Ni tengo una infancia traumática ni idílica



Infancia de chándal azul marino con rayas blancas a los lados. La emoción en el 88 cuando supimos de las olimpiadas. Escribid un poema sobre los Juegos Olímpicos de 1992, en rima consonante. Y el título pintado con los aros olímpicos y lápices de colores. Que voy a sacar punta. Y te levantabas hasta la papelera para hacer corrillo con el resto que también había ido a sacar punta. Cuatro chismes y de nuevo a tu sitio.

En la hora dedicada a biblioteca cada uno aportaba un libro de los de Barco de Vapor. Aún no nos obligaban a comprarlos en catalán, cada uno leía en la lengua que le daba la gana. Te leías el tuyo y después ibas leyendo el del resto de compañeros de clase. Estaban los de la serie roja, naranja y azul. Los de la roja eran los de los más “avanzados” y, el resto, era más “fácil de leer”. El tuyo era de la serie roja porque eras de las que sacaban buenas notas y escribías sin faltas. En aquella clase había cuatro o cinco sólo de la serie roja así que cuando te los habías leído todos ya no te quedaba más remedio que leer los del resto de series. A ti te gustaban todos.

Elegiste para comprar uno que se titulaba El maestro y el robot, aún está en la estantería de las lecturas infantiles. Creo que era algo así como ciencia ficción rural, me impactó mucho.

Luego te caías en el patio y el chándal azul marino con rayas blancas a los lados se destrozaba por las rodillas. Tu madre le cosía rodilleras porque el chándal aún estaba nuevo para desecharlo. Te ponían mercromina cuando no estaba prohibida y enseguida salían las costras –como las que tienes ahora en el pie-, que parecían montañas diminutas. Las costras no se arrancan, recuerda, porque te quedará la marca para siempre.

A escondidas, te las arrancabas. Si había suerte, no salía nada de sangre; si no, de nuevo el proceso.

La marca, eso sí, perdura para toda la vida. Las madres no mentían.

4 comentarios:

carambolista 9/9/10 16:17  

cómo me gusta este post! huele al bocadillo de nocilla que me traía mi abuelo al salir del cole, huele a aventuras en el patio del colegio donde las dos horas de comedor se convertían en un tiempo eterno donde nos creíamos libres, yo llevaba el pantalón corto de gimnasia debajo de la falda del uniforme (los días que había gimnasia), porque a mí me gustaba ir con pantalón, y nos poníamos a jugar al fútbol y a inventarnos historias. no recuerdo la emoción de los juegos, recuerdo que en el 92 me tocó saltar vallas y no lo hice mal. recuerdo querer tocar la guitarra y seguir jugando al tenis, pero mi madre me obligó a elegir, y recuerdo las costras como montañas, las advertencias de las cicatrices, y el caso omiso a las advertencias, la mercromina y los pantalones desgastados. una infancia ni traumática ni idílica, pero parte de lo que somos hoy. gracias, me has hecho sonreír.

Ra 9/9/10 16:26  

Qué de recuerdos!!!!
Yo también era de los rojos!!! pero me leí todos todos de la biblioteca del colegio! sólo estábamos dos que no teníamos faltas. Dos. En clase.
Y las costras... ainsss
Tengo marcas de guerra, pequeñitas, pero orgullosa estoy de ellas.
Y qué es eso?? que la mercromina está prohibida?????
Las madres (casi) siempre tienen razón.
Sobre todo cuando te decían: "Llévate el paraguas"
No te lo llevabas y, llovía.

anticolometa 13/9/10 21:03  

Me identifico totalmente, mi infancia también fue así. pero sin olimpiadas, que Cuenca todavía no ha sido ciudad olímpica.

Me acuerdo mucho del patio de mi colegio. Cuando llovía se hacía un charco gigante en el centro, casi navegable. Yo me metía dentro cuando jugábamos al "pillaó" y todos esperando a que saliera del charco para ir a por mi. Que recuerdos!

Por cierto lo de las costras es cierto, te queda señal. Son como heridas de guerra. Aún así, yo sigo arrancándomelas, no lo puedo evitar.

Carol Blenk 17/9/10 20:09  

CARAMBOLISTA, gracias por compartir tus recuerdos aquí, ya veo que son muy muy parecidos a los míos. ¿Sabes? Me has dado unas ganas terribles de comer Nocilla, jo, pero no tengooo ;)

RA, bueno, eso tengo entendido, que la mercromina está prohibida, ahora sólo te ponen Betadine, ¿no? Es curioso, en esa época no te hacían sentir eso que ahora llaman diferencia de nivel, no sé, éramos en el fondo todos iguales: los de la serie roja y los de la serie naranja. Todos unos putos críos.

ANTICOLOMETA, jaja, qué bueno lo del charco, se debía de montar una buena. Y sí, las costras quedan para todita la vida. No es mal, así te hacen recordar lo que pasó. Nuestras rodillas no serían las mismas sin ellas, fijo.

Besos, muacks!!!

Banda sonora del blog

Las canciones que aparecen en el blog

Follow by Email

Sección reivindicativa

De otro planeta

Carol

La pertenencia, Gema Nieto

Seguidores

Desaparecer