Convertirme en tu guarida



Esta noche no sé qué podría narrar. El problema es que la canción que he dejado es tan rematadamente buena que por mucho que diga no va a estar a la altura y quedará absurdo.

Me he despedido de mi psicóloga. Sabía que llegaría el momento y lo he estado retrasando hasta que ha sido demasiado evidente. Me gusta demasiado para renunciar a ella pero hay que ser coherente y saber decir adiós cuando toca. El último día nos reímos mucho y prometimos escribirnos y esas cosas que hacen las buenas amigas cuando acaba el verano y hay que regresar al otoño y al colegio.

Es una gran tipa. Y me encanta que ella también me explique pequeños secretos, como lo mucho que le costó dejar de fumar y que ojalá que ella también fuera capaz de dosificar los pitillos como yo lo hago.

La echaré de menos. Será duro pasar por delante de su consulta y vencer la tentación de ir a visitarla y dejarle alguna película en un pendrive, como solíamos hacer.

Hemos prometido escribirnos porque quiere saber de mí y, sobre todo, de mi novela. Me pareció entrañable que me torturara para que le explicara el argumento...

Supongo que lo que más aprecio de ella es que es imperfecta y humana.

Vuelvo a esta noche. Apago el segundo cigarrillo. Bebo agua y me voy a la cama.

La palabra guarida me parece exquisita.

1 comentarios:

dintel 22/1/14 18:26  

¿Pegada bastantes horas al techo del comedor? (Sacudiré la cabeza para deshacerme de la imagen).

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