¿Es lo que quieres tú realmente? (poema basado en el horóscopo)



Le duele tanto que se ha quedado a dormir
Una última noche en el pequeño velero.
En un puerto que conoce
Pero que se ha tornado desconocido
Por culpa de una canción que no debería haber buscado.

El último trago
Es siempre
El que más quema
En la garganta
Que no aprende a tragar
Las sílabas azules.

Repasa mentalmente imágenes
En las que ella aparece
De figurante.

Se odia.
Porque un día fue la estrella
A la que todos se querían
Llevar a la cama
Y a restaurantes de diseño europeo.

Sola en el pequeño velero.
Le escribe una carta cobarde
Para no enviarla,
Para sacársela de la faringe
Y poder salvar al menos
Sus treinta años.

La noche en el mar
Dura exactamente
Seis horas, quince minutos
Y dos lastimosos segundos.

El móvil acusador
Permanece cínicamente
Y dramáticamente
Callado.

Las llamadas,
Los mensajes,
Las notas de voz
Y la agenda borrada
En un ataque de locura
Emblemático
Y lento.

¿Quién cargará con esa pena?
¿Quién será la próxima?
¿Quién recogerá los vasos?
¿Quién la seguirá cuando se oculte?

Tal vez la solución consista
En narrarse a sí misma
Con un omnisciente
En lugar de gastar
El protagonista,
Que a fin de cuentas
Siempre pecó de petulante
Y exagerado.

Debe de ser jueves o martes,
Por probar suerte
Se lee el horóscopo:

"En estos momentos algo aparentemente descabellado
es sorprendentemente posible.
Pero, ¿es lo que quieres tú realmente?".

Los putos redactores del horóscopo
Y sus ambigüedades
Tienen la culpa de las esperanzas
Basadas en la nada.

Al menos conserva el pelo liso
Después de seis días y medio
De travesía
Apurada
En medio de un cumpleaños.

Maldita hora para recordar
Los versos que se incrustaron en las
Sábanas aquella tarde:

Cuando de pronto se oiga, a medianoche
a un invisible tíaso pasar
con músicas fantásticas, con voces-
tu suerte que declina, tus hazañas
que no fueron cumplidas, tus proyectos
que fueron todo errores, no los llores para nada.
Como dispuesto de hace tiempo ya, valiente,
dile por fin adiós a Alejandría que se marcha,
y sobre todo no te engañes y no vayas
a decir que fue un sueño, que se confundió tu oído.
No confíes en tales esperanzas vanas.
Como dispuesto de hace tiempo ya, valiente,
como te cuadra a ti, que tal ciudad te mereciste,
quédate inmóvil junto a la ventana
y escucha conmovido, pero no
medroso y suplicante como los cobardes,
como un placer postrero los sonidos,
los raros instrumentos del tíaso sagrado
y di por fin adiós a Alejandría que se marcha.


Y, la séptima noche,
Por fin, se durmió.

3 comentarios:

LesGroNoma 16/3/11 19:37  

¿Inmejorable?

Marta 16/3/11 23:11  

Llegó hondo, Carol.

Eva Gutiérrez Pardina 18/3/11 21:26  

¿Inmensa? ¿Inconmensurable?

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