Tú no necesitas esa máquina de los nazis para saber lo que deseo



Ayer empecé a ver Alan Turing: Codebreaker (Clare Beavan, 2011). Cada noche suelo ver una película entera o media, así me paso las noches porque la tele me aburre infinito. Ahora me toca estar fascinada por Alan Turing, que lo acabo de descubrir, no sabía quién era. O yo soy una inculta o a este tipo no le han dado toda la fama que se merece. Puede que sean ambas cosas pero me parece muy sospechoso que, con lo precursor que fue, se haya hablado tan poco de él.

Alan Turing se hizo famoso por formar parte del equipo de personas que se dedicaron noche y día a descifrar el código de las máquinas Enigma de los nazis, las que empleaban para encriptar los mensajes y enviarlos así de una forma totalmente segura. Él era algo así como el jefe del equipo o algo similar. Me parece un tema apasionante para investigar. He averiguado que, gracias a las descodificaciones de los mensajes de los nazis, la Segunda Guerra Mundial terminó dos años antes de lo que estaba previsto.

Por lo visto, esto no se supo hasta la década de los sesenta, se mantuvo totalmente en secreto la labor que hicieron todos esos cieníficos. Y en febrero de 2006 se pudo descifrar el último mensaje que quedaba aún por resolver (este último dato me ha parecido inmensamente poético).

La vida de Alan Turing fue tan apasionante como triste. Fue condenado por su homosexualidad (en los años 50 era delito en el Reino Unido) y murió tras comer una manzana envenenada con cianuro. Unos dicen que fue un sucidio, otros afirman que lo asesinaron. 

Fue un científico visionario, un precursor que en 1936 ya escribía sobre computadores, alguien que apuntó a lo que supondría años más tarde el concepto de inteligencia artificial, etc.

Sin sus investigaciones hay mucha tecnología que tal vez no existiría en estos momentos.

La película que empecé a ver ayer es un documental algo ficcionado que me está fascinando, ya lo he dicho. En 2015 se estrenará The imitation game y me parece que Turing se pondrá de moda.

Genial entonces, porque se lo merece dondequiera que esté, probablemente rodeado de sus unos y sus ceros.

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