Paisaje de un miércoles que ahorca a junio con niños jugando de fondo en una heladería



Los finales de curso siempre me han dado pena. Algo así como una nostalgia intensa –que se sabe pasajera, por suerte- y que te deja con un gusto amargo en la garganta. Intuyes el verano y los destinos que tomará cada uno de ellos: el pueblo materno, la playa superpoblada, la montaña infinitamente lejos, el balcón con el ruido de ventilador rugiendo desde el comedor. Diferentes destinos para ojos diferentes.

Algunos se despiden de ti con un corte de manga invisible; otros, con un guiño; otros no se despiden porque, tal vez como a ti, les duele algo que no saben dónde se localiza. La velocidad de la despedida es inversamente proporcional al afecto sentido, aunque demostrarlo con una fórmula verbal sea complejo.

Me quedo en el aula. Sola. Sentada en el trono de un reino que se ha quedado vacío. Inerte. Como si nunca hubiera estado habitado. Hay algo que me retiene y que anula el gesto de levantarme. Quizás aún quede un poco de lo que allí se habló la semana pasada… aquel tema, el famoso tema nueve, el de las pistas que se dejan en la nieve.

Recuerdo que fascinó a todos los estudiantes, querían saber más, ávidos y febriles. Y yo no les pude dar más, sencillamente no había más que ofrecer. Hay cosas que están por descubrir.

…………………………………………

Y ahora estoy en casa. Sola y vacía. Sin saber qué hacer. Como un robot al que han desprogramado y que, al sentirse libre, no encuentra el camino. Un robot que puede saltarse todas las reglas pero que, no obstante, se queda agazapado y mudo.

6 comentarios:

Etcétera 1/7/10 11:58  

síiii, detective, te quedas como una cosa tonta durante unos días, yo supongo que como el que se acaba de jubilar y le hacen una gran fiesta en los días previos a terminar el curso. Qué hará después??...sentirá como tú y como yo ese vacío inquieto que no te permite a veces mover ni un dedo para ni siquiera programar el resto del verano...estás tan harta de programaciones durante el curso que ahora te niegas, y me pongo a improvisar y con ello también me encuentro trabas. Ay, quiero que se pase pronto la primera semana de vacaciones para poder pensar qué hacer. Este mal de los educadores del alma es un mal común.
besos ya seguir en la brecha y disfrutar de la libertad sin discípulos.

Mireya 1/7/10 13:04  

Hola Carol:
Desde hace ya bastante sigo tu blog y realmente me encanta. Yo ya tenia un blog pero lo abandone por falta de tiempo y de ganas. Gracias a ti he empezado uno nuevo.
Así que muchas gracias.
Un saludo

Carmen 1/7/10 23:43  

cosas que pensaba mientras te leía:

- tu voz en un aula debe sonar a programa de radio.

- las heladerías son un universo por explorar.

- yo también quiero saber sobre las pistas que se dejan en la nieve.

- joder, qué rebuena eres.

un abrazo. de los de empezar el verano con ganas y mojitos ,)

nieves 3/7/10 08:34  

Ni te comento nada del texto pues no tiene desperdicio....se me vá la vista a la montblanc...Mac y mont-blanc:
buenas combinaciones.....
Un saludo

nieves 3/7/10 12:39  

Olvidé apuntar que todo eso mezclado con una buena agenda de piel.......dice mucho del personaje.
feliz orgullo....

Carol Blenk 4/7/10 23:48  

ETCÉTERA, sí, te doy toda la razón, te queda como un vacío pero en seguida se te va olvidando... Conforme avanzan los días cada vez te vas sintiendo mucho mejor. Disfruta de tu tiempo :)


MIREYA, muchas gracias, me hace mucha ilusión que me digas algo así. Ya he estado curioseando tu blog, el nuevo y el antiguo. Me lo apunto :)


CARMEN, guapa! Me encantan los helados, los mojitos y tus fotos, es que no se me ocurre responderte nada mejor, jaja.


NIEVES, jajaja, sabía que te gustaría el Montblanc ;) Es una delicia... La agenda ya no la uso apenas, ahora llevo la Moleskine, que ocupa menos.

Rebesos, muacks!!!

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