El Real Madrid es tan sexy...


No me gusta el fútbol. Nunca veo los partidos ni sigo los resultados. Anoche monté otra cena -van ya mil, me estoy convirtiendo en una especie de Gatsby pero en versión pobre- y estuvimos charlando ajenos a la final que se jugaba justo en ese mismo momento. Cuando todo el mundo se fue, me quedé sola en absoluto silencio y miré el resultado: el Real Madrid había ganado. Sonreí. Me sentí contenta y satisfecha, a pesar de que me importara poco en realidad lo que hubiera podido pasar anoche. Es extraño pero saber que el Madrid había triunfado me hizo creer una vez más en el orden del universo, en las sincronías, en los valientes que vencen, en que los buenos también alcanzan sus objetivos. Los blancos simbolizan la ciudad que tanto amo, mis sueños adolescentes, el vértigo, la razón irracional.

Y me preparo para ir a la playa después de más de un año sin pisar ninguna arena. ¿Estará todo igual? ¿El sol seguirá calentando del mismo modo? ¿La gente se comportará como antes? ¿Sabré estar allí, una vez más? Es una playa desconocida para mí -muy lejos de donde vivo- pero eso es algo muy excitante porque lo desconocido tiene un matiz de riesgo innegable.

A veces me pongo canciones que me conectan contigo y sé que haces lo mismo. Como chocolate, cierro los ojos, y me enciendo un cigarrillo. Igual me paso de la raya y bebo más de lo aceptable en una tarde como ésta de jueves festivo en todas las ciudades menos en la mía. Pienso en ti unas doscientas veces seguidas. Me invento otra bebida y elijo con alevosía la siguiente canción. Vuelvo a pensarte, tratando de no alterarme mucho y de aguantar la compostura. Pero ya no tengo coartada que me sirva, me pongo a tiro y me concentro infinito en disparar y tener puntería para el disparo más bello que voy a dar.

Me encanta A place called home.

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