Noneim o el día en que mi caballo regresó a casa dos años después

El 14 de enero de 2014 escribí esto:

Mi madre ha tenido la brillante idea de regalarme un caballo para reyes. Lo he llamado Noneim y lo alimento de jamón porque es lo único que le gusta. Ya se me ha escapado dos veces y la última de ellas lo tuve que ir a buscar a la policía nada más y nada menos.

Creo que mi vida va a ser más complicada de ahora en adelante. Mi experiencia con los animales nunca fue demasiado fácil (véase la historia del lince bebé, por ejemplo, y las movidas que tuve por aquel entonces con los de la protectora).

Ahora duerme en mi sofá amarillo. Lo miro a oscuras con la ayuda de una linterna -es tan sensible que no puedo ni encender la luz- y me conmueve. En realidad, es un animalillo indefenso y vulnerable, siento que depende de mí y eso me hace sentir muy responsable. Es una sensación extraña, me gusta pero al mismo tiempo me aterra no ser capaz de cuidarlo como se merece.

¿Cómo saber si lo que hacemos es lo correcto? 


El 12 de junio seguí explicando más cosas de Noneim:

[...] La señora Blenk me ha vuelto a plantar las macetas que se me había marchitado. Ahora las tiene en proceso de vigilancia, hasta que estén bien agarradas, y luego podré llevarlas a casa. Me pone triste no saber cuidarlas. Como me abate cada vez que las protectoras me alejan de alguna de mis mascotas. Tuve un pingüino (Steve) que comía salchichas de frankfurt, un lince bebé (que se dormía con canciones de los Stones) y un caballo llamado Noneim. Se los llevaron a todos. Soy una tipa que pone en peligro las vidas de sus animales bebé. Como la canción de Los Planetas, esa que dice lo de no voy a decir que cuidaré de ti, ni siquiera sé cuidarme, es posible que sea yo quien necesite que lo salven. [...]
  


El 20 de junio de 2014 le perdí la pista definitivamente:

[...] Ayer, durante la movida del nuevo rey, vi a Noneim, mi caballo. Llevaba la bufanda republicana que le tejió mi madre, estaba entre la multitud de caballos de la guardia real, camuflado entre ellos, pero tuve tiempo de verlo en los dos segundos que duró el plano en mi televisión. Me sentí inquieta y preocupada porque sabía que iban a detenerlo... y así fue. Me llamó una amiga desde Madrid.

- Carolina.
- Que no me llames así, que así sólo me llama mi madre.
- Vale, Carol, vale.
- ¿Qué pasa?
- Supongo que lo has visto, ¿no?
- Sí, lo sé, tienen a Noneim.
- Puedo pagar la fianza si quieres.
- Te lo agradezco pero sabes que sigo sin poderme hacer cargo de él...
- Lo sé, Carol, pero no puedes dejarlo ahí toda la noche.
- Gracias.

Mi caballo detenido por republicanismo animal. Es lo que me faltaba. [...] 


El último día de septiembre de 2016:

Me he asomado al balcón muy nerviosa, había oído un relincho que me era familiar, excesivamente familiar. Ahí estaba Noneim, casi dos años después, sucio y fatigado pero mirándome con los mismos ojos de siempre. Noneim, mi querido caballo blanco, perdona que llore pero es que por un momento he regresado al 2014 cuando te encontré a la salida de mi clase de inglés y le envié una foto a ella, te puedes creer lo que me he encontrado, ¿a que es un cielo?, y ella no me quería creer, que le parecía otra de mis trolas. Que no, que no, que es verdad, que hoy mismo me lo llevo a casa, está solo y perdido.

Fue verle y quererle. Aquel caballo me había mirado como nadie, sincero, suplicante, con ganas de tener un hogar. Los dos ansiábamos formar un hogar, a él lo habían abandonado, yo tenía una casa incompleta. Le necesitaba y me necesitaba como se necesitan los huérfanos pequeños.

Noneim ha vuelto y no sé si voy a ser capaz de darle lo mejor. De momento tengo que pensar en esconderle porque posiblemente ya tenga a varias protectoras pisándole los talones.

Lo acabo de acostar en el sofá amarillo, como antes. Le he puesto su canción preferida, un tema de Carlos Sadness que le ayuda a dormir. Le encantan las canciones con letras poéticas. A mí también me gusta, esta noche voy a dormir a su lado.

No he visto en el espacio nada igual que tú.


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