De cómo una frase bien elegida puede cambiarte la vida y traerte a la chica más especial del planeta a tu cama



Me ha caído esta mañana esta canción de la hermana de Rufus y me la he apuntado para no perderla. No sé de qué habla, ni siquiera la he buscado porque creo que es tan bella que podría tratar de la genética de los pingüinos en el siglo XIX y me parecería igual de increíble.

Mañana me voy de viaje a la ciudad que más amo. Quiero llevar allí a Suzanne porque nunca ha estado y eso me parece una oportunidad buenísima para hacerle de cicerone y perdernos por los sitios que más me gustan. Ya sé dónde desayunaremos, dónde comeremos y qué calles vamos a pisar.

Tengo suerte de poder vivir todo esto. No me voy a hacer la petulante y a fingir que no es nada, que no tiene valor porque en el fondo sé que ha sido una gran carambola, lo que pasa es que me avergüenza mencionarlo. Me siento a veces como si me hubiera tocado la lotería y no quisiera que el vecindario lo supiera, por sentirme tan afortunada. Por eso apenas hablo de ella. Por eso digo que estoy bien, sin pararme en los detalles.

Pero, sinceramente, me siento como si habitara el mejor de los poemas de Kavafis. Esos que tanto me agradan.

2 comentarios:

Editora con carrito 1/4/17 02:16  

Caigo en tu blog en esta noche de insomnio y te leo «me siento como si habitara el mejor de los poemas de Kavafis.»... No podías escribir mejor, Blenk. Y no sabes cómo me alegra que te sientas así.

Y qué maravilla de canción, yo tampoco quiero buscar de qué habla.

Carol Blenk 13/4/17 21:36  

MI QUERIDA EDITORA,

Qué bien que hayas estado por aquí en una noche de insomnio (mal por el insomnio, claro). Gracias por tus palabras, como siempre.

Y que sepas que os echo de menos, estáis muy lejos.

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