Somos tan ridículos que seguimos guardándonos cosas que deberíamos decir

Sant Jordi me sigue pareciendo una fiesta fabulosa, aunque estés sola, jodida, cabreada o triste. Esta mañana había tanta gente por la calle que resultaba imposible avanzar así que en algunos momentos me he tenido que apartar de las hordas de personas para tomar un poco de aire. No recordaba un 23 de abril tan multitudinario como éste.

Se me hace raro pasar un día como hoy sola, se me sigue haciendo extraño. Trato de hacerme la fuerte, de disfrutar de pequeños placeres -un café al sol, un menú degustación de semipija, unas fotos tomadas con cuidado- pero al final siempre me queda un regusto amargo. Como cuando sales a cenar con amigos y al llegar la hora de volver a casa tú te alejas sola mientras que el resto regresa de dos en dos. De dos en dos. De dos en dos.

No lo llevo mal. Bueno, a veces sí lo llevo mal. Lo de regresar de uno en uno, claro.

Entonces trato de recordar cosas bonitas.

Como los dos días de la semana en los que me escapo a ver a mi sobrina favorita -la que tengo prohibido ver- y compartimos juntas cinco minutos del trayecto de su colegio a su casa, sólo hasta doblar la esquina. Cuando me ve me abraza como si yo fuera un soldado que regresa de la más mortal de las guerras y me deja su patinete porque sabe que me encanta subirme en él y dejarme llevar. Ella jamás me juzga, nunca me cuestiona, le parece normal dejarme su patín, no como el resto, que sé que me mira de reojo. Luego nos despedimos, abrazo de soldado, hasta el próximo día. Siempre la sigo con la mirada hasta que se aleja, como en la películas de drama.

Las cosas que valen la pena son las que me salvan un poco de la melancolía tonta.

Cuando estás sola dispones de tanto tiempo para ti que a veces puede resultar incluso un tanto abrumador. Puedes desayunar lo que te dé la gana y donde te dé la gana, puedes ir al teatro a ver una obra raruna, puedes pasarte media hora viendo fragmentos de Cosas que nunca te dije en YouTube, puedes darte cuenta, en definita, de que ese tiempo es tuyo y de que nadie más lo comparte. 

Y entonces te preguntas cómo pasarán los días los otros que están como tú, los que viven como tú. 

Cada vez quedan menos, Carol, cada vez menos. De dos en dos felices, de uno en uno con hijo, de dos en dos con hijo, de uno en uno ligando sin parar, de dos en dos con infidelidad, de dos en dos rompiéndose poco a poco. 

A veces sí lo que llevo mal, joder. Y encima ha llovido con truenos.





2 comentarios:

Not 25/4/16 15:08  

Es que lo de hacer todas esas cosas que te da la gana con alguien que quería lo mismo, molaba.

Gracias por la peli, detective. Va a la lista de "watch later".

Carol Blenk 28/4/16 12:59  

NOT, Sí, mola mucho pero también hay que tratar de que las mismas cosas te gusten cuando las haces tú por tu cuenta. Se puede aprender a ello. Espero que te guste la peli tanto tanto como a mí, es mi preferida de Coixet.

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