Adoro la palabra "centinela", tiene una sonoridad perfecta si la pronuncias después de besar


 
(Puede que éste sea el momento que más me emociona, aunque es muy complicado elegir solo uno, ella está estupenda y su discurso... es una lección para cualquiera)

Siguiendo con mi revisión de Kevin Smith, el otro día fue el turno de Persiguiendo a Amy. Y de nuevo me tuve que quitar el sombrero de respeto y admiración ante el film. Por cierto, adoro el personaje del gay negro, me parece uno de los mejores personajes del cine mundial, es brutal.

 
Como ahora voy en bicicleta todos los días (una hora y media), aprovecho el trayecto para reflexionar acerca de lo que veo en las películas. Medito sobre los conflictos, la construcción de los diálogos y el perfil de los personajes, sobre todo. Y me sirve para elaborar conclusiones que trato de aplicar a la vida real, a la mía o a la de las personas que tengo cerca.

Un método poco científico pero divertido, soy consciente.

Si alguien no ha visto la película o la quiere ver en un futuro, tal vez es mejor que detenga aquí la lectura. En todo caso, intentaré no destripar demasiado el argumento.

El protagonista comete un error, pero no es un error simplemente, es el error en mayúsculas. Le da importancia a algo que sí, que la tiene, pero que forma parte sólo del pasado, nada más. Destruye su presente con el mazo del pasado y eso es lo peor que puede hacer.

Deja de ver la realidad tal y como es, a la chica maravillosa con la que se ha encontrado, porque tiene la mirada nublada, enturbiada. Y nada le puede sacar de ahí.

Llega un momento en que es demasiado tarde. El tiempo pasa. Los sentimientos pasan. Al final, todo pasa, aunque suene a tópico. Las estaciones pasan. Las del año y las de los trayectos en tren también, que tal vez son las que más duelen.

Ellos, que lo tenían todo en su presente, ven cómo los cimientos de su relación se derrumban, como esos castillos de naipes, que son tan difíciles de montar. La intolerancia, el orgullo, la rabia, el dolor… Malos centinelas siempre.

Y la revelación suele llegarme al quitarme el caso porque es el momento en que destapo mi cerebro como si de una lata de conserva se tratara.

Que no existe el pasado ni el futuro, que sólo se cuenta con el presente.

Puede parecer una idea muy simple pero, si se medita un buen rato, es tan verdadera que te puede llevar a plantearte toda tu realidad, de inicio a fin, con lo que a cada uno de nosotros nos puede llegar a suponer. Lo positivo, lo negativo, lo que nos llena o lo que nos vacía, lo que nos importa o lo que nos da lo mismo, los colores que elegimos o los que descartamos. Los binomios que nos manejan, tal vez se resuma así.

3 comentarios:

Ingrid 10/6/13 21:11  

También me encanta esta peli. Tiene mucha chicha.

Préssec 11/6/13 01:46  

Hola Carol,

hace años te leía y creí tu blog extinto, no sé por qué. Hoy te he vuelto a encontrar y quería sólo decirte que tus textos siguen conmoviéndome tanto como antaño.

Un abrazo.

PD. Me encantas.

Carol Blenk 11/6/13 19:38  

INGRID, es que es tan regenial... Te hace pensar y pensar y pensar...

PRÉSSEC, pues muchas gracias por leerme desde hace tanto tiempo y por haber vuelto a aquí. Estos comentarios me hacen una ilusión increíble, de verdad. Como si no pasara el tiempo y son ya tantos años y tantas cosas en medio...

Muchos besos!

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