Y suena Rufus y en mi ciudad también llueve



Una cama elevada tres metros
a la que se llega subiendo una escalera plateada
que se tambalea en los tres primeros peldaños.
La cama en una casa imposiblemente preciosa
de irreal
de misteriosa
y de acogedora.
La casa en una calle a la que el coche de Google Maps
no puede acceder
porque es un destino secreto
al que sólo puedes llegar si memorizas el mapa
y después te lo tragas sin masticar.
La casa en una ciudad mínima que tiene cuatro tildes porque
sus habitantes la pronuncian como bárbaros felices.
No dejemos pistas, no soltemos lastre,
no miremos a los lados,
no subamos la guardia ni una vez más.




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