Ordenar el caos en dos movimientos



Me han asignado un caso demasiado difícil y noto que me faltan recursos, no sé si es la edad, el calor, el cansancio o simplemente el creer que no voy a ser capaz de lograr los resultados esperados.

La trama principal está bastante clara pero me despistan las secundarias, esas subtramas complejas que lo embadurnan todo y que impiden ver con claridad lo que está al final. Sé que no es motivo suficiente para justificar mi torpeza y que lo que debería hacer es fumar menos, beber menos y pensar con la cabeza más fría. Me resulta imposible.

Espacio, tiempo y personajes. Los tres malditos ejes. Repaso las pistas una y otra vez, con cuidado, con guantes, con las gafas bien limpias, revisando mis anotaciones. No salgo del bucle: podría ser todo o podría ser nada.

La impaciencia fustiga al ser humano. Nos empeñamos en tener al momento lo que deseamos, en conseguirlo de forma instantánea como el que paga en una tienda por unos vaqueros. Absurdo. Es como mirar fijamente al limonero para que maduren los frutos más rápido. Caerán cuando tengan que caer. No podemos acelerar los procesos. 

Cierro la noche bebiendo un vasito de leche fría en medio de una gran confusión. A pesar de todo, mi madeja interior se alivia porque he sido capaz de desenredarla, aunque me haya costado tiempo y muchas noches en vela. La madeja exterior no depende de mí, ni de mis manos, que tal vez podrían ayudar tirando de uno de los hilos, el correcto, claro, ningún otro. Tomar indecisiones, que decía la Gaite. Y yo me siento como uno de esos jugadores de cartas que acaban de mostrar las suyas poniéndolas sobre la mesa de golpe, esperando la respuesta. Y después, dos opciones: salir del antro y besarme con el rival en la calle o perder todo mi dinero en aquel cuarto, marcharme sin nada.

No me preocupo, sólo que hoy voy un poco de Tom Waits chica, no deja de ser una pose porque en realidad ya he ganado algo inesperado. Cada día lo tengo.

Un cursor parpadeando es como un corazón bombeando a lo lejos.


5 comentarios:

Anónimo 31/7/13 08:48  

Sii, a mi me pasa igual, maldita impaciencia, querer tenerlo todo rapio, yaaaa, porque sí. No fumo, beber..bueno algo, jajaj, pero i cabeza, en constante ebullicion, pa explotar.
Para cuando es el retiro?

besos
saluditos extremeños

Anónimo 31/7/13 12:38  

Soy una de esas personas que te siguen desde hace años y que no comentan nada nunca, pero el post de hoy me ha parecido simplemente brutal y genial al mismo tiempo. Quizás por ese simple "cada día lo tengo" o por esa última frase, quizás porque "la impaciencia fustiga al ser humano".
Gracias por todo lo que transmites cuando escribes. Tenía que decírtelo.
Un fuerte abrazo desde Granada.

Carol Blenk 1/8/13 02:09  

Destino Extremadura: el retiro es muy muy pronto, espero poder seguir escribiendo desde allí, dependerá de la vigilancia de las monjas... La impaciencia destroza muchas historias y cosas que podrían madurar mejor, es una realidad.

Destino Granada: muchas gracias por tu fidelidad lectora, aunque no me comenten yo noto los silencios desde este otro lado de la pantalla. Por eso, tal vez, sigo aquí después de tanto tiempo. Me ha emocionado mucho, de verdad.

Besos mil.

Anónimo 1/8/13 10:04  

Si es cierto la impaciencia nos fustiga. Mientras frases sublimes,ante las que me inclino con mil reverencias, como la que ha cerrado tu texto se quedarán en la memoria para siempre desafiando al tiempo.No dejes de escribir.

-La Orgullosa-

Carol Blenk 2/8/13 00:35  

Orgullosa, uala, vaya regalo para mis oídos... Qué vergüenza :)

Besazos mil.

Banda sonora del blog

Las canciones que aparecen en el blog

Follow by Email

Sección reivindicativa

De otro planeta

Carol

La pertenencia, Gema Nieto

Seguidores

Desaparecer