Lo bueno de los lunes es que enciendo la tele y ahí está la maravilla de El Ministerio del Tiempo



(Cincuenta años de esta maravilla de canción)

Ya no llamamos por teléfono. ¿Cómo estás?; a ver si quedamos; espero que estés bien, etc. son las frases que nos limitamos a enviar por mensaje porque ya no tenemos la valentía de hablar directamente, es como si la comunicación fuera más fácil así, más relajada, sin entrañar apenas implicación.

Antes marcabas el número y comenzaba un diálogo bastante largo que solía derivar en una charla de bar. Ahora lanzas el mensaje, cierras la aplicación y emprendes cualquier otra tarea desconectada de tu amigo/pareja/familiar/lo que sea.

Esto no tiene nada que ver con el dinero porque en la actualidad la mayoría tiene contratada una tarifa plana o con cientos de minutos gratis. Se trata de pereza, falta de implicación o absentismo humano. Recuerdo hace mil años, cuando salía carísimo hablar por el móvil y no existían las aplicaciones de mensajería, habría matado por tener tarifa plana como ahora, que puedo llamar a quien quiera, a cualquier hora y durante el tiempo que desee. Sin embargo, apenas llamo y tener tantas ventajas con mi tarifa me parece un derroche puesto que no las aprovecho.

Soy mucho de pasarme horas y horas hablando -ante una cerveza o tras un móvil- pero reconozco que no me atrevo a llamar porque me parece una osadía, me lo impide un sentimiento cercano a la vergüenza, ¿por qué? no lo sé, tal vez porque nadie lo hace.

A estas horas siempre se instala un poco de frío en mi casa.

Autoapuesta: la primera llamada que reciba a partir de este momento será muy especial.


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