¿Cómo inventar una voz que jamás se ha conocido?



Henry Blenk, mi abuelo. Murió de una enfermedad tan extraña que no tenía ni nombre. Unos meses después, inventaron la vacuna pero ya era demasiado tarde, mi abuela había perdido la cabeza y decidió no volver a hablar nunca más en su vida. Una historia bien extraña que he ido recomponiendo como si de un puzzle infinito se tratara y al que aún le quedan algunas piezas por encajar. Pocas, pero decisivas.

El dibujo lo he sacado a partir de una fotografía en blanco y negro que he encontrado en un libro de mi madre, el Llibre d'absències, de Miquel Martí i Pol. Uno de los poemarios más perfectos que he leído jamás. Henry Blenk fue un inglés que iba de americano, siempre lo imaginé en una granja, mascando tabaco y bebiendo algún licor fuerte. Lo cierto es que no he llegado a saber demasiados detalles de su vida.

Hoy, precisamente hoy, mi madre ha contestado por fin a una de mis preguntas.

- Henry Blenk era poeta, Carolina, deja de preguntarme más por él, please.

A continuación, ha empezado una letanía de insultos en inglés profundo ante los que yo no he podido hacer otra cosa que callarme y empezar a pensar en el mejor modo de encontrar la pista de mi abuelo poeta.

Y aquí estoy, cerrando los ojos e imaginando cómo sería la voz de Henry Blenk.

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