
- No lo pretendía.
- Ya.
- Bueno, no me líes. Lo que te decía era que no existe la felicidad completa, que siempre hay algo que nos fastidia la existencia. A veces es un motivo pequeño y a veces es algo más grave. Pero siempre hay algo.
- Ahí te doy la razón...
- Ya era hora...
- Venga, no te me pongas cínica... Oye, que no has tocado la copa, ¿y para eso tanta prisa?
- Pues mira, que me he puesto a hablar y ya ves. Pero tranquila que esto me dura a mí cinco minutillos.
- Lo que dura esta canción...

Operator, number, please:
it's been so many years
Will she remember my old voice
while I fight the tears?
Hello, hello there, is this Martha?
this is old Tom Frost,
And I am calling long distance,
don't worry 'bout the cost.
'Cause it's been forty years or more,
now Martha please recall,
Meet me out for coffee,
where we'll talk about it all.


- Me encanta Tom Waits.
- Seguro que esta también tiene historia, ¿a que sí?
- Vaya...
- ¿De qué va?
- Es una llamada de teléfono a una tal Martha.
- Guau, pedazo de argumento...
- No te pases. La cosa no acaba ahí. Por lo visto él la llama al cabo de un montón de años, fue su primer amor y, bueno, lo típico, recuerdan lo bonito que fue, y bla, bla, bla...
- Pero...
- ¿Pero?
- Siempre hay un "pero" en todas las historias.
- Sí, en esta resulta que los dos han rehecho su vida, pero por separado. Se han casado, han tenido hijos pero en el fondo, se nota una añoranza, una nostalgia de ese tiempo pasado.
- Normal...

And I feel so much older now,
and you're much older too,
How's your husband?
and how's the kids?
you know that I got married too?
Lucky that you found someone
to make you feel secure,
'Cause we were all so young and foolish,
now we are mature.


- Sí. Oye, ¿qué hora es?
- La una y media, pasadas.
- Ostia, qué tarde que es, ¿no?
- Sí, ya mismo cerramos. Estoy echa polvo. La gente sale un montón estos días.
- ¿Quieres que te espere y te llevo?
- Pero si no tienes coche...
- Pero sí tengo carnet.
- ¿Qué coño dices?
- Nada, que si quieres me dejas conducir a mí y, a cambio, te dejo que veas una de mis maravillosas pelis.
- Vaya mierda de plan, con perdón.
- Joder, muchas gracias por hacer compañía a una buena colega que se siente sola en esta puta ciudad...
- Vale, vale, no maldigas que cuando empiezas no paras...
- Es que ya te vale.
- Lo que pasa es que a mí no me gustan tus pelis.
- Bueno, pues elige tú, vemos la que a ti te guste.
- Eso y ya me convence más...
- Pero no te acostumbres...
- ¿Y a qué viene esa sonrisita?
- Nada.
- Suéltalo.
- Nada, pensaba en que vaya manera de pasar la noche del 25 de diciembre.
- No me dirás que no es original.
- No, si original lo es un rato.
- Pero...
- Pero tú ya sabes lo que pienso. Y siento.
- Pues no lo digas, ¿vale? No nos vamos a hacer más daño, ¿de acuerdo?
- De acuerdo.
- Y ahora levántate y ayúdame a echar la persiana, anda, haz algo útil esta noche.
- Encantada...

And those were the days of roses,
poetry and prose and Martha
all I had was you and all you had was me.
There was no tomorrows,
we'd packed away our sorrows
And we saved them for a rainy day.

And I remember quiet evenings
trembling close to you...


El lado oscuro de la Navidad



(Nota: te recomiendo leer el post clicando en cada uno de los enlaces ya que este diálogo, sin música, no se entiende)

- ¿Vas a empezar ya?
- Aún no, ponme otro. Y dame fuego.
- Llevas ya tres, ¿no te parece que es un poco pronto para ponerte a beber de esa manera?
- ¿Y tú me vas a dar consejos? ¿Precisamente tú?
- Vale, vale. Haz lo que quieras.
- ¿Quieres que te lo cuente o no?
- Te recuerdo que hemos quedado justo para eso...

hey
been trying to meet you
hey
must be a devil between us
or whores in my head
whores at my door
whores in my bed
but hey
where
have you been
if you go i will surely die
we're chained


- ¿Y ahora qué coño te pasa?
- Es esa canción que suena... me mata...
- ¿Esos no son los Pixies?
- Ummmm...
- Tía, estás demasiado borracha, oye, me largo, no puedo quedarme más rato, me esperan.
- No!, por favor, no me dejes, es... es... Nochebuena...
- ¿Y? Tú odias la Navidad y todo lo que tenga que ver con ella.
- No me dejes sola... quédate conmigo... quédate a mi lado hasta que me quede dormida...
- Estás mal, ¿verdad?
- ....
- Díme, porqué te escapas de la Navidad, ¿por qué te deprime tanto?
- No sabría explicarlo demasiado bien... mi padre murió por estas fechas... yo era muy muy joven, una adolescente, siempre recordaré la noche de Navidad, una noche en que me quedé sola... me puse a escribirle una carta... una carta sincera, larga, muy larga...
- ¿Y qué le decías?
- Que le quería, que aunque fuera demasiado tarde, que aunque yo nunca expresara mis sentimientos, que estaban ahí...
- Qué mierda, tía...
- Sí.
- Pero no puedes joderte la Navidad por eso, ya ha pasado y la vida sigue...
- Ya lo sé, no pienses que estoy amargada, ya sabes que no, tú me conoces... pero entiende que no tenga ganas de gritar villancicos y de meterme en el Corte Inglés a gastarme el sueldo en cosas inútiles...
- Ya, el maldito consumismo.
- No sólo es eso, me jode pasar estos días lejos de la gente que me importa.
- Le echas mucho de menos, ¿verdad?
- Son demasiados kilómetros... hasta que no pueda pasar la Navidad a su lado supongo que me seguiré sintiendo incompleta. Es lo que hay.
- Esto es sólo temporal, ya verás, el año que viene a lo mejor las cosas cambian, ¿no?
- Tal vez.
- Mira que te gustan esas dos palabras...
- ¿Cuáles?
- "Tal vez".
- Es verdad, no me había fijado, mira que me conoces...
- Vaya...
- Oye, ¿porque no pones algo más movidito?
- ¿Por ejemplo?
- No sé... sigamos con el mismo estilo... a ver, pásame esos CD.
- Toma.
- A ver... bueno! ya está! no miro más, pon la primera de éste...
- ¿Cuál es? Déjamelo...
- ¿Te suena?
- Ja, ja, qué cabrona que eres, claro que me suena! Ahora mismo lo pongo.
- Esta noche te echan fijo...
- Como siga poniendo esta música seguro que sí... Venga, deja la copa y vamos a bailar.
- Voy, espera...
- ¿Qué?
- Gracias.
- Venga coño, que ya está sonando.

Got me a movie
I want you to know
slicing up eyeballs
I want you to know
girlie so groovy
I want you to know
don't know about you
but I am un chien andalusia
wanna grow
up to be
be a debaser, debaser



(Dedicado a todos aquellos que se sienten fuera de lugar en Navidad, a todos los que no sonríen con los villancicos, a los que lloran comiendo las uvas, a los que no pueden abrazarse a su pareja y besarle el cuello mientras entramos en el año nuevo, a los que no pueden comprar regalos porque no tienen pasta, porque no encuentran trabajo, a los que no tienen casa, a los que sienten demasiado la ausencia de un amigo, de un ser querido que marchó antes de tiempo, a los que están en guerra, a los que duermen en un hospital, a los que no pueden dormir, a los que son minoría y se sienten desplazados, etc. etc. etc. Y no es hipocresía...)

Para quien lo necesite...

Para quien lo necesite, lanzo, disparo, arrojo y estrello estas notas en una noche de jueves-viernes en que la casa se me cae encima y creo que voy a tener que dormir, una vez más, en el techo...

Dondequiera que estés, norte, sur, o centro... que la disfrutes tanto como lo estoy haciendo yo. Toda para ti. Para que te cure el alma.

Te invitaría a un café



Hoy he conocido a una persona interesante. No me sucede cada día, para qué engañarnos. Y por eso me ha sorprendido. Siempre he pensado que el mundo se divide en dos grupos: aquellos con los que te encantaría sentarte a compartir un café y una buena charla, y aquellos con los que (en principio) no te atrae para nada la idea de compartir un rato de conversación.

Hubo una época de mi vida en la que me encontraba contínuamente con personas que me atraían (ojo, no hablo en el plan ligoteo, sino simplemente gente a la que conocer más a fondo) pero últimamente sólo me cruzo con personas que apenas me dirigen el saludo.

Hoy me he encontrado con alguien a quien conocía sólo de oídas. Una persona que tiene un cierto, llamémoslo así, prestigio profesional. Bien, hemos intercambiado algunas impresiones y algunos comentarios -rollo trabajo todo el momento- pero la cosa ha quedado ahí. Me hubiera gustado decirle algo así como venga, te invito a un café y me cuentas cómo bla, bla, bla...

Pues no le he dicho nada. Me he cortado. Claro, todo hay que decirlo, no nos habíamos visto jamás y eso intimida un poco. Luego he pensado que a veces nos comportamos como unos absolutos memos porque dejamos de hacer lo que realmente nos apetece por el miedo, tal vez, al qué pensarán de nosotros. Qué estupidez.

Y así nos pasa en muchos aspectos de la vida...

Lo inútil, lo admirable

La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente

(Prefacio de El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde)


Mi lista de cosas inútiles crece de manera increíble. Cada día me supero. Pero es que ya no puedo cambiar. Es demasiado tarde. Me refugio en la cita de Wilde como una bellaca cobarde. Qué ingenua.

Lo único que quiero tener claro -necesito creerlo- es que el año que viene va a estar lleno de cambios. Que sean positivos, eso ya no lo puedo asegurar.

Canciones para acabar un (desastre) de domingo

1. Desperado, Amparanoia con Manu Chao, Fermín Muguruza...
2. I can't believe it, The Animals
3. Decoración, Ellos
4. Famous Blue Raincoat, Leonard Cohen
5. Infinito, Bunbury
6. Purple Haze, Jimi Hendrix
7. Dream a little dream of me, The Mamas & The Papas
8. The Universal, Blur
9. Light my fire, The Doors
10.Ciervos, corzos y gacelas, La Polla Records



CIERVOS, CORZOS Y GACELAS

Estoy jodido y me siento idiota
En este mundo tan estúpido
La situación me está aplastando
Soy sólo desesperación
Pero tú, pero tú, pero tú
Me limpias

Quiero mirarte
Quiero que me mires
Quiero tocarte
Quiero que me toques
Y después, y después y después, quiero jugar
Yo y tu cuerpo
Tu y mi corazón

Tengo celos de la muerte
Que nos separará
Tengo miedo de perderte
Y no temo a nada más

Por eso yo
Necesito estar aquí
Yo, entenderte sin hablar
Y que se vayan a la mierda todos

esperar, esperar, esperar

Contigo quiero estar mil millones de años más
y no puedo esperar ni un minuto más.


hh:mm:ss, la buena vida


El día después



Has pasado la noche fatal, te has despertado unas treinta y seis veces. Te has levantado y te has mirado en el espejo: un metro y medio de ojeras, el cabello como Bob Marley en versión femenina. Te has ido a trabajar con la sensación de que tu cuerpo, tus manos y tus ojos no obedecían a tus órdenes. Intenta concentrarte, no duele, no duele, sigue aquí, volverás a casa y, al abrir la puerta, oirás alguno de sus CD sonando a todo volumen.

Al volver del trabajo -día insípido, la lluvia no se ha atrevido a aparecer, porque sabe que te sienta bien, que te limpia de males- has entrado a una pastelería. No a una cualquiera sino a la que solíais ir a comprar cosas para el desayuno. Has pedido dos croissants -uno normal y otro relleno de chocolate, por favor- y la dependienta te ha dicho qué, os gustaron el otro día, ¿verdad? Has asentido, intentando esbozar una sonrisa pero te ha salido una mueca imbécil. ¿Para qué coño acabo de comprar dos croissants si ya no estás? Jodida costumbre que te acaba de arañar la cara.

Ya tienes desayuno para dos días, piensas.

Has llegado a la calle donde vives. No te has perdido porque tus pies caminan solos y porque has vuelto a leer el nombre de la calle. Un nombre que no te dice nada. Caprichos de nómada, tal vez. Has abierto la puerta de casa, has entrado sin encender la luz. Silencio. No sonaba ninguno de sus CD. Te has sentado. Con fatiga has encendido un cigarro y ha vuelto a sonar Tom Waits.

No me pidas más esta noche.

Un pequeño regalo

Son las tantas de la noche. Sé que debería estar en la cama hace rato, durmiendo. Pero se me acaba de ocurrir dejarte un pequeño regalo flotando en el hiperespacio, ya ves, qué chorrada. Yo, que nunca escribo sobre ti.

Ayer me decías que no leías con demasiada frecuencia mi blog, que no me cabreara, porque no te era posible conectarte más a menudo. Ya lo sé. Y me gusta que no me leas cada día. Porque así cuando entras te puedes dar un atracón de posts...

No sé si leerás este post a solas o si me llamarás para que me siente a tu lado. Lo único que sé es que me encantaría dedicarte esta estrofa y desearte dulces sueños:

Hundí mi tenedor en tu pelo por casualidad,
cada segundo nos visita una calamidad.
se hincharon los dos cuerpos sin casi beber,
que puedo ver tus huesos nadie lo va a creer.


Que no te gustará el fragmento, no es ningún misterio, pero yo sigo fiel a mis gustos y sé que, en el fondo, eso te encanta.

Ojalá nunca cambies.

¿Dónde estabas hace cinco años?

Cuando el desafío a las leyes de la gravedad encuentra eco en alguien aquejado por la misma sed, la borrachera conjunta puede ser gloriosa, pero tiene mala resaca en general.

Irse de casa, Carmen Martín Gaite

Debo haber leído esta frase cientos de veces. Me gusta. Me fascina. La comprendo.

¿Dónde estabas hace cinco años? Estaba intentando construir una vida. Tratando de dejar a un lado asuntos de infidelidades, amantes, desconciertos y fugas a media noche. Se me había ido la mano con la mezcla de bella irrealidad/realidad cruel y llegué a creer que siendo un personaje secundario podría tener una oportunidad. Mi oportunidad.

Por suerte reaccioné. No lo hice a tiempo pero lo hice.

Levanté la cabeza. Me pinté los ojos y salí a la calle. Pasé meses y meses buscando piso. Una especie de iglú donde esconderme del verano. Del maldito verano.

Encontré lo que deseaba encontrar. Y me quedé muy callada. Más callada que nunca, porque me daba miedo hablar, moverme. Por si era un sueño, para que no se me desvaneciera en las manos.

¿Y Wendy creció? No creció. Pero dejó de ser como era para aprender a hablar con los ojos.


De qué sirve, quisiera yo saber...

Vale, ya es 1 de diciembre. ¿Quién escribió aquello de que abril es el mes más cruel? Venga ya, el peor mes es, sin duda alguna, diciembre.

Diciembre me hunde, me deja una nostalgia que me cuesta sacudirme de encima. Diciembre es una especie de barro que me ensucia la sonrisa. Por eso, intento ignorarlo, hacer como que no ha llegado, o mejor, fingir que esta vez ha pasado de largo. Que en la imprenta ha habido un error técnico y que los calendarios se han impreso con un mes de menos: qué fallo, hay un salto de noviembre a enero!

Echo de menos a demasiadas personas como para poder cargar con diciembre. Me niego. Ni puedo ni quiero.

Hoy me siento como Gil de Biedma, así que cambio el título de su poema (perdona, Jaime, la licencia):

CONTRA CAROL BLENK

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!




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