La noche en que me arranqué el interruptor y no me dolió apenas



YouTube me recomienda canciones,
Facebook me recomienda amigos,
La publicidad me recomienda coches.

Escribo un correo como salvavidas
Mirando de reojo el calendario
Y subrayando en él el día
De la operación de ojos
De mi madre.

Qué miedo me da todo.

En aquel libro John Lennon
Decía:
"El abuelo muere,
El padre muere,
El hijo muere.
Y ése es el orden natural de las cosas.
Pero si el hijo muere antes
Que el padre
La vida se torcerá para siempre."

Escalofrío.

Todo lo que me recomiendan duele demasiado.

Carol: quedamos para comer o tomar un café? Te echo de menos.
Elena: estoy en X, nos vemos a la vuelta, cariño, vuelvo el 18, por aquí todo muy guay, te quiero.

Y como adjunto, una foto suya con un bebé negro.

Y me pongo a llorar porque me parece hermoso lo que hace,
Sus vacunas, su risa, su generosidad,
La que yo no tengo,
Pobre burguesa con problemas ridículos de hamburguesa.

Y Elena me conmueve
Y me da pena haberla casi perdido
Porque más de treinta años juntas
Es imborrable.
Lo complicado de los amigos.

Pero vamos por la vida con el piloto automático puesto
Y postergamos regar las plantas,
Ver aquella película,
Llamar a aquel amigo,
Besar a nuestra madre,
Lavar nuestro coche,
Releer aquella carta,
Nombrar a nuestros herederos de libros,
Huír de nuestros enemigos,
Buscar la canción de los veinte años
En la primera discoteca,
Cumplir nuestros sueños.
Vivir plenos.

Pero lo dejamos para mañana,
El mañana del mañana del mañana.

Y ese piloto automático
Nos ayuda a encerrarnos,
A tragarnos las lágrimas
Máscándolas como un chicle verde.

(En este punto del poema-diálogo-whatsapp
O lo que sea,
Necesito un cigarrillo rubio)

Tengo mucho miedo.

Mi jefe me ha citado el viernes
Para hablarme del curso que viene
En la escuela de detectives,
Ya sabéis,
Donde doy clases de
Criminología y Huellas Camufladas en Cajones de Madera,
Hace ya más de diez años.

¿Qué haré si me echan?
¿A qué hora tendré que levantarme?
¿Qué desayunaré?
¿Qué tendré que aprender a partir de entonces
Si es lo mejor que sé hacer desde mí?

Pueden barrer más de diez años
En apenas una hora.

Como quiero evadirme de todo esto,
Me adentro en una de las historias
Que más me gustan,
La de Enrique Granados,
Por el simple motivo
De haber pasado por una calle
Que tiene su nombre:
Lérida, 1867-Alta mar, 1916.

Sí, te puedes morir
En alta mar,
Como Enrique Granados,
El discípulo perfecto,
El músico limpio,
Que se arrojó al mar
Para salvar a su esposa,
Eso dicen las crónicas.

Comprueba la ortografía,
Acaba recomendándome Blogger,
Por si alguna de mis faltas
De última hora de la noche
Pudiera ensuciarles la empresa.



Maravilloso, si has llegado hasta el final del audio de Granados.

3 comentarios:

La Esteticién Del Capitán Spock 16/4/13 18:25  

Vivimos como si tuviéramos otra vida guardada en el banco. Qué sensación de caida al vacío (o al mar) sin red deja este poéma washáppico... y qué ironía que la obra más conocida de Granados sea la Playera.

Espero que a pesar de la amputación, te hayas quedado en on.

arponauta 17/4/13 13:14  

me has tocado, Blenk, mucho. (glups.)

Carol Blenk 18/4/13 01:11  

La Esteticién Del Capitán Spock, ironía también lo de que sus hijos (si no recuerdo mal) eran nadadores profesionales, como si la tragedia del mar hubiera sido una especie de acicate... Me ha gustado tu imagen del banco aunque me pregunto si es un banco de parque o de los que nos chupan la sangre. Prefiero el primero. Me quedé en on, sí, por suerte, gracias.

Arponauta, no sé si eso que dices es malo o bueno... Si es malo, no podré evitar sentirme algo culpable ;-)

Buenas noches, besos.

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