DÍA 6 (y lo que me queda todavía)

Me han encerrado. Tal cual. Me dan comida que no como y agua que no bebo. Les digo que eso no me sacia el hambre, que necesito alimentos rojos, ese es el eufemismo que empleo. Entonces me traen botellas de rioja y algunos pedazos de ternera y pato. Los engullo sin respirar y sin saborear. Me estoy quedando en los huesos, cada vez tengo más ojeras y más canas. Menos fuerzas y más ganas de salir de aquí. Ignoro cuánto va a durar esto y maldigo los días que pasé en aquel hotel y que hicieron que me contagiara con esta pesadilla de virus.

Lo peor es que la enfermedad –porque lo es, no cabe duda- me está haciendo desvariar y está agudizando sentimientos que estaban bastante controlados en mi cabeza.

La añoranza.

La jodida añoranza.

Que no, que no es añoranza de las de llorar, es de las de echar de menos.

Añoranza de la de ahora te escribiría un correo y te explicaría mil cosas. Te preguntaría si has visto Stranger Things, una serie que sé que te encantaría, porque es ochentera y que tengo muchas ganas de ver porque la protagoniza mi adorada Winona Ryder. Te preguntaría si has ido a la playa, si el agua estaba transparente, si hacía calor. Te pediría que me descargaras el ebook de OITNB, porque aquí no tengo megas y lo necesito para hacer un trabajo. Te explicaría lo de mi enfermedad y sé que te descojonarías. Comentaríamos lo de la independencia de Catalunya y te pondría al día de todos los detalles. Te explicaría que ya he cazado a Pikachu y que Pokémon Go me entretiene mucho cuando me va a estallar la cabeza preocupándome por otras cosas. Te enseñaría mi nueva camiseta por Whatsapp. Te explicaría que acabo de empezar un curso que trata de uno de los temas que más te interesan y te pasaría los apuntes y los vídeos. Nos indignaríamos juntas por las mismas injusticias.

También te contaría que estoy leyendo Instrumental, de James Rhodes. Es un libro devastador, muy sincero, muy real, muy cercano pero de esos que te dejan con un sabor agridulce en la boca. Me encanta la manera en que está estructurado, cada capítulo está encabezado por un tema musical clásico y se explica brevemente la historia de éste y de su compositor. Es algo que me ha chiflado. Te confesaría que me tomaría sin dudarlo una cerveza con James Rhodes porque me parece un tipo realmente encantador y creo que es un superviviente absoluto de la que creo que es la peor pesadilla que puede vivir alguien: haber sufrido un abuso sexual de niño.

Igual me pondría a llorar al contártelo porque soy muy blanda con estos temas. No sé.

Ya ves, es sólo esa añoranza de las de echar de menos muy fuerte. De las de abrazar hasta que te crujan los huesos.

5 comentarios:

Maine 4/8/16 14:02  

Maldita sea, Blenk, estás equivocando el enfoque por completo, ¿es que no has aprendido nada en estos seis años? Lo que llamas enfermedad en realidad es una distinción, un privilegio, una cualidad única. Sólo cuando asumas esto podrás aceptarla, empezar a convivir con ella y utilizarla a tu favor. Perdona que me haya alterado, pero no todos tenemos la suerte de desarrollar colmillos, ¡ya quisiéramos!

Hazme caso, ya sabes que soy muy sabia.

Sal de ahí.

Carol Blenk 4/8/16 17:06  

MAINE,

Mi querida Maine, cuánta razón tienes, como siempre. He pensado mucho en tus palabras y sí, es cierto, tal vez nunca vuelva a pasarme algo así, debería valorarlo y emplearlo para mis objetivos. Le he estado dando muchas vueltas y creo que ya sé qué es lo que deseo obtener... Tal vez es algo arriesgado o peligroso pero merece la pena intentarlo. Los colmillos son una de las armas más sexys del mundo.

Un beso.

Maine 4/8/16 17:32  

Eso es. Empieza a morder.

Anónimo 5/8/16 10:33  

Leyendote he pensado en un post que empieza...cuando te crecen los colmillos..
Escapa! Y muerde!
Elena

Carol Blenk 5/8/16 18:05  

MAINE,

Ya he empezado... ¿Y si no dejo de hacerlo?


ELENA,

He escapado y he mordido, justo hoy, el séptimo día.

Besos.

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