Huérfana de bailes


Echo de menos bailar. Lo echo de menos terriblemente. Bailar horas y horas, sin pensar en nada, con un vaso en la mano, al borde del éxtasis, sin drogarme, con la música estallándome en cada uno de los huesos del cuerpo.

Creo que mi vida es mucho más triste desde que no salgo a bailar. Una vida más lenta, más vieja, más fea, más estrecha, más inhóspita, una vida sin sudor musical.

Si hoy pudiera pedir un deseo sería que alguien me llamara y me dijera "Carol, venga, que esta noche nos vamos a bailar".

(El próximo post irá sobre Carol, la película. Lo dejo apuntado aquí para que no se me olvide).

3 comentarios:

noor 22/5/15 12:22  

Yo no soy nada bailona, más bien tiro a sosilla, y parece que no me muevo del baldosin donde tengo clavados los pies, pero tengo amigas que se tiran horas y horas bailando y es verdad que ellas cuando llevan tiempo sin salir en plan bailoteo lo echan en falta.

Da tu el paso y llama a alguien, es viernes, espero que pronto seas más feliz. Danzad, danzad malditos...

Un beso Carol
saluditos extremeños

María 23/5/15 10:49  

Bailar es otra manera de llegar al éxtasis. Sí...

Carol Blenk 23/5/15 14:07  

NOOR, es muy curioso esto de que te guste o no bailar. A mí siempre me ha encantado a pesar de que soy demasiado selectiva con la música. Es muy difícil encontrar una buena compañía para bailar :)

MARÍA, exacto, una manera más de llegar a uno de los éxtasis más placenteros que conozco.

Besos mil.

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