Recuerdos de ópera un viernes por la tarde para tratar de no pensar tanto en ella

Hace poco fui a la ópera a ver Otello, de Verdi. Me gusta mucho ir la ópera porque me supone una desconexión total de todo, una vez que me arrebujo en mi asiento y se apagan las luces ya no puedo pensar en nada más que en la ficción, en las notas musicales. No soy nada entendida, soy una simple aficionada que se lee los libretos con auténtica devoción, eso sí.

El otro día cuando llegó el cuarto acto hubo un momento en que las notas me recordaron vagamente a otra ópera, como cuando olfateas un perfume desde lejos, percibes que te es familiar pero piensas no, no puede ser, es imposible. 

Aquellas notas me remitían al Parsifal de Wagner, no tenía ninguna duda. ¿Verdi se inspiró en Wagner? ¿Podía ser? 

Al llegar a casa me puse a investigar y resultó que sí, que Otello se inspira en Wagner, hay bastantes estudios al respecto. No me había equivocado. Sonreí pensando en que tenía un buen olfato musical.

Me sentí un poco petulante. Volví a sonreír. La palabra petulante es una de mis preferidas. 


(Se dice que Mario del Monaco ha sido el que mejor ha interpretado a Otello, que no ha sido superado todavía. Me fascina saber que lo enterraron con su traje de Otello).

2 comentarios:

Blau 27/2/16 10:36  

Siempre he querido tener una oportunidad con la ópera. Creo que será mucho para mi poca paciencia, pero quizás me equivoco y me enamoro.

A mi me gusta la palabra órbita jajajaja

Carol Blenk 28/2/16 13:39  

BLAU, creo que lo importante es acudir a la ópera conociendo el argumento y, si puede ser, que sea un espectáculo subtitulado (va fenomenal); bueno, y que te guste mínimamente ese tipo de música, claro, no partir de cero.

"Órbita" es palabra bonita también :)

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