DÍA 16 (la mejor manera que se me ocurre de despedirme es con una de mis canciones favoritas)

La entrada de hoy será la última o la penúltima, aún no lo sé. A partir de mañana mi estancia va a ser mucho más complicada que hasta ahora ya que me van a trasladar a otra celda, en el ala norte del convento, un lugar inhóspito y apartado.

La culpa ha sido mía, para variar. Ayer por la tarde alguien dejó un Camel al lado de mis papeles, así como quien no quiere la cosa. Llevo unos veinte días sin fumar pero al ver aquella delicia me vinieron las ganas, que una no se topa con un pitillo tan rico todos los días aquí en el convento. Sabía que me la estaba jugando porque fumar está prohibidísimo pero me creí más lista y pensé que si me agazapaba en el rincón de detrás de las tomateras nadie podría pillarme.

Al poco llegó Sor Maléfica –no sé cuál es su nombre real, la sra. Blenk siempre la ha llamado así- y se me quedó mirando con cara de asco mientras yo expulsaba el humo con la mirada hacia abajo. Espero que seas consciente de lo que te va a pasar a partir de ahora, dijo mientras se alejaba.

Así está la situación, pasaré la semana que viene sin ningún contacto con el exterior y no podré escribir ni ver películas, tan sólo me han dejado llevarme un par de libros, que es lo más analógico que tengo, seguramente.

A veces pienso que sí, que logran el propósito de bajarme el exceso de imaginación. Lo creo por las mañanas, mientras me peino y me lavo los dientes. Que debería centrarme en mi futuro, en allanarme el camino y dejar de cometer fechorías que nunca me reportan nada positivo. Lo medito mientras pongo la mesa de las monjas con sus treinta y cinco tenedores, treinta y cinco cuchillos y treinta y cinco cucharas. Mientras hago gazpacho para treinta y cinco y me concentro para no excederme con ninguno de los ingredientes. Y entonces es cuando me asoma un poco de nostalgia al recordarla a ella -#gazpacholove- porque ya no comeremos gazpacho juntas y hay algo que se me retuerce en el estómago, de las ausencias que pesan demasiado en verano, de las risas que ya no puedo recuperar, de imaginarla al sol, guapa y rebelde. Y hay una punzada de dolor que dura tres segundos al preguntarme si ella también se acordará de mí, si sabrá que estoy en el convento, un verano más, si me habrá echado de menos, a mí y a mí sobre ella, a ella sobre mí, a las dos sobre las dos.

Sacudo la cabeza como para alejar de mí estos pensamientos. Que no duelen, que no perforan, que no dejan huella, son sólo tres segundos, tres segundos, tres segundos que pasan como un caballo en plena fuga.

Entonces es cuando leo la prensa, escucho la radio o veo las noticias en la televisión y me indigno con las putas perseidas. Otro verano más con las jodidas lágrimas de San Lorenzo. Dejadnos ya en paz, de verdad, qué pesados sois desde el inicio de los tiempos. Y siempre es lo mismo, que si la lluvia de este año va a ser la más grande de las últimas décadas, que si desde la sierra de Gredos es desde donde mejor se ven, que si tal… Dejadnos ya de hablar de las putas perseidas, de verdad os lo ruego. Porque me pone muy triste y es algo que no soporto, siempre me destroza esa noticia, desde que tengo uso de razón, ¿tan relevante es para que cada jodido verano os paséis los telediarios hablando de eso? No queremos ver las putas perseidas, no queremos, nos negamos, no queremos saber cuándo van a caer, por mí como si explotan ya de una vez por todas, que es lo mejor que podría pasar. Dejad ya de hablar de ellas, de una vez por todas, por favor.

Y con esta petición (que caerá en saco roto, por supuesto, porque todo el mundo adora a las putas perseidas) digo adiós, hasta que vuelva de regreso a mi hogar, o hasta mañana, no lo sé. En todo caso, ha sido un placer poder estar en contacto desde aquí, un verano más.



Con tu estrella a la deriva 
y los tranvías 
sobre hierba roja
con tu luz del sol. 
Soy lo que quieres. 
Pienso que a veces 
que ya es hora de volver 
desde el cono sur 
no sé 
si los rabinos mienten. 
No te parecen 
No te parecen 
Con el dinero y con la lástima 
nos vamos a comprar 
dos desayunos 
en el vips 
donde amanece 
donde otras veces. 

Con tus maneras de Moldava 
ya te echaron una vez. 
La vieja Europa duerme 
entre tus pieles 
duermen los reyes. 

Quién tratará de impresionarte. 
Quién te comprará dos medias lunas y un café. 
Quién te lo debe 
Quién lo merece.

Con el dinero y con la lástima 
nos vamos a comprar un día entero en Roma. 
Si te apetece 
Si te apetece 
Porque te digo la verdad 
Hoy estoy bien mañana mal 
Lo que me importa en realidad 
es volver a verte.

Con la memoria en la mesilla 
de un casino en Uruguay. 
Puerto Madero llueve. 
Salen las flores. 
Frenan los coches. 
Luego al dejar el buque bus 
te preguntas si eres tú 
o son las diez y veinte. 
Noche de reyes 
No lo parece.



6 comentarios:

Paola Vaggio 14/8/16 01:11  

Blenk, yo estoy intenta do ver alguna perseida, pero no hay manera. Sí que son pesados, sí. Como con los anuncios de cerveza. Espero que encuentres el modo de salir del aislamiento máximo la semana que viene. Besos

Carol Blenk 14/8/16 11:36  

PAOLA,

¿Tú también con las putas perseidas? No, joder, tú no :(
Va a ser imposible lo de escribir la semana que viene, el control es total, qué agonía.

Un beso.

Anónimo 17/8/16 19:58  

Yo jamas jamss he sido capaz de verlas...yo creo que se lo inventan
Elena

Anónimo 23/8/16 16:16  

Ay! No conozco las perseidas, ni me importan, la verdad, la verdad es que me atravesó el corazón conocer a Ricardo Vicente, te agradezco por esta y por las tantas canciones que ya me he apuntado de ti. ¿Por qué sigues en el convento con esas orejas fantásticas que tienes?
N.

Carol Blenk 25/8/16 20:43  

ELENA,

Sí, jajajajaja, he llegado a pensar que es realmente una leyenda urbana y que la gente miente, que nadie las ve y que todo es postureo :)

Carol Blenk 25/8/16 20:44  

N,

Pues sigue investigando a Richi (Ricardo Vicente) porque es una joya. Por suerte, ya estoy fuera del convento, gracias por tus palabras, me alegra saber que te gustan mis recomendaciones musicales.

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