Ojalá pudiera llevar gafas de sol las veinticuatro horas del día



La primera vez que escuché esta canción me pareció feísima. Le di otra oportunidad y, tras ponerla unas tres o cuatro veces al día, puedo afirmar que es una de mis favoritas. Los Pixies me dan aire estas semanas, son como una transfusión de sangre constante.

Debería estar en Donosti viendo películas pero mañana me levantaré a las seis de la mañana y me fumaré un cigarrillo antes de entrar al trabajo, acompañado de un cortado de esos que te ponen para llevar.

Debería estar en cualquier ciudad menos en ésta. Debería cambiar de una maldita vez el cuadro del dormitorio. Y debería llevar una vida más sana y menos imaginativa.

Hay una diferencia entre "debe de" y "debe, sin preposición.

En mi agencia han contratado a un señor nuevo en la plantilla. Es un engreído que me mira por encima del hombro porque aparento menos edad que él (evidente, querido, te pasas de sobra de los cincuenta) y porque llevo en la chaqueta una chapa con un mensaje bastante obsceno (en inglés).

Me repatea infinito ese tipo de personas.

Intento fechar el día en que dejé de confiar en la gente, así, en general. Pero da igual la fecha concreta, el espacio o el tiempo, e incluso el personaje.

Estoy agotada.

Creo que me voy de viaje. Largo. Con paradas. Con poquísimo equipaje. Lo acabo de decidir.

Y que me reemplace el empleado engreído.

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