Catálogo de novias imaginarias (parte I)



Poseía la guitarra más nerviosa de toda la ciudad. Era rubia y tenía los ojos blindados a otras rubias así que yo, teñida de castaña por aquella época, pude acercarme a sus pestañas sin mucha dificultad.

Su sms de las 23:59 h del 2 de noviembre de 2005 fue decisivo: no tardes, te estoy esperando fuera y me estoy helando.

A partir de ahí la velocidad media de mensajes fue de uno cada cuarto de hora, las veinticuatro horas del día. Cinco meses que tuvieron la intensidad de cinco años.

Evidentemente, me vi forzada a hacer horas extra para poder pagar las facturas del móvil.

Yo trabajaba de dependienta en un lugar del que apenas me acuerdo ahora.

3 comentarios:

CasitadePiedra 23/12/10 15:08  

Vaya!...curioso texto. Todos hemos caído en el embrujo de los sms y es terribleeee, aunque si se diera el caso de nuevo, volveríamos a caer.

Saludos!!

Mori 23/12/10 21:24  

Malditas rubias... como nos hacen estremecer...
Debilidad por la camomila...
muaaks

Carol Blenk 24/12/10 14:06  

CASITADEPIEDRA, ay, los sms son maléficos a veces... Pero claro, volveríamos a caer, si es que nos lo ponen tan fácil, verdad? :)


MORI, jajaja, sí, las rubias, siempre las rubias. Cuando iba a 2º de BUP reconozco que me ponía camomila, inducida por mi madre, vaya tela...

Besos mil, muacks!!!

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