El momento de la ópera en el que lloras



Se apagan las luces. Se sube el telón. La orquesta inicia el preludio. Contengo la respiración y empiezo a notar un temblor por dentro que nadie más nota.

El momento del preludio es tan emocionante como cuando le quitas la ropa interior a alguien con los labios. Es un momento sutil, intenso y enigmático.

Avanza el primer acto y ya ha comenzado la inmersión. Si por algo me gusta la ópera es porque es el único espectáculo en el que la inmersión que siento es absoluta. Ya no pienso en el trabajo, el lo que me incomoda, en las penas o en las personas. Me abandono a la historia totalmente y nada me importa más que seguir la narración. El placer puro de creer en la ficción.

A veces desearía con todas mis fuerzas poder ir a la ópera cada noche.

4 comentarios:

Paola Vaggio 13/3/11 22:52  

Yo también lo siento así, siempre y cuando la ópera me guste. Esta adaptación de Parsifal me gustó, no me chirriaron los cambios.

Anónimo 14/3/11 17:29  

En Madame Butterfly, el aria Un Bel di Vedremo... emociona.

Etcétera 14/3/11 18:07  

Pues confieso que durante dos años tuve la ópera en casa y fue fascinante. Me acompañó la Reina de la Noche, Elvira, Musetta, Norina y me emborraché con Angelita que cantaba, tambaleándose de un lado del salón al otro, el "Château Margaux" con una botella de vino en la mano...
Besos en Do mayor...

nieves 15/3/11 10:35  

Son momentos muy místicos, difíciles de definir....
Intenta que cada noche haya una ópera en tí.
Un beso detective
Nieves

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