Habla conmigo...

-Cierra los ojos y pide un deseo.

-(Un clavo)

-¿Y ya está? ¿Y para qué quieres tú un clavo?

-Para todo.

-¿Para todo?

-Para mí sola. Para vivir en este mundo. Un clavo al que abrazarme si paso frío. Un clavo que me levante cuando he hablado demasiado. Un clavo. Un clavo limpio y tierno.

-Para que se te clave en la piel y...

-Y me la siembre de cosas buenas.




Cómo convertir un archivo a pdf

Hoy he tenido que redactar un mail explicando cómo convertir un archivo en pdf. Me ha quedado muy mono, con capturas de pantalla y todo. El caso es que mientras lo elaboraba iba escribiendo poco a poco cada uno de los pasos: primero esto, luego lo otro, etc. y mi cabeza mientras estaba -ella solita, que es muy independiente y solitaria- elaborando una metáfora.

Cómo convertir un archivo a pdf = cómo se convierten algunas personas en pdf

Puedes convertirte en alguien protegido, es decir, que no se te pueda alterar o modificar. Puedes volverte tan cerrado que no se te pueda imprimir en papel, que sólo se te pueda leer en pantalla. Puedes tornarte hermético, que sobre ti no se pueda dejar huella. Que nadie pueda hacer sobre tus palabras un simple "copiar y pegar". Que no sientas nada. Ni frío ni calor. Ni viento ni lluvia sobre ti.

Algunas personas son parecidas a los archivos pdf. Tanto, que dan pena.

Aunque a veces es preferible ser un pdf antes que un doc. A lo mejor te hacen menos daño y te vuelves menos vulnerable, ¿no?


¿Con quién (inaccesible) pasarías esta noche?

Hoy ha sido un día de resaca de tabaco y alcohol. Fui a un concierto estupendo, no porque fueran amigos sino porque tienen un estilo que me gusta muchísimo. El caso es que esta noche me voy a quedar en casa porque el cuerpo ya no me aguanta. Supongo que he tocado fondo, que he llegado a un límite y a partir de aquí nada funciona bien. La semana... una de las peores del año. Y no exagero.

Pero no voy a escribir para contar las penas. No me va ese rollo. Voy a limitarme a contestar a la pregunta del título.

Si me dieran la oportunidad de poder pasar esta noche con alguien, en principio, inaccesible, la pasaría con Chet Baker. No para hablar con él, no para meternos en la misma cama (esta noche no), sino simplemente para ponerme cómoda en un sofá, bajar la intensidad de la luz, tomarme un daikiri (¿quién habló de resaca?) y relajarme.

Y escucharle tocar. Y quedarme encantada oyendo su voz, su voz imperfecta pero que tantas cosas me hace sentir.

Esta noche la pasaría con Chet Baker, sin duda.



Embrace me
My sweet embraceable you
Embrace me
My irreplaceable you
Just to look at you
My heart grows tipsy in me
You and you alone
Bring out the gypsy in me

Aunque sea mentira...

Sentimos un gran placer cuando mentimos. Cuando hacemos la mentira creíble, cuando seducimos al otro, que tal vez sabe que mentimos y que nos está pidiendo que continuemos mintiendo.

(Fragmento de Digues que m'estimes encara que sigui mentida, de Montserrat Roig. La traducción del catalán es mía así que pido disculpas, pero quería transmitir el mensaje y sólo tengo la versión original...)


Rojo

Una vez más, vendrás en avión. Desde muy lejos. Y yo iré a buscarte de nuevo. En una semana. Nunca había tenido el corazón tan rojo, como diría Ana.




Sin decir nada

Hoy no me apetecía nada hablar. Es curioso, soy capaz de hablar por los codos pero, al mismo tiempo, no me importa pasarme horas y horas en el más absoluto silencio. Si es que estoy sola, claro está.

Hoy, como decía, ha sido uno de esos días en que rezas para no encontrarte a ningún conocido en el tren, para que no suene el móvil, para no recibir ningún mail indeseable... Sí, redactar un e-mail también es una forma de hablar.

Os preguntaréis (eh, hay alguien al otro lado?) qué demonios hago ahora escribiendo este post... Ni yo misma lo sé. Bueno, sí lo sé. Deseaba compartir estas fotos que he encontrado por el hiperespacio, preciosas, sin duda.

Recomiendo echar un vistazo a alguna de las composiciones de Ramón Masats (no os perdáis la serie de fotos de boxeo, estupendas), un fotógrafo de la época de posguerra; y el trabajo de dos italianas: Ardizzoni y Pascalis, que tienen una serie de retratos en blanco y negro que a mí, personalmente, me gusta observar así, como ahora lo hago, sin decir nada. Dejo una muestra de regalo...





Y si os animáis, podéis pasar un buen rato descubriendo más fotos.

Yo, por esta noche, lo dejo aquí. Off.

Autobiografía real

Escapé de las garras de Rick Astley y Bananarama, y cuando tuve que elegir entre Madonna y Cindy Lauper elegí a esta última. Hubo una época de mi vida en la que me rapé el pelo al uno y llevaba pantalones ajustados. En la década de los noventa fui toda una grunge (aún lo soy, en el fondo, en espíritu). Me enamoré de Kurt Kobain, uno de los hombres más guapos de la tierra. Nunca fui ecologista, más bien anarco/pacifista. Pero me desengañé de los movimientos sociales y ahora no me decanto por nada ni por nadie. Nunca salgo de casa sin anillos (siempre de plata), sin perfume ni sin el móvil. No me separo de mi agenda ni de mis hojas de papel repletas de anotaciones, recuerdos y tonterías varias que me ayudan a seguir adelante. Soy miope y me encanta salir a comer fuera. Estoy en contra del cánon que te obliga a pagar por préstamo en las bibliotecas. A veces me visto de negro y me pongo botas militares para camuflarme. Y salgo a bailar y a beber con mi sombra. Lloré con Eduardo Manostijeras y escuchando Creep de Radiohead, ya ves, lloro cuando no toca. No soporto los anuncios de Axe, los de los productos Pascual, los de Ferrero Rocher y Mon Cherie. Me hubiera gustado ser guionista de video clips pero me quedé en... Una vez me pasé nueve horas seguidas hablando en un bar, explicando una historia. Otra vez me presenté a un poeta -le eché un morro increíble- y me dedicó un poema en un recital. No he plantado un árbol ni he tenido un hijo. Después de pasar varios años deambulando como una peonza, me topé con alguien que me salvó el alma. Comencé a creer que, a veces, existen las casualidades. Y ahí seguimos. Haciéndonos reír y temblando.

Hay una canción que nunca falla si quieres verme bailar aunque no tenga ganas: YMCA (guaiemsiei). Me hace olvidar las penas y hasta mi nombre...



Negra




Lo estoy intentando, te lo juro. Pero por más que lo intento, no consigo escribir novela rosa. Me sale negra.

El día que murió Freddie

El día que murió Freddie recuerdo que yo iba a clase. Un 24 de noviembre de 1991. Yo, ajena a todo, entré en un aula y una compañera me dijo, nada más verme: "Oye, que se ha muerto Freddy Mercury".

Me quedé atónita. No supe qué decir. Supongo que sólo me salió un "qué putada, joder". Aquel día era como si me hubieran arrancado un trocito de mi historia musical.

Recuerdo poco más. Tan sólo que llegué a casa y me puse a escuchar The show must go on. Y que me puse a llorar. Precisamente, tú, Carol, tú que nunca lloras. Porque me dio mucha pena. Porque era un tipo que me caía genial. Porque me encantaba su música. Porque jamás había ido a un concierto de Queen. Porque ya nunca más tendría la oportunidad de verlos en directo.

Y me juré que jamás dejaría de hacer las cosas que me gustaban. Que nunca volvería a arrepentirme de lo que no había hecho, sino de todo lo que sí había hecho. Que intentaría vivir como si cada día fuera el último. Que no volvería a dejar temas pendientes para mañana. Que me quiten lo bailao, una de mis frases favoritas.

Al fin y al cabo, the show must go on...





Brown Eyed Girl (trazando un futuro)

Agarré mi vaso, me encendí un cigarro y salí a bailar. Sonaba Brown Eyed Girl, de Van Morrison (maravillosa).

Sonreí. Me sentí bien pensando en el presente/futuro.

So hard to find my way,
Now that I´m all on my own.
I saw you just the other day,
My, how you have grown,
Cast my memory back there, Lord,
Sometimes I´m overcome thinking ´bout
Making love in the green grass,
Behind the stadium with you...
My brown eyed girl
You my brown eyed girl



Ashes to ashes

Esta tarde he cogido el tren para volver a casa. Hacía frío, la estación era de esas descubiertas, no demasiado bonita, por cierto. Faltaban unos diez minutos para que llegara mi tren así que he aprovechado para encender un cigarrillo (mi segundo del día; el primero me ha sabido mejor, en la barra de un bar, observando/espiando conversaciones ajenas... stop, este tema merece un post aparte)

No se porqué pero he reparado en que yo era la única fumadora en aquella estación. "No puede ser", he pensado. Pues sí. He mirado a un lado, a otro. Nadie. Ni un sólo pitillo. Y eso que había muchos jóvenes en edad típica de fumar. Ni siquiera esos.

La parte racional y lógica de mi cerebro me ha dicho que tampoco era tan grave puesto que no habría demasiadas personas en el andén así que el porcentaje de fumadores también habría de ser, en consecuencia, reducido.

La parte paranoica de mi cerebro -todos la tenemos, no me lean con ese gesto de extrañeza, por favor- me ha obligado a contar a todos los allí presentes: uno, dos, tres, joder qué frío que hace, cuatro, cinco, seis, siete, qué ganas tengo de salir contigo a tomar una copa y hablar de nuestras cosas, ocho, nueve, diez, once, todavía no me han pagado aquel curso, qué impresentables, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, tengo que comprar café, leche y velas, dieciocho, diecinueve... Unas treinta y cinco personas. Y una fumadora. Yo.

Me he sentido en el planeta equivocado. ¿Qué está pasando en el mundo que yo no me entero? Supongo que se me ha disparado la imaginación... y me he visto como Charlton Heston en la secuencia en que descubre a la estatua de la libertad semienterrada en la arena.



Así de extraña me he sentido en el andén. Como una marciana. Como una hormiguita con casaca de cuero marrón. Fumando un camel con los labios y con el alma.

Banda sonora de esta noche: Lágrimas negras, de Bebo & Cigala. Tema número seis: Se me olvidó que te olvidé. Para temblar de placer al oírlo.

Se me olvidó que te olvidé
se me olvidó que te dejé
lejos muy lejos de mi vida.

Se me olvido que ya no estás,
que ya ni me recordarás
y me volvió a sangrar la herida.

Se me olvidó que te olvidé
y como nunca te encontré
entre las sombras escondida.

Y la verdad no sé porqué
se me olvidó que te olvidé
a mí que nada se me olvida.

Escribir en España no es llorar, es beber

Esta noche no voy a escribir nada (propio o personal). Me ha llegado, me ha caído del cielo -supongo que alguien tiene la culpa indirectamente de que así haya sucedido- este poema de Leopoldo María Panero (la familia Panero también tiene toda una historia...) y me he quedado embobada leyéndolo.

Y como me ha parecido precioso, he decidido dejarle todo el espacio necesario para que pueda así llegar a otras manos.

Dulces sueños. Necesito dormir después de noventa y nueve noches de insomnio...





LA CANCIÓN DEL CROUPIER DEL MISSISSIPPI

Canción pirata

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.

Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.

Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.

Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.

Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio en Veracruz, y que este
país es cierto este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.

Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.

Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
- ginebra y cerveza, por ejemplo -
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en "Dulce pájaro de juventud"
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
la marea del vino en la sangre y el alma.

O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!

Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.

Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
tinto y sangre "Le livre des masques" de Rémy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol ante los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.

Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas.
"Fifteen men on the Dead Man's Chest
Fifteen men on the Dead Man's Chest
Yahoo! And a bottle of rum!"


Last River Together (1980)

La otra orilla (las influencias musicales)

Esta noche me he puesto La otra orilla, de Los Enemigos. Y he recordado cómo conocí a este grupo. Me los "presentó" una amiga hace algunos años, me prestó un CD doble con un concierto estupendo: Obras Escocidas (no, no es una errata)

Lo escuché y me quedé encantada. Me dejé llevar con la impresionante Sin hueso (una colaboración genial con Los Planetas, qué versión más hipnótica, por favor), canté la letra de Todo a cien y lloré en silencio, encogida de pena, con An-tonio, porque a mí también se me había ido un Antonio... por aquellas casualidades de la vida, casualidades malas, de las que duelen...

Y esta noche me pregunto -again and again- en qué orilla estoy...

[...]

Allí todo brilla
Allí todo encaja bien
En esta orilla
Yo no hago pie
¿Y si me arrepiento
Una vez allí?
¿Y si son todo cuentos?
¿Y si…?
“No seas tan lento”
Parecen decir
“Hoy sopla el viento
Sólo para tí”
Y aquí todo brilla
Aquí todo encaja bien
En la otra orilla
No hacía pie




Reflexiones que dan miedo

Lista de los útimos diez libros que tengo entre manos para consultar o simplemente leer fragmentos que me interesan:

1. Teoría del hipertexto, G. Landow
2. Narrativa audiovisual, J. García Jiménez
3. La imagen en movimiento, G. Deleuze
4. Lucía y el sexo, J. Medem
5. Estrategias de guión cinematográfico, A. Sánchez-Escalonilla
6. El significado del filme, D. Bordwell
7. Mapas de sitios web, P. Kahn y K. Lenk
8. Taller de escritura para televisión, L. Vilches
9. Morfología del cuento, V. Propp
10. Trayectoria del Romanticismo español, R. P. Sebold

Preocupante. No hay uno sólo título de ficción... Vale, el guión de Medem, pero ni una sola novela, por ejemplo.

Miedo da ponerse a pensar en cosas como ésta. Habrá que comenzar a hacer algo al respecto. De momento, me voy este puente a buscar otro clima mejor... Tal vez vuelva con una lista diferente de lecturas... Tal vez no, espero y deseo.


Autobiografía irreal

Me llamo Carol (aunque todos me llaman Candela). Nací en 1968, en un pequeño pueblo cercano a Donosti. Cuando tenía seis años me llevaron -por problemas económicos que tenía mi familia- a vivir a Santiago, y allí estuve hasta que terminé los estudios primarios. El resto de mi vida la pasé entre Barcelona y Menorca. Una temporada rodeada de playas y otra asaltada por el caos de la ciudad. En Barcelona estudié la secundaria y allí también fui a la universidad.

Comencé Filología Escandinava pero no conseguí acabar. Me pasé a anglogermánica y tampoco pude. Por aquella época no lograba terminar un sólo proyecto. Pasó el tiempo y decidí matricularme en Historia del Arte. Dicen que es la carrera "con más pasado y con menos futuro". Qué cierto. Os lo aseguro.

Trabajé de dependienta en una joyería, de telefonista/recepcionista en un hotel de las Ramblas... Tuve varios trabajos hasta que decidí presentarme a las oposiciones para controlador aéreo. Necesitaba algo de estabilidad y, por supuesto, dinero para pagar el alquiler de mi piso en el barrio de Gracia.

Conseguí -aún no sé cómo- la plaza de controladora en el aeropuerto de Madrid pero, para mi desgracia, duré apenas dos años. Un buen día me llegó una carta: Apreciada Sra. Blenk, no puede seguir trabajando en este puesto a causa de su exceso de imaginación.

Lo sabía. Intuía que eso pasaría más tarde o más temprano. Mi imaginación me la había vuelto a jugar. Aquel trabajo tampoco era para mí.

Me metí en la enseñanza, di algunas clases de literatura rusa del XIX, de esperanto, de lenguaje para sordos! Enseñaba tantas materias, y tan diferentes todas, que llegó un momento en que sentía que sabía un poco de todo pero en realidad que no había profundizado en nada.

Y mientras todo esto pasaba en mi vida profesional... la personal seguía dando tumbos. Me resistía a envejecer -no envejezcas, Carol, resiste todo lo que puedas- y a dejar la vida que había llevado siempre. La que me gustaba.

Fui durante cinco años guitarra rítmica en un grupo pop. Me echaron porque me empeñé en suplantar en más de una ocasión al cantante (era un cabrón que cantaba de pena)



Después de abandonar el grupo -Los Amarillos, nos llamábamos- las cosas empeoraron. Una noche, se me ocurrió la brillante idea de robar una bola de billar en un antro al que jamás había ido. Robé la negra. Me detuvieron y pasé tres largos meses en la cárcel. Los aproveché para estudiar euskera y gallego. Y para escribir un libro de relatos que, afortunadamente, jamás se llegó a editar en España (en Argentina sí)

Cuando salí en libertad había cumplido 34 años y decidí que había llegado el momento de cambiar de vida. De centrar la cabeza y de comenzar, de una vez por todas, desde cero.

Y así lo hice.

Pero no pude cambiar mi manera de ser. Y volví a las andadas.

Y ahora sigo teniendo miedo a envejecer. A abandonar mis sueños. A que dejen de quererme. A llevar la vida que nunca quise llevar.

Pero sigo haciendo lo que me hace sentir bien. Y eso, a fin de cuentas, es lo único que importa.

Nobody Loves You (When You're Down And Out)

Anoche compré un acústico de Lennon a un vendedor ambulante que entró al bar donde estábamos tomando algo. Al regresar a casa lo puse e, irremediablemente, comencé a darle vueltas a la cabeza...

Sonó God. Me emocioné como cada vez que la oigo. Escucharla es siempre una primera vez. Qué canción tan dura. Qué verdadera. Pensé en mí, pensé en ti. Abrí los ojos y vi que era muy tarde, que volvería a dormir poco. Una noche más, una noche menos.

Sabía que tú tampoco estabas durmiendo pero no te di señales de vida.

Así que volví a escuchar God y, en silencio, fumándome un cigarro, te la dediqué. A pesar de que, posiblemente, a ti no te dice nada.

Escúchala si puedes, sólo has de pulsar este enlace...


God is a concept
By which we measure
Our pain
I'll say it again
God is a concept
By which we measure
Our pain

I don't believe in magic
I don't believe in I-Ching
I don't believe in Bible
I don't believe in tarot
I don't believe in Hitler
I don't believe in Jesus
I don't believe in Kennedy
I don't believe in Buddha
I don't believe in mantra
I don't believe in Gita
I don't believe in yoga
I don't believe in kings
I don't believe in Elvis
I don't believe in Zimmerman
I don't believe in Beatles
I just believe in me
Yoko and me
And that's reality

The dream is over
What can I say?
The dream is over
Yesterday
I was the dreamweaver
But now I'm reborn
I was the Walrus
But now I'm John
And so dear friends
You just have to carry on
The dream is over




La duda

Ayer pasé por una tienda que me gusta mucho. Tienen un montón de pósters, de todo tipo, además de un buen surtido de objetos de escritura. Suelo entrar a ver los cuadros, las láminas y, en general, todo aquello que me llama la atención (el escaparate está siempre muy trabajado)

Bien, pues ayer tenían en un rincón esta preciosidad:



Me quedé un rato observándolo. No recordaba esa foto de Robert Doisneau. La tenía muy vista pero ayer, no sé porqué, me preguntaba quiénes serían los protagonistas de la imagen. ¿Serían pareja? ¿Colegas? ¿Modelos? ¿Unos espontáneos? ¿?

Podría haber buscado en el dios Google (a Google le dedicaré un largo y extenso comentario, que bien lo merece) pero he preferido quedarme con la duda. Con el placer de la duda. Que a veces prefiero no saberlo todo.

¿Y si...?

A veces me pregunto cómo me irían las cosas, en el presente, si mi vida hubiera sido de otra forma. Tomar una decisión determinada, realizar un viaje en un momento concreto, hacer una llamada... Cosas que, tal vez, habrían servido para orientar la existencia hacia otros rumbos.

¿Y si hubiera estudiado Periodismo?
¿Y si me hubiera ido a hacer el Interrail?
¿Y si me hubiera casado?
¿Y si hubiera tenido un crío?
¿Y si me hubieran gustado los animales?
¿Y si hubiera sido vegetariana?
¿Y si hubiera jugado a póker?
¿Y si...?




¿Y si jamás hubiera llegado a mis manos, allá por el 91, el Surfer Rosa?

Comestibles/intragables

He hecho un ejercicio. Rollo relajación después de una jornada muy intensa, y muy larga. Consiste en apuntar cinco pelis que me gustan y cinco que me desagradan. Así, sin pensarlo demasiado, sin dejar pasar el tiempo para reflexionar.

Éste ha sido el resultado:

NO APTOS (intragables)

1. Martín H: quién habla así en la vida real?, venga hombre, que las palabras no son discursitos en plan pedante...

2. Qué bello es vivir: y qué mal me sentó ver esta película (empacho de cursilería)

3. El tambor de hojalata: vale, sí, la vi de pequeña y supongo que no me enteré de nada pero el recuerdo que me quedó es de un pequeño niño c..... (rima) que no dejaba de tocar el tambor (otra rima)

4. Hable con ella: Almodóvar tocando fondo...

5. Smoke room: bien, mareemos un poquito con esos primerísimos primeros planos -uno tras otro, venga, venga, venga- al pobre espectador que está repantingado en el sofá de su casa. Y consigamos que vomite del mareo con la cámara al hombro, in-out, in-out, in-out...

APTOS (comestibles)

1. Moulin Rouge: sí, qué pasa, me encanta esa mezcla de clásicos/modernos y esa fotografía y esos travellings magníficos... y la Kidman cantando.

2. Días de vino y rosas: sería la cara opuesta de Qué bello es vivir. Lo dura que puede resultar la vida si tienes una botella de alcohol pegada al alma.

3. Lluvia en los zapatos: lo sé, es malísima. Pero di con ella en un momento de mi vida en que yo era una de las protagonistas... y ver tu vida en pantalla no pasa cada día. No me arrepiento, qué narices.

4. Tierra: porque a veces me siento como Ángel, entre la tierra y el cosmos, en ese espacio indefinido que hay justo en medio.

5. El chico: porque Chaplin con ese crío (Cogan) es lo más tierno que he visto -en cuanto a fotogramas se refiere- en mi vida.


P.S: Pido disculpas si alguien se ha sentido ofendido con los comentarios, pero este blog es prácticamente el único espacio de mi ajetreada vida en el que puedo expresar de manera libre lo que pienso/opino/reflexiono. Bueno, en la vida "real" también lo hago pero eso me ha hecho crearme una fama -¿injusta? ¿merecida?- de tipa rara, asocial e independiente. ¿Me importa realmente? Ya no, por suerte...

Amigos y noche, noche y copas...



Vale. Lo reconozco. Vuelvo a casa con una copa de más. Perdón por la mentira. Son dos copas de más. Las suficientes para que mis dedos se deslicen libres por el teclado del portátil, sin miedo a escupir la verdad. Sin miedo a decir tantas cosas que a veces me callo. Por parecer entera, supongo.

Benditos sean los amigos. Porque sin ellos, en noches oscuras como ésta, no sé qué sería de los que tenemos el alma medio entera.

Lo que quiero decir es que acabo de venir de pasar la noche charlando de la vida -la puta vida, la triste vida, la media vida que la mayoría desperdiciamos- con un par de colegas. Benditas sean ellas. Y gracias por hacerme sonreír, por conseguir arrancarme la parte cínica que llevo dentro y que a veces olvido.

Nos hemos reído de medio planeta y de tres cuartas partes del universo. Ja.

He vuelto bastante etílica. Bastante guapa. Mejor conmigo. Casi en paz con mi sombra.

Hemos compartido seis ojos, seis manos y tres copas de vino llenas ininterrumpidamente.

Hemos acabado de trazar planes y de construir cabañas de madera donde nunca anochece.

He hablado de ti.

Te han recordado.

Y de nuevo nos han dado las tantas expulsando penas y demonios buenos.

Dulces sueños.

(Yo estoy tan despierta que pasaré más de cien días antes de cerrar los párpados)

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