...y largarnos lejos...

Ahora mismo lo único que me gustaría hacer sería correr hasta tu casa, sacarte de ella y llevarte conmigo... Largarnos en Vespa y llegar hasta Galicia. Tú y yo. Sin equipaje y sin pasado. Borrón y cuenta nueva.

Que el resto de cosas, en esta vida, para mí han pasado a un segundo término.


Antes de que el tiempo lo cambie

Descubrí a Kavafis -genial poeta- hace muchos años de una manera que no deja de ser curiosa. Estaba en la universidad y tuve que comentar un poema. Me tocó justo éste:

ANTES DE QUE EL TIEMPO LO CAMBIE

Grande fue su dolor cuando tuvieron que separarse.
No querían; pero así fueron las circunstancias.
La necesidad obligó a uno de ellos
a irse lejos -New York o Canadá.
Su amor no era ya ciertamente lo que antes había sido;
porque el deseo lentamente fue a menos,
Porque el deseo lentamente moría.
Pero separase, ninguno lo quería.
Las circunstancias obligaban. -Quizás convertido en artista
el destino ahora los separaba
con emoción, antes de que el tiempo los hubiera cambiado;
el uno para el otro serían así como habían sido,
los bellos muchachos de veinticuatro años.


Qué belleza, por dios... Me quedé atónita. Jamás en mi vida había leído nada igual. Bueno, supongo que también influyó la época, cuando tienes veintipocos puedes ser muy susceptible... El caso es que me apunté el nombre mágico: Kavafis. Para que no se me olvidara.

Al cabo de los días ya me había comprado una edición de su poesía completa de Kavafis. Era lo mejor que había leído en mucho tiempo. Aquellos poemas me tocaban el alma, qué cercanos, qué reales.

Y es que tuve la suerte de pillar a Kavafis justo en el momento en que mejor me supo...



Ni una maldita florecita...



Cuando eres feliz no te das cuenta en ese momento. Me explico. Sí, lo sientes, lo notas, el cuerpo te cambia y te sientes genial pero no eres consciente. Pasa como cuando eres bebé. Te alimentan, te mecen, te acarician, te llevan de paseo y te lo dan todo hecho. Luego es una pena porque no recuerdas nada de esa etapa, no la puedes saborear.

Con la felicidad pasa algo parecido. No eres consciente de que la tienes. Es luego, al pasar el tiempo y recordar, que tienes esa sensación de no haberla saboreado cuando tocaba. Pero no se puede remediar, ¿verdad? Cuando la pierdes la echas de menos y te fastidia no haber tenido consciencia de ella.

Yo no fui consciente de ello hasta que oí esta canción de Christina Rosenvinge:

Ni una maldita florecita

Pareciamos buenos sonriendo a los niños

hablando de perros, de amor y asesinos

jugamos a indios contra vaqueros

ahora estás vivo y ahora estás muerto .

Un día de vagos en otra ciudad

si me das un trago te enseño a bailar

dame la mano y dame ahora un beso

no te hagas el duro que no me lo creo,

no me lo creo...

El día en que yo fui feliz

nadie tocaba el violín

ni una maldita florecita

ni arcoiris sobre mí.

Andábamos casi a dos metros del suelo

limpios y guapos, caídos del cielo

compré una historieta de Corto Maltés

y tú una chaqueta de soldado gris.

Luego borrachos en un club de jazz

creo que hablamos un poco de más,

quiero que siempre te quedes conmigo

ahora que tú eres mi único amigo.

Mi único amigo...

El día en que yo fui feliz

nunca pensé que fuera así

y como nadie me avisó

no me di cuenta y me dormí...

me dormí..

Que no falten nunca los Simpsons

Estos cuatro personajillos me alegran la existencia, me hacen sonreír, consiguen transmitirme ese punto de cinismo tan necesario en esos días en que todo parece que no tiene demasiado sentido... Gracias.




Elige secuencia

- Elige secuencia.
- Ummm, ya está, ¿qué te parece ésta?



- ¿Ésta?
- Sí, ésta me encanta.
- Pero si no vale un duro.
- Eso lo dirás tú, listilla.
- No le veo la gracia, ¿qué tiene?
- Pues que ellos, estando tan cerca, ni siquiera se ven.
- Ya, y yo me lo creo. Ese rollo de que él se enciende un cigarro y con lo grande que es la plaza resulta que a ella le llega el aroma del humo, venga vamos!
- Qué poco romántica que eres.
- Ni poco romántica ni leches, yo no creo en la casualidad.
- ¿Ah, no? ¿Y la cita de Cortázar?
- ¿Cuál?
- La que me escribiste en aquella novela: "Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que íbamos a encontrarnos". Qué pasa, ¿ya no te acuerdas?
- Era una cursi. No volvería a escribirte nada así.
- Pues tú te lo pierdes, niña. Venga, elige tú ahora.
- Déjame que piense, ¿no?
- No, el juego es así, tiene que ser rápido.
- Vale, vale... Cojo ésta:



- Oh, qué preciosidad, eso sí que es ternura...
- No te pases...
- ¿Qué no me pase? Ahora me dirás que tiene un sentido simbólico-metafísico que es la ostia...
- Pues no, me gusta la canción de Lou Reed y el flipe del personaje.
- La canción pase, pero el resto...uf.
- Respect me.
- Vale, pero ahora nos vamos tú y yo a cenar por ahí, ¿hace?

Las tres preguntas

Hay tres preguntas que nunca deberíamos hacer:

1. ¿Qué edad tienes?

2. ¿Cuánto ganas al mes?

3. ¿Cuál es tu orientación sexual?

Nunca hagamos estas tres preguntas, por favor. Al menos, en la primera conversación...

Aunque siempre se puede defender uno/a soltando tres buenas respuestas:

1. Más de la que aparento.

2. No tanto como quisiera, pero lo suficiente como para darme algún que otro viajecito.

3. La misma que con la que nací.

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