El descubrimiento



Por qué a mí me cuesta tanto
decirle que no al placer
pensar como todo el mundo
y saber cuándo volver



El conocimiento, la conquista, el descubrimiento. Cuántas veces se sienten esos momentos en la vida, siempre es algo nuevo, nunca se parece a las veces anteriores porque cambia el objeto del deseo y no vale con copiar los esquemas generales del cortejo con otras anteriores. Conoces a una chica y te intercambias cuatro frases con ella, o pasa el filtro o se queda fuera. Si lo pasa, entonces llega la etapa de la cultura musical, si cita a PJ Harvey o a los Pixies ya está dentro. Luego continúas con el sentido del humor y con los matices irónicos, esto es decisivo para seguir dentro sin tambalearse. Logrado.

Entonces llegan los juegos de palabras, los puntos suspensivos colocados con estrategia casi militar, que te juegas mucho y sabes que una palabra bien elegida puede hacerte ganar puntos. La edad y la experiencia te dan bastante ventaja y te sientes tan segura que incluso te permites algunas extravagancias fingiendo que no te interesa demasiado esa historia. Si la chica es valiente no se rendirá a la primera y apostará todo para lograr que sonrías de verdad. Lo es. Y mucho, porque se arriesga como si tú fueras un tesoro que no se puede dejar arrebatar. El tiempo es oro pero también sabes que los preliminares son lo mejor y que requieren calma, prepararlo todo bien, pensar el recorrido, saborerar las respuestas esquivas, el sonrojarse, el fumar mirando a los ojos.

Y te sientes afortunada por volver a vivir eso, como si fueras un soldado inmortal que ha estado en mil batallas, que ha resultado muy malherido en algunas de ellas pero que, sin embargo, siempre se enfrenta con la misma ilusión y valor a cualquier combate. 

A veces te preguntas de dónde sale tanto amor, cómo es que nunca se te acaba y tu cuerpo actúa como una especie de imán que tiembla ante el simple roce de una mano. Ella también ha temblado, lo sabes y lo has visto en sus gestos, en ese apartarse el flequillo de forma algo nerviosa, en su mirada desafiante que tú sabes que podrías desarmar en dos segundos con un parpadeo de rayo.

El descubrimiento es la mejor de las fases. Contarte a ti misma, narrarte ante ella y seducirla -que te seduzca ella, las dos a la vez- poco a poco sabiendo que llegará el momento del beso que te derrumbará por dentro. El descubrimiento. El ir atravesando las capas de su vida, de manera gradual, ordenada, porque a ti te gusta siempre hacerlo bien, hacerlo de verdad, no sabes fingir en estas situaciones. 

El descubrimiento. Siempre es nuevo. Siempre es volver a empezar como si no lo hubieras vivido nunca. Como si fueras la amnésica más feliz del planeta. 

(La canción soy totalmente yo en estos días).

2 comentarios:

Anónimo 29/9/16 10:10  

me gusta leerte mucho estos días

digamos que ando en paralelo

aunque a mi el descubrir y descubrirme me causa un poco de angustia, no sé...rarita que es una (o ansiosa)

disfruta

elena

Carol Blenk 29/9/16 10:28  

ELENA,

Ya, te entiendo, lo de descubrir puede dar algo de vértigo y lo de descubrirte a ti incluso más pero, ¿qué hacemos? ¿Nos quedamos en coma, estáticos, mientras va pasando todo? Claro que no :)

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