La misma canción de cada año



Se han burlado de ella
(les ha enseñado mi regalo)
los imbéciles tacaños y nacionalistas
que no celebran San Valentín
porque es duplicar celebraciones
y según ellos,
no es de la tierra.

Cada día que pasa tengo más claro
que no estoy para salvar a nadie
ni para tragarme más vendajes sangrantes.

Mi intención hoy no era poemar nada
sino recordar en un par de párrafos
que al final no ha llovido
y que he pasado casi dos horas en una biblioteca
soleada y cálida,
mirando las ilustraciones
de un terrible Kokoschka.

Ayer me dijo mi hermano mayor
que no ahorrara nada,
que viajara por el mundo
sin escatimar estrellas en los hoteles,
que la puta Hacienda se lo lleva todo,
los putos gobiernos
y el puto cáncer.

No deseaba ser tan tosca hoy, pero las cosas salen como salen.

He pensado en todas las chicas a las que he amado,
las buenas y las malvadas,
las que me dejaron y las que dejé,
las más guapas y las menos guapas,
las que recuerdo y las que deseo olvidar,
las que viven en mi ciudad y las que duermen tras un avión,
las que me cuidaron y las que me maltrataron,
las que me sirvieron para madurar y las que me reflejaron.

Las he recordado superficialmente,
algo triste,
mientras deambulaba con un café para llevar
y un pitillo en la mano semicongelada.

Me he preguntado si ellas pensarían en mí hoy,
permitiéndome el lujo de ser una creída,
una engreída que viste abrigo para protegerse
de los vientos.

Jamás lo sabré.

Empiezo a pensar que muchos de nuestros problemas
aparecen porque deseamos saber más de la cuenta,
cuánto me amas, cuántas veces me llamas,
cuántos whatsapp no me envías y cuántas cenas me preparas.

Joder con las balanzas equilibradas.

Un móvil comunicando es espantosamente
Significativo.

No hay que perder ni un solo día
y la gente que está a tu vera
es que tiene que estar,
que la que se fue
es que no ha sobrevivido
a los cafés sin descafeinar.

El poemilla se me ha ido de las manos.

Salvo
su cara risueña
al verme por sorpresa
enfrente del Mercadona.

Salvo
sus piernas
bajo la mesa,
sus besos imaginarios
después del primer plato.

Salvo
que nos riamos de medio mundo
y que cenemos a las tantas cada día
a pesar de prometernos
ser más responsables.

Salvo
mis pequeñas fechorías
para seducirla
y que se aleje
de los malos
que le roban los buenos sueños
como en aquella canción de Los Planetas...

Que hoy tengas dulces sueños,
que aquí alguien no descansa,
pensando cómo rescatarte
de tan siniestras garras.

Que a mí me gustaría ser
el graduado que te secuestrara,
y huir en autobuses,
y usar cruces como espadas.


Y me voy a cenar con ella.
Calmada, limpia y pensando en el futuro.




6 comentarios:

Anónimo 15/2/12 21:13  

me ha gustado leer esto, pero ahora estoy más triste que antes.
cla

nieves 16/2/12 07:53  

Hiciste bien pasando esas horas en la biblioteca, es de los mejores refugios que encuentro ahora....
Un saludo
Nieves

Ra 16/2/12 11:04  

G U A U
:)

Etcétera 18/2/12 20:55  

"No hay que perder ni un solo día
y la gente que está a tu vera
es que tiene que estar"
LAS que se van, nos dejan o se olvidan no están, así que tal vez no se acuerden ese día de nosotras. Nosotras las recordaremos bien...
un beso
Eva

Carol Blenk 19/2/12 22:25  

CLA, lo siento mucho, ni mucho menos era mi intención el entristecer a nadie... Si acaso, que alguien sonría al compartir algo de lo que he plasmado aquí.

NIEVES, sí, las bibliotecas son refugio del frío y del vagar por la calle sin alma que te acompañe.

RA, guau tú ;)

ETCÉTERA, pues sí, yo no soy tan rastrera y me acuerdo de mucha gente que sé que niquiera se debe de acordar de mí pero, mira, ya es que me da igual :)

Besos a cientos!

sindrome coleccionista 20/2/12 13:04  

A veces hay gente q habla por los codos pero al final no han dicho nada...


* Lo de las madres totalmente cierto. No senti nunca un amor igual , sin condiciones y sabiendo q podias caer al vacio q con toda seguridad ella te iba a cojer.

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