Después de una noche de borrachera y risas me pone algo triste volver a casa sola



Mi psicóloga se ha ido de la ciudad. Yo dejé de ir a su consulta hace más de un año, más o menos. No obstante, saber que estaba allí me tranquilizaba, me hacía sentir segura, como quien sabe que el chaleco salvavidas está disponible, bajo el asiento; como el que aterriza en una ciudad desconocida pero sabe que el mapa en su bolsillo le asegurará el regreso a casa. 

He sentido una especie de sensación de desamparo al conocer su marcha. No sabía qué hacer, deseaba ir a verla pero imaginaba que iría muy liada esta última semana así que he pensado en escribirle una carta, como las de toda la vida, a mano. Y así lo he hecho pero, como iba justa de tiempo, no me ha quedado más remedio que ir a su consulta y deslizarla por debajo de la puerta, como en las películas. Siempre he soñado con que alguien me enviara una carta así, sin sello, por debajo de mi puerta. Carolina, deja de fantasear, me diría mi madre probablemente.

Ayer por la noche salí con unos amigos. Hicimos lo mismo que hace veinte años: cenar, reír, beber, fumar bajo el frío -bueno, yo ahora no fumo, sólo acompaño-, charlar, seguir bebiendo, fumar de nuevo. 

Llegué a casa. Sola. Me lavé los dientes, bebí agua, tuve insomnio por la resaca, me arrebujé en la cama y abrí mi correo: tenía un mensaje de mi psicóloga. Lo leí, lloré porque era muy bonito y me decía palabras que nunca habría imaginado. 

Me hice muy pequeña en la cama de 1'50. Entonces pensé en ella. En lo mucho que me habría gustado que saliera conmigo esa noche. Y en cómo se pueden echar de menos ciertas cosas.

(La versión en italiano de Bowie creo que la puse alguna vez pero es que es tan preciosa... Como la secuencia de aquella peli...)

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