Por favor, sorpréndeme



Estúpidas creencias, normas o saber estar. Creo que me he hecho un reset sin querer y no recuerdo muchos de los puntos clave de los últimos años. Ignoro si esto es bueno o malo. Este mediodía he tenido un amago de ataque de ansiedad, me lo he notado, estaba con la sra. Blenk y he tenido que disimularlo a pesar de la sensación de asfixia. Igual es que se me está quitando la capa de valentía, como esos coches mal pintados en los que cualquier día empieza a asomar la pintura que había debajo, la más antigua. 

Está lloviendo y me anima. A veces mi cara oscura se alegra de estas cosas. Y a partir de esta sentencia algunos me van a dejar de leer porque de repente voy a caer fatal. Barcelona ya no mola nada. Porque nos han dividido -aunque nos hayamos resistido (la gran mayoría)- y esto ya no tiene arreglo, los dos bandos nos miramos entre nosotros sin reconocernos. Batalla de pregones en las fiestas de la Mercè y otros hechos absurdos que no deseo nisiquiera investigar.

Barcelona molaba en 1988, cuando se hizo público lo de las Olimpiadas. Qué felices y salvajes fuimos, recuerdo que los coches pitaban por las calles, que nos abrazábamos todos y que aquello era lo único que parecía importar. No había diferencias, no existían los bandos, al menos a nivel de calle.

En el colegio nos hicieron escribir un poema dedicado a los Juegos Olímpicos y yo pinté los aros con lápices de color, encabezando mi oda. Rimaba y todo, tuvimos que cuadrar los versos para que cuadraran las sílabas. No sé si la ignorancia nos hacía más felices, estábamos todos conectados, unidos por una ilusión deportiva, aquello iba a ser la bomba, sin duda.

De aquel espíritu -llamadme pesimista- creo que no queda nada, ni rastro.

Por favor, sorpréndeme. Como los de la canción.


4 comentarios:

Blau 24/9/16 10:56  

Carol, en esta oportunidad no puedo estar más en desacuerdo contigo. Barcelona molaba en el 1988, mola y mucho en el 2016 y molará infinito en el 2050. Es por excelencia la ciudad eterna. No es justo juzgar a la ciudad por las acciones de las personas que están en un momento dado. Como siempre digo, no sabemos lo afortunados que somos de vivir en Barcelona.

Paola Vaggio 24/9/16 12:46  

La división de Barcelona es como una ruptura amorosa, la fase de los reproches. Siempre hay uno que cree tener más razón y etc. El sentimiento de hermandad de las Olimpiadas son los recuerdos felices.

Carol Blenk 24/9/16 13:01  

BLAU,

Soy consciente de que mi opinión es eso, una simple opinión y que la mayoría de gente no está de acuerdo. No pretendo sentar cátedra, faltaría más, pero es lo que siento desde hace mucho tiempo. Para mí Barcelona mola muy poco, ha perdido todo su encanto y no me siento afortunada de vivir aquí porque cuando he podido vivir en otras ciudades me he dado cuenta de lo bien que se vive fuera, no sé, la gente tiene otro rollo y percibo un ambiente más relajado, despreocupado y, en definitiva, algo más feliz.

Carol Blenk 24/9/16 13:01  

PAOLA,

Ummm, sí, tal vez sea una buena imagen la de la ruptura amorosa, con matices, eso sí. Lo malo es que esto ya no se arregla ni con unas olimpiadas...

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