"I guess I'll see you in the movies"



Fui a un cine pequeñito. Éramos exactamente doce personas. Me senté sola en la oscuridad durante dos horas largas. Me gustaron los zapatos de él, soñé un poco con ponerme sus trajes, tocar su piano y conducir su coche. 

Debo confesar que la película me gustó más de lo que me esperaba, sobre todo el impactante final, tan real como la vida misma (no sigas leyendo si no deseas que te arruine el argumento o si aún no la has visto). No quise leer críticas ni ver los tráilers, últimamente sólo veo las películas así, sin contaminarme de lo que otros puedan contarme. Aunque saber que era del mismo director que mi admirada Whiplash me dio bastante confianza.

La dicotomía entre luchar por un sueño personal o quedarte con el que se supone que es un amor verdadero, eso es lo que yo extraje del filme. No voy a opinar acerca de la protagonista, de que si se comporta como una cabrona con él porque, al fin y al cabo, es justo él el que la anima a ir a la audición final que la hará convertirse en una estrella (recuérdese los aires que se da al volver al café en el que trabajaba cuando era una don nadie). Evidentemente, me ha llegado más el personaje masculino, no sé, me ha parecido mucho más honrado, honesto y fiel a sus principios.

Cuando has amado mucho a alguien entiendes la mirada final entre los protagonistas. Esa despedida con los ojos, con el alma, como queriendo decir qué bien nos quisimos tú y yo, ¿verdad?, qué grande fue nuestra historia, cuántos momentos históricos, ¿los recuerdas? porque yo jamás los voy a olvidar, y sé que tú tampoco.

Y justo ahí me acordé de ella. Y me pregunté si habría pensado también en mí. No en plan lastimoso sino recordando todo lo grande, todo lo bueno que vivimos en ese momento precioso que tuvimos la suerte de compartir.




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