Día 5

Acabo de descubrir que la mejor manera de abrir una nuez es con un cuchillo de punta. Tanto tiempo comiendo nueces y ahora me percato de que es mucho mejor que los cascanueces o los utensilios varios que tengo en casa.

Hoy he entablado conversación con una mujer que también está en el convento de paso. Debe de tener unos sesenta y cinco años y lo único que desea conseguir es olvidarse de su osteoporosis aunque sea unas semanas. Me ha contado que su hija vive en Ibiza y que este verano se ha bañado cuarenta y tres veces en las playas. ¿Es que las has contado?, le he preguntado asombrada, y me ha contestado que sí, que cada día iba un par de veces y apuntaba con un palito su playa.

Hemos hablado del azul turquesa de las baleares, de la posidonia y de lo deslumbrante que es el vivir allí. Me he notado los ojos húmedos pero no me he permitido derrumbarme, la mujer no lo merecía.

Luego nos hemos separado porque a mí me tocaba regar el patio. El hibiscus se ha cerrado, supongo que mañana ya se habrá marchitado del todo. Los pimientos siguen creciendo sutilmente (lo noto si comparo las fotografías) y hay uno de ellos que parece de un tono más colorado.

Mientras riego pienso en Paola, en los momentos en que la echo de menos. Como cuando fotografío a hurtadillas las flores, o al ver un anuncio determinado en la televisión (me dejan verla sólo por la noche, a veces aprovecho el gesto y otras veces me subo a mi cuarto a leer). Pienso, quiero creer, que todo en la vida tiene un sentido. Echar de menos en la distancia lo tiene. Echar de menos en la cercanía no lo tiene, es algo cruel.

Pienso en el regreso y me pongo contenta.

Hay cosas que siempre me alegran como, por ejemplo, que el final de los cornetes de helado -los envasados, como el de la marca Alacant, de nata, que me acabo de comer- lleve chocolate duro.

El bocado final suele ser el más exquisito.

Creo que mañana escribiré sobre mi maestro de Taekwondo, y sobre lo que me ha enseñado durante este tiempo, que intentaré no olvidar jamás.

7 comentarios:

LesÑadora 7/8/12 21:28  

La planta se ve estupenda, estás haciendo un gran trabajo con ese pequeño ser vivo... Besos!!

Paola Vaggio 7/8/12 23:28  

Paola también te echa de menos... Esos pimientos están preciosos, pero... luego te lis comerás o te dará pena?
Paola quiere volver a todos los lugares contigo.

arponauta 8/8/12 00:36  

ah, sí, el final de chocolate duro de los cucuruchos, se me había olvidado, lo mejor del helado. feliz verano, Carol.

nieves 8/8/12 13:29  

Buen trabajo Carol...
Saludos
¿Rezas?
Nieves

sindrome coleccionista 8/8/12 19:46  

Siempre es mejor echar de menos, que echar de más

Carol Blenk 8/8/12 23:36  

LESÑADORA, gracias! La verdad es que los pimientos se cuidan sólos, es una planta "muy gitana", como dicen por aquí ;)

PAOLA, la intención es comérmelos en plan traca final. Ya sabes que a mí el mundo animal y vegetal no me conmueve demasiado... Beso tu última frase.

ARPONAUTA, sí!!! El final tan esperado, delicioso, eh? Feliz verano para ti también, espero que te sea propicio.

NIEVES, pues más o menos, me invento a veces un rezo pagano para que mis seres queridos estén bien. Espero que funcione...

SÍNDROME COLECCIONISTA, totalmente de acuerdo, aunque sea muy duro a veces...

Besos clandestinos y gracias por estar ahí a pesar del calor...

Mar del Rey Gómez-Morata 17/8/12 12:50  

Me gustan los pequeños detalles de tus escritos: pimientos, helados de la marca Alacant y por supuesto: el chocolate del final de los cucuruchos. Hace tiempo que me pasé a las tarrinas pero sólo por ese último mordisco me han entrado ganas de comer uno.
Saludos

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