La detective que se olvidó de sí misma

La vida tiene algunos momentos irrepetibles que sé que echaré de menos -no ahora ni de aquí unas semanas- dentro de algunos años. Por ejemplo, llegar a casa de mi madre y subir las escaleras olfateando la comida, una tortilla de patatas, o sopa, o lubina al horno o pollo en salsa. Verla en la cocina trajinando mientras suena de fondo el capítulo en el que Bart Simpson le vende el alma a Milhouse.

Siempre me ha parecido uno de los capítulos más escalofriantes de los Simpson.

Cuando vendes tu alma ya no hay marcha atrás. Los perros huyen de ti, no se te abren las puertas automáticas al entrar en el supermercado, no puedes jugar a dibujar formas con tu vaho en el cristal. No tienes aliento. Ni siquiera te hacen gracia las series con las que antes te tronchabas.

Bart vendió su alma por cinco dólares. Una miseria.

Algo parecido sucede cuando te olvidas de ti mismo. Descubres que tus vaqueros preferidos no te sientan bien, pierdes peso como quien se desprende de anillos de valor y te sientas en las paradas de autobús haciendo autoapuestas para adivinar la línea que pasará primero.

Te olvidas de ti mismo y, paradójicamente, te reconoces más que nunca en fotos del pasado. Tanto, que te lastima verte con los ojos tan claros y la piel tan morena y limpia. Te molesta que te saluden, que te llamen y que te pidan fuego. Llega a indignarte el triunfo de algunos porque a ti se te está olvidando tu propio apellido.

Te inventas nuevas bebidas y las inauguras en tu garganta cualquier día de la semana, como si eso te llevara de nuevo a donde estás tú. El problema es que no sabes realmente dónde te hayas, si seguiste la autopista o si te desviaste y te quedaste en cualquier hotelucho a pasar la noche.

Te buscas en antiguas amantes pero no desean saber nada de ti. Tal vez ellas podrían mirarte y darte alguna pista pero deben de odiarte tanto que huyen de tus mensajes como de la muerte. Y no, no quieres acostarte con ellas sino simplemente escuchar algo cordial.

………………………………………..

Hay un tipo de vela que se denomina escandalosa y que, por lo visto, sirve para aprovechar más el viento (se coloca sobre una vela trapezoidal, que se llama cangreja). Me fascinan los nombres originales, los de los objetos que desconozco, los que jamás he visto y que imagino en algún lugar del universo.

Estos pequeños descubrimientos lingüísticos son los que me descubren a veces la cuerda a la que agarrarme.

Está claro que ahora lo que hay que hacer es buscar la vela escandalosa, colocarla bien, y tener la suerte de aprovechar un buen viento.

7 comentarios:

ss 12/6/11 21:33  

Hace muchísimo tiempo que no oía la palabra trajinar, pero me ha traído una sensación antigua y cotidiana que me ha gustado. Voy integrarla de nuevo en mi repertorio...
;)

Etcétera 13/6/11 00:58  

Espero que esa vela "escandalosa" sea colocada con tino...y que te dejes llevar por la corriente...curiosamente yo estoy sin vela y sin timor, y mi barco es de papel, del papel que se moja y hunde la embarcación nada más zarpar, pero aún hundido la corriente le llevará a donde sea, o eso espero................................
Ahhh, en mi casa andaluza se utilizaba mucho el verbo "trajinar"...a mí también me ha traído recuerdos de la infancia.
besos y sopla fuerte.....
EVA

Anónimo 13/6/11 20:44  

El viento llegará. Siempre llega, aunque no queramos.

Carmen 14/6/11 00:09  

sigues ahí, te has encontrado.

que no se te olvide quien eres, detective.

vela escandalosa, claro.

abrazo, linda

Diley 14/6/11 12:30  

es de los textos que puedo leer infinitamente y no cansarme.. sin querer parecer ni experta ni pedante doy fe del poder que tienes sobre las palabras .. me rio porque te imagino vestida de albañil dando cemento a cada frase.. Me duele por el vacio momentaneo que intuyo, peeero bendito sea si eres capaz de transmitirlo asi!!.. un quiero inmenso

Ra 16/6/11 11:31  

A veces es bueno olvidarse de una misma para luego acordarte, encontrarte, re-encontrarte de nuevo. Nueva. Diferente. O igual. Pero con un tiempo-espacio entre medias.
Tu esencia es tuya. Esa no se olvida.
Y entre líneas leo que eres tú. No te perdiste.

Tú y yo y viceverso 19/6/11 21:13  

Véngase usted aquí. No lo piense. Coja un taxi al aeropuerto. Coja el primer vuelo al polo. Bailará sobre el lago helado y al abrazarse a si misma, se encontrará. Luego dejaré que se marche. Lo prometo.

PD: No lo prometo.

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