God only knows, que decían aquellos, y yo escribo un martes antes de cenar porque si lo dejo para luego me habré desinflado



Hoy me he despojado de una buena parte de mi adolescencia. He lanzado a la basura los siguientes objetos:

- 93 cintas de vídeo grabadas de la televisión, algunas de ellas tuneadas de manera maravillosa, aunque bastante rudimentaria (aquí se admite que en la década de los ochenta yo no tenía más que unas tijeras, rotuladores, cinta adhesiva y muchas revistas).

- Decenas de tarjetas de visita de profesionales a los que sé que jamás volveré a ver (exceptuando algún médico, pero para eso ya me sirve Google) así como de restaurantes a los que probablemente tampoco vuelva (sería extremadamente doloroso, ahora lo comprendo, aunque me apena comprobar que ni siquiera los recordaba).

- Papelitos con frases anotadas, de salvavidas del momento, supongo.

- Unas doce cajas de zapatos, vacías. Ya, esto es incomprensible (la señora Blenk se ha guardado las dos más bonitas, lo cual resulta más incomprensible aún).

- Un puñado de bolígrafos nuevos pero tan secos por el paso del tiempo que era absurdo guardarlos. Me ha hecho pensar en lo importante que es escribir/decir/gritar/susurrar lo que sentimos en el momento porque si no lo hacemos se nos secará, como los bolígrafos.

- Otros objetos no destacables.

El otro día pensaba en la canción de los Beach Boys que encabeza el post porque no recordaba la mitad del estribillo. Al leer la letra me he dado cuenta de que es terriblemente dramática. Me planteo elaborar una lista de Spotify con temas de lagrimeo amoroso. Hecho.

Sé que cuando hago listas me reconstruyo un poquito. Eso es bueno.

Ahora pienso en que tal vez si alguien se para a recoger todos esos objetos puede que sepa bastante de mí, pero de mi yo adolescente, que lo mismo ya no tiene casi nada que ver conmigo.


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Acabo con un tema maravilloso que me ha descubierto alguien a quien aprecio muchísimo. Y viene de un poema de Manuel Alcántara. Grande. Sigo descubriendo música buena y eso me alegra.

Le gustaban pocas cosas

3 comentarios:

Anónimo 8/5/13 09:11  

Esos objetos que en realidad ahora nos sirven de poco...de nada, los guardamos porque al menos una vez al año, cuando limpiamos y salen a la luz, nos hacen retroceder en el tiempo , recordamos esa epoca, las personas que conocimos, las cosas que hicimos.
Despojarnos de ellos nos supone perder, o asi lo creemos, esos recuerdos, y a veces cuesta desprenderse de ellos, los guardas durante tanto tiempo que parecen imprescindibles.
Pero los recuerdos permanecen, con o sin opbjetos.

un beso
saluditos extremeños

Paola Vaggio 9/5/13 18:05  

De vez en cuando hay que desprenderse de todo eso que va acumulándose, para hacer sitio y para que puedan venir nuevos recuerdos. :) Yo ayer llevé las cintas super 8 de mis padres a que las pasen a dvd. Será un misterio lo que salga de ahí... algunas estaban sin revelar. Un besito.

Carol Blenk 13/5/13 00:15  

Anónimo, sí, cierto, lo malo es que yo debería hacer limpieza más a menudo porque cuando la hago resulta que retrocedo varias décadas... Muy fuerte. Lo que está claro es que lo que recuerdas es porque está ahí, en el presente, y si no es así es que no era tan importante. Un beso!

Paola, hay que hacer sitio, claro que sí. Al final todo es cuestión de espacios, de ocupar los espacios con lo importante. No tenemos todo el tiempo del mundo y tampoco todos los espacios, por lo tanto, hay que saberlos aprovechar bien, con sólo lo que merece la pena. Un beso, aviadora.

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