Viernes por la noche y mi plan perfecto sería otro bien diferente al que se me presenta, maldita sea

Siempre me he sentido una marginada. No lo cuento en plan qué guay que soy, qué bien, que soy la diferente, la rara del grupo, la extravagante. Qué va. Me encantaría no ser una marginada porque a veces es muy muy jodido serlo, te sientes demasiado sola e incomprendida. Como aquella tipa que decía eso de es muy duro ser romántica y ninfómana al mismo tiempo (no recuerdo de qué pelicula era). Te ves forzada a callar, a no explicar según qué cosas, a tragarte muchas opiniones. Recuerdo lo marginada que me he sentido siempre musicalmente, por ejemplo. No podía compartir con nadie mis discos, ni comentar canciones, ni los chismorreos biográficos de mis grupos preferidos. Era muy duro. O marginada ideológicamente: los de derechas me censuran y los de izquierdas se alejan de mí. Es realmente siniestro. A veces me gustaría ser diferente, estar dentro de la normalidad, sentirme amparada por la corriente pero luego, si lo pienso con más calma, me doy cuenta de que dejaría de ser yo misma, con todo lo que eso conlleva.

Efectivamente, esta noche no tengo un buen tema para escribir así que mejor lo dejo ya porque me parece muy desconsiderado aburrir a los que se detienen por aquí. Voy a prepararme la cena y a elegir  una buena peli.

(A veces fantaseo con que me saca a bailar y suena algo de este estilo)

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