DÍA 12 (Should I stay or should I go)


La buena noticia del día es que la sra. Blenk me va a llevar a la Alhambra la semana que viene. Ella se la sabe de memoria porque era el monumento preferido de mi padre que, como buen granaíno, sentía devoción por ella. Yo debo haber ido unas cinco o seis veces en mi vida pero hace tantos años de la última vez que me apetece muchísimo y, además, es un monumento tan bello que siempre es como descubrirla.

Las monjas encantadas, claro, mientras la sra. Blenk les vaya extendiendo cheques no hay ningún problema en entrar o salir del convento el día que nos plazca. Habría preferido venir sola, como cada verano, pero ella me dijo que esta vez se quedaría conmigo. Creo que no se fía de mí, que desea ver cómo paso realmente los días en este encierro, para valorar si sirve de algo.

Sé perfectamente –y se lo he dicho a ella mil veces- que estos retiros no sirven absolutamente de nada. Mi exceso de imaginación y mi tendencia a lo hiperbólico no se puede curar, es algo que tengo diagnosticado de por vida y punto, yo lo tengo muy aceptado y asumido pero ella sigue creyendo que se podría curar. Tu homofobia también debería poderse curar, le he soltado en alguna ocasión. Shut up, dear, shut up, please, es lo que me suele contestar.

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Este mediodía, al poner la mesa, me ha pasado algo inexplicable. Llevaba un par de vasos pequeños y una barra de pan a la mesa y, en el camino, uno de los vasos se me ha roto en la mano. Ni se me ha caído ni se ha chocado con el otro vaso, sencillamente ha crujido y se ha resquebrajado de repente. Me he quedado asombrada, sosteniendo el cristal roto entre los dedos, sin saber qué hacer.

Se lo he explicado a Sor Rocío y me ha dicho sin dudar: le ha dado un mal aire. Y yo, que no tengo ni idea de sabiduría popular andaluza, le he preguntado qué era un mal aire. A veces pasa, así de repente, tienes suerte de que no te has cortado la mano, me ha contestado. Ésa ha sido su única explicación, nada científica. La suerte de que el mal aire no ha sido más directo conmigo, tan sólo eso. Me ha dado la impresión de que no ha querido explicarme la verdad de lo que significa realmente un mal aire.

Lo de que te de un mal aire me ha parecido una metáfora magnífica de lo que le puede pasar a veces a algunas personas.

Día 12, madre mía, y parece que llevo aquí un siglo entero con sus noches y sus días.

4 comentarios:

Amicus 10/8/16 10:23  

Tantos años y no sabía que tu padre era de Graná. Te entiendo, el mío también. Cada verano, cuando íbamos a ver a mis abuelos, nos llevaba a la Alhambra a mi hermano y a mí. De camino a la cuesta enorme por la que siempre subíamos, pasábamos por una casa que hacía esquina y nos decía "aquí nació la abuela Angustias" (esa a la que me parezco tanto). Desde pequeña siempre he dicho que soy 51% granaína.

Ya paseando por la Alhambra nos contaba historias (que no sé muy bien si se inventaba o no), como la de la sala donde había color rojo en el suelo y nos decía que era porque un sultán había hecho degollar a unos nobles sublevados uno a uno, según entraban en la habitación. O como aquella del escritor que vivió allí, cuando la Alhambra estaba llena de mendigos y palomas...

PD: Haz la visita nocturna (si no la has hecho ya, lo cual dudo).

Carol Blenk 10/8/16 17:05  

AMICUS,

Me ha encantado conocer tus recuerdos de la Alhambra, qué entrañables. Yo tengo más del 50% de sangre granaína, mucho más, de hecho mi acento tiene mucho de ahí, aunque por vivir en Barcelona lo tengo bastante "suavizado" pero a la mínima que me relajo se me escapa.

Las historias que contaba tu padre no sé si son verídicas o no, eso es lo de menos, es la gracia de la ficción mezclada con la realidad. Lo del escritor sí, creo que se refería a Washington Irving, del que se dice que escribió allí sus 'Cuentos de la Alhambra", de hecho creo recordar que hay una placa conmemorativa.

PD: ¿Te puedes crees que no he hecho JAMÁS la visita nocturna? Es un crimen, lo sé :(

Amicus 11/8/16 08:28  

A mí el acento se me escapa en cuanto paso despeñaperros, como mi padre. No nací allí, no viví allí, pero lo tengo, aunque cerrado cerrado, de la Vega, algo que no pega nada con una castellana, jajajaja. Somos de Cúllar, y todo el mundo que me conoce sabe que en cuanto me jubile me iré a cuidar mi huerto y a cocinar habicas tiernas, torticas y sopa de maimones.

Sí, cuando fui más mayor vi la habitación, la placa, leí los cuentos (que me compré dos veces, por aquello de que nunca recuerdo si tengo un libro o no)... pero de pequeña, era una historia mágica, la de el escritor que vivía entre los deshechos.

PD: Hazme el favor de escaparte una noche del convento, sólo una, e ir. No puedes dejar de ir. Lo mismo sólo necesitas una noche en la Alhambra para curarte.

Carol Blenk 11/8/16 16:48  

AMICUS,

Yo no me jubilaré aquí, me veo más en las Baleares, ahí sí que me imagino... Pero Andalucía en mi corazón siempre, ¡eso está claro!

Una de las cosas que más me gustaría poder tener es un huerto, es tan complicado en un piso pequeñín...

Debo reconocer que no he leído los cuentos de Irving, ¡qué mal! Tal vez si me doy caña los pueda aún leer y así la visita será más completa.

PD: Las monjas no me quitan ojo, no creo que pueda hacer la visita nocturna pero queda pendiente :)

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