And I must be insane to go skating on your name



Si fuera un chico me gustaría tener la voz del cantante de Mishima. Si tuviera una hija la llamaría María, Olivia o Sofía. Si naciera de nuevo aprendería solfeo desde pequeña y tocaría el piano, la guitarra y la batería.

Planes absurdos, pensamientos que tenemos todos insertando un condicional al inicio de cada petición, la vida se ve diferente después de una tarde de tormenta espectacular.

Ayer llegué a casa empapada. Tuve que cambiarme toda la ropa, mi bolso estaba chorreando y el agua había calado hasta el interior. Me salté la clase de inglés y estuve vagueando gran parte de la tarde. Lo cierto es que me sentí muy sola. Y no pasa nada. Siempre hay momentos en que uno se siente solo, en que te has de sentir solo. Y entonces acudes a Tom Waits y a tus pitillos. Y sabes que no se lo puedes contar a nadie, que no se lo puedes transmitir a nadie porque no es necesario, que es algo tan íntimo como cuando te depilas o cuando ves porno del malo. Hay cosas que no se pueden compartir con nadie, es imposible, son tuyas, aboslutamente tuyas, egoístamente tuyas. Como Tom Waits. No podrías escucharlo con nadie. Piensas en tu edad, en la vida que llevas, en las facturas que pagas, en que te acaban de llamar los de Orange pidiendo que vuelvas con ellos, como una amante despechada. Piensas en bucle. Cierras los ojos y escuchas a Tom cantar kiss me like a stranger o algo así de lastimoso y te sientes menos sola porque te imaginas con él. Y empieza tu pequeña película. Que se sienta contigo en un bar oscuro y te pregunta qué haces, y tú le miras y te pones un cigarrillo en los labios para que él te lo encienda con gesto amable. Y no le dices nada, no le explicas nada porque él siempre ha sido un ángel de la guarda -algo torpe y alcohólico- que sabe cuándo hablar y cuándo cogerte de la mano.

Mi fantasía con Tom waits no me salvó la tarde, desde luego. Ahora entiendo que no hay nada que salvar, que las cosas son así y que simplemente se trata de asumir que algunos tenemos muchos gramos de tortura dispersos en la sangre, que somos así por naturaleza.

Le damos demasiadas vueltas a las palabras, cada vez lo tengo más claro. Escribimos mensajes que jamás enviaremos, que redactamos una y otra vez pero que no somos capaces de lanzar a su destino. No nos atrevemos a abrazar a quien nos importa. No invitamos a una copa a quien nos gusta. Perdemos el tiempo pensando en el ridículo, en fallar el disparo, en lo que sucederá si... En los malditos condicionales, siempre los condicionales jodiéndonos la partida.

2 comentarios:

Anónimo 5/4/14 13:15  

sí sí. Si si,no; always. So never.

toosadtoputmyname

Carol Blenk 7/4/14 18:07  

Toosadtoputmyname, justo es el mensaje, en castellano la tilde es definitiva...

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