Il cielo in una stanza (no dejo de pensar en ti, igual es culpa de la canción o de que mis centinelas siguen bajando su guardia)

Hace tres semanas que he dejado de fumar para siempre. Sí, para siempre, no como un descanso o un paréntesis sino para no volver jamás. Ahora sólo me falta dejar de beber para ser una completa imbécil, le comenté a una amiga el otro día. La gente que no fuma siempre me ha parecido algo sosa, nada sexy y poco atractiva. Bienvenida al gran grupo de los aburridos de la vida, Carol, ya formas parte de ellos, una más en sus filas. Cuando lo pienso me pongo triste porque a mí me encanta fumar y sé que me encantará toda la vida y ya está, no hay más. Ahora sólo me falta comprarme un perro y pasear con él los domingos por la mañana en chándal para acabar de redondear mi gran progreso, le dije a mi amiga un rato después. 

Pienso en fumar. En fumar mientras me tomo una copa de vino blanco, en fumar con el café de después de la comida, en fumar con un spritz, con un gin-tonic, con un mojito. Pienso en fumar mientras espero el autobús. En fumar cuando salgo con un amigo de un bar o mientras llegan los segundos platos. Pienso en fumar cuando me acuerdo cuando paseaba por las calles observando fascinada las fachadas decadentes de Oporto, o en mis calles favoritas de Madrid. Me acuerdo de fumar mientras escribo los posts en directo como éste, cuando trabajo en algún caso complicado. Ya no hay humo invadiendo el pequeño espacio de mi cuarto. Recuerdo fumar cuando llega un día jodido y me derrumbo -como nos derrumbamos todos- y me parece que lo de ser una sola duele bastante y que en ocasiones daría lo que fuera porque las cosas no sean así, pero eso sería otro tema. Que fumar me sentaba como hacer el amor con alguien que te gusta de verdad, que eso es algo increíble, porque besas y tiemblas al mismo tiempo. Fumar cuando cae el sol, en el balcón, escribiendo mensajes profundos, fumar porque ver cómo fuman Lauren Bacall y Bogart me despierta aún más el deseo y nada podría saberme mejor.

Y sí, sí, ya me sé el discurso. Que qué bien te sentirás ahora, tu olfato volverá a funcionar al cien por cien, la ropa no te olerá a nicotina, ahorrarás dinero, tus pulmones estarán impolutos y estarán más en forma que nunca.

Claro, todo eso será cierto, aunque yo fumara habitualmente unos tres o cuatro pitillos al día.

Pero siento que al dejar de fumar hay una parte de mí preciosa que también se ha ido y que, indudablemente, me hará ser menos detective.


(Maravilloso vídeo sin audio de mis dos fumadores preferidos que, como alguien dijo, ahora deben de estar fumando juntos en el cielo)


5 comentarios:

Maine 24/11/14 09:51  

¿Pero quién coño te ha metido en la cabeza esta tontería? FUMA, joder, sigue fumando. Al menos uno o dos al día, en las horas esenciales. Yo empecé a fumar a los 20 sólo porque una chica me decía que me quedaba bien, que me pegaba fumar. ¿Hay otra razón mejor que ésa?

Carol Blenk 24/11/14 13:43  

MAINE, ¿sabes qué es lo más triste de todo? Que lo he dejado YO SOLA, que nadie me lo ha pedido, que nadie me lo ha recomendado, ni siquiera ha sido por amor. Igual estoy un poco acabada...

Francis Black 25/11/14 13:46  

¿Hablamos de tabaco ? tres o cuatro al día es muy poco. Es como dejar de tomar dos cervezas diarias.

Diley 30/11/14 14:04  

juer-- ya que la chica lo ha decidido hay que dejar-la .. seguramente su cuerpito que es muy sabio sabe que no es solo tabaco lo que lleva un cigarro y os aseguro que la detective es preciosa con o sin cigarro..

Carol Blenk 1/12/14 21:38  

FRANCIS BLACK, sí, sí, hablo de tabaco y nada más que tabaco. Ya llevo un mes, creo que si sigo así seré una exfumadora de verdad. La cerveza no la he dejado pero realmente lo que bebo normalmente es insignificante.

DILEY, mi laísta favorita... Pues sí, demasiadas porquerías pero no voy a volverme una antitabaco, faltaría más, los fumadores siempre me van a parecer las personas más sexys del mundo ;)

Besos mil.

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