Tengo el día tan glam que no puedo salir de T. Rex



Yo iba a segundo de BUP, tendría unos quince años, supongo. A mi clase iba una chica rubia guapísima -eso me parecía a mí, aunque después me di cuenta de que tal vez no era para tanto- y terriblemente pija. Me pasé todo el curso pendiente de ella y aprovechando la mínima ocasión para tratar de conocerla un poco más. A pesar de ir a la misma clase no teníamos apenas trato ya que ella se juntaba con su grupo de pijas y yo formaba parte de otro sector algo más alternativo.

Cuando pasé a tercero me enamoré de otra chica pero jamás la pude olvidar y, además, nos seguíamos viendo en el instituto. Como suele suceder en estos casos, ella siempre salía con chicos feísimos y que a mí me parecían unos auténticos imbéciles. Nunca le dije nada acerca de lo que sentía por ella. Yo sabía que bajo esa capa de pijerío superficial existía una chica interesante pero no pude comprobarlo.

Una amiga me ha dicho que ella está trabajando en una tienda de muebles de mi antiguo barrio. El otro día pasé por allí y la vi de espaldas, me entretuve dejando pasar un par de semáforos pero no se giró y no pude verle la cara. Sólo pude observar que ya no es rubia.

La última vez que nos vimos fue hace unos veintitrés años.

La moraleja es que las cosas hay que hacerlas en el momento, cuando tienen sentido. Igual ella habría pasado de mí, era lo más probable -pija hetero, no olvidemos- pero habría valido la pena atreverse.

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