Querida F. S.:

Mañana voy a coger un avión tempranísimo, tanto que aún será de noche y no habré nisiquiera desayunado. No vuelo desde el 2012, cada vez hay menos vuelos en mi vida y eso me está haciendo perder la costumbre y, tal vez por ello, tengo algo de miedo. Antes no lo pasaba mal, recuerdo que volaba sola muchas veces y jamás sufría. Ahora es muy diferente, me sudan las manos, cierro los ojos y si hay turbulencias siento que me pasa la vida a cámara rápida, como se suele decir aunque suene a tópico.

Esta carta se publicará mañana cuando mi avión esté ya en camino, igual lo estoy haciendo por superstición, igual estoy dramatizando demasiado todo esto. Ya ves, soy más torturada de lo que crees porque me ha pasado por la cabeza qué pasaría si ese avión se estrellara y no te hubiera escrito ni una triste línea antes.

Este presente es lo más bello que puedo ver ahora mismo. Todo lo que me gustaría decirte no cabe en un post, ni en una nota de voz, ni en una foto. Puede que no necesite verbalizarlo, tú sabes de mí más de lo que yo permito. Y mi cama de barrotes blancos está desesperada porque te echa de menos y por las noches tiene un insomnio tan intenso y largo que a mí no me deja pegar ojo y entonces me tengo que levantar, abro una botella de blanco y me lío un pitillo. Por la mañana nunca te digo nada para que no te preocupes aunque en el fondo sé que lo intuyes, que mi pequeña alma se tortura por ti, que me desconcentro mientras resuelvo mis casos y que a veces incluso me equivoco al preparar el desayuno.

Mañana pensaré en ti durante el vuelo, para que me des suerte en la distancia. A veces siento que tú eres mi contraseña y que tienes el poder de hacer chocar dos planetas con tu media sonrisa.

2 comentarios:

Blau 9/5/14 18:12  

Detective, acabas de leerme el pensamiento.

Carol Blenk 20/5/14 13:54  

BLAU, ¿en serio? ;)

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