Día 1

Vuelvo, como cada año, a mi retiro espiritual (por llamarlo de algún modo fino). Mi madre se ha encargado de nuevo de realizar todos los trámites para que sea admitida en el convento y me ha dejado -dándome un único beso- en la puerta de entrada con un susurro: hope you'll find your own way.

Cada verano la misma historia de lágrimas, resistencias y penas. Ella sabe que odio estar aquí pero que, al mismo tiempo, lo necesito para desintoxicarme de mí misma. Supongo que si no estuviera aquí recluida, lo estaría probablemente en otro lugar, quién sabe si más inhóspito aún.

Nada más llegar me hicieron dejar mis pertenencias en una taquilla sin llave para mí: el móvil, las fotos, las libretas, los bolígrafos, los anillos. Me las he apañado para colarles un móvil viejo y así tener el iPhone conmigo. De este modo puedo escribir y luego publicarlo en el blog. Sé que lo que hago no está bien, que no es legal y que como me pillen, no quiero ni pensar en las consecuencias y en la multa que tendrá que pagar mi madre.

Tras un breve interrogatorio que ha tenido como resultado un "apta para la reclusión en celda individual", me han obligado a quitarme el esmalte de las uñas de los pies, del vivo rojo al pálido coŀor natural.

Me han acompañado a mi habitáculo y me han despedido dejándome una cartulina beig con el horario de todos los servicios, que se reducen a las comidas y al baño. Esta vez les he pedido también la cartulina del horario de rezos por si me derrumbo y lo necesito. La monja me ha dirigido una sonrisa incrédula como queriéndome decir no vas a rezar así que no deberías gastar una cartulina.

La primera noche la estoy pasando con mucho calor. Ayer observé el termómetro de la entrada y marcaba 45 grados. Imposible de soportar, pensé. Pero al final uno lo soporta todo, incluso lo que te parece más duro.

El móvil se ha convertido en mi pequeño oasis. Miro las fotos del verano, las de mi chica, y me siento como un soldado en la trinchera. A veces siento la tentación de llamarla pero sé que no puedo caer en esa tentación, interceptarían mi llamada enseguida.

Bebo agua y cierro los ojos. El agua tiene una temperatura agradable, la que me gusta, el punto exacto de temperatura. Encendería un cigarrillo, mas están prohibidos. Es una cura de todo y también de nicotina.

A veces me pregunto qué deben pensar de mí las monjas que llevan esto. Si soy un número más, si hablan de mí a mis espaldas, si se ríen de nosotros o si, por el contrario, sienten pena. Una de las más veteranas me dijo al verme que estaba demasiado morena, que parecía una gitana. Me lo soltó con asco, como insultándome. A mí no me pareció un insulto, como si ser gitana lo fuera... Le respondí que el grado de moreno en la piel no se controla, que va con la persona y que mi tez es muy morena, sí, más que la de la meda nacional, supongo. Me miró de arriba a abajo, firmó la admisión y se fue. Nunca he sido santo de su devoción, lo sé.

Hay personas a las que les caemos mal de entrada y ya está, no se puede hacer nada para evitarlo. Es como ese plato determinado que no puedes tragar, te da arcadas y te niegas a comerlo. Así con algunas personas. No puedo obligar a nadie a que me vea simpática sin más. Quien quiera y tenga ganas, que se asome a mi fondo.

Tal vez lo que más me apena al salir de este retiro es comprobar que nadie me ha echado en falta. Al llegar a casa no hallo ningún email, ninguna carta o postal, ninguna señal que me haga ver que alguien se ha acordado de mí en mi ausencia y que se ha preguntado dónde estaba.

Dichosos aquellos que conservan a sus amigos. A mí, por desgracia, pocos me quedan, tal vez ninguno visible. Pero ahora no es momento de preocuparme por eso. Van a darme el desayuno.

4 comentarios:

Paola Vaggio 4/8/12 17:00  

Piel morena y ojos verdes, que más se puede pedir. A esa monja, lo que le pasa se llama... deseo... MMm Oh my good.... UI, espero que no nos intercepte este comentario la sor. Uff, con lo que sí que te has lucido es con lo de los rezos, les ha hecho gastar una cartulina en vano, cómo te has pasado, Carol. Si no la usas como horario, aprovéchala para otra cosa, te puedes fabricar un abanico para darte un poco de aire. Yo estoy pillando una sobredosis de gazpacho, croe que luego me dolerá la barriga.
Un beso, gitanica.

farala 4/8/12 17:11  

vente a un convento mucho más apropiado, es de la orden de lesbos:

http://miconvento.blogspot.com.es/

Paola Vaggio 5/8/12 10:06  

jajajajajja donde dije good, quise decir God jajajajjajaj qué risa Ese first!

Carol Blenk 8/8/12 23:47  

PAOLA, mal pensada, Sor Elena es buena... pieza ;)
Melancomadonna, yo no lo supero! Beso de tu gitanilla.

FARALA, uy, no, gracias, no puedo, es un retiro espiritual y allí me desmadraría, demasiado peligro. Es interesante, por eso, eh?

Besazos!

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