Pues ya está, amor

Rider to the sea me transporta a un mar desconocido, lleno de olas de surf, a cuarenta y dos grados, con algo de beber en la mano mientras intento descubrir en qué momento aparece el horizonte.

Los guitarrazos cesan y tomo conciencia de dónde estoy. Un verano más en el monasterio. Intentando hallar paz, calma, tratando de vaciar el cerebro como cuando prepararas guacamole y vacías el aguacate. Así yo también debería conservar el hueso en mi piel para no oxidarme.

Tengo diez días para hacerme la valiente y creérmelo antes de que sea demasiado tarde.

Los últimos meses en fotogramas. Por eso leo como una loca encerrada que no puede aferrarse a nada más que no sean elipsis, descripciones y diálogos. Mi madre, como cada verano, me trae cosas del exterior que sabe que me gustan: un frasco de miel, cerveza con limón, galletas con chocolate y pistachos. Por supuesto, nada de tabaco.

Hoy me ha dicho –con su impecable inglés que tanto me cuesta descifrar- que me podía publicar un post si deseaba comunicarme con el exterior. Y que me dejaba escuchar algunas canciones. Las reglas del monasterio son éstas, ya lo sabes hija, no te pongas dramática ni te hagas la víctima, es por tu bien y siempre te ha funcionado.

Desconectar de una misma a través de una misma.

Antes de todo, subimos al Albaicín en el microbús y estuvimos un ratito contemplando La Alhambra. Tuve que oír sus quejas en inglés acerca del deterioro de barrio, de los que hacen botellón allí, de los grafitis que maltratan la piedra de los siglos pasados, de la administración. Y sé que tiene razón pero es que a veces me cansan sus lamentos.

Después, me acompañó al monasterio y, sin besarme, se despidió.

Suzanne and I. Te imagino en la piscina en bikini y siento que eres tan guapa que el tiempo se olvida de ti, como diría Ray Loriga.

4 comentarios:

Paola Vaggio 15/8/11 22:59  

Yo estoy haciendo lo mismo que tú. Leer de madrugada, a horas que nadie conoce. Y cuando se van de la piscina los padres que chillan a sus niños, nado y nado, no me canso, y es un momento muy a solas.

nieves 16/8/11 11:44  

Ahhhh!!!!! Eras tú la que estaba el otro día en el mirador de San Nicolás con cara de resignada escuchando la perorata de su santa Madre???
No quise molestar, por eso no te saludé...jjj
Un saludo.
Nieves

Carol Blenk 16/8/11 15:30  

PAOLA, mi momento de sola consiste en leer y mirar el azul cielo, que no azul piscina. Escribo mucho mentalmente, páginas y páginas... Debería esforzarme y ponerlo por escrito. Como siempre, lo que necesito es disciplina. Love Anna Calvi

NIEVES, juas, que sepas que te vi pero no te saludé porque me dieron miedo tus perrillas, ya sabes, a mí los animales... Uff. La vista desde el Mirador es bonita pero al mediodía te fríes como un huevo :)

Besos y besos!

Anónimo 20/9/11 09:52  

Me gustaría saber qué monasterio es ese.

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