La última hora de la tarde no tiene precio



Respiras hondo, alguien te ha recomendado que lo hagas. Cuentas en inglés, one, two, three, four, alguien te ha recomendado que lo hagas. Recitas versos en catalán, apaga aquests ulls meus, no deixaré de veure’t –te vale una traducción genial de Vinyoli, ahora mismo no se te ocurre otra cosa-, alguien te ha recomendado que lo hagas.

Te paras en seco en medio de la calle. Una señora habla por teléfono, un perrillo se asusta de un cláxon, un camarero sirve un café solo en una terraza a una sola. La miras, te mira. Se te desnuda el tiempo de repente y te quedas fría a pesar del sol que te cae sobre los hombros. Has oído en algún lugar que escribir empleando partes del cuerpo como brazos, manos, labios, u hombros, puede darle un aire cursi a la prosa. Lo recuerdas bien pero ahora no es el momento de ponerse exigente con la escritura.

El tiempo. Los treinta y seis.

Las recomendaciones y los apuntes son incompatibles, piensas. Y cuánto darías por tener veinte años tan sólo un día, uno nomás que te diría alguien, para salvarte y condenarte todo lo rápido que te dejara el cuerpo.

Te preguntas si aún estás a tiempo de leer R. Mas odias que la gente te hable de ese libro porque no lo has leído. Ya no te avergüenza confesarlo pero eres tan escurridiza que sigues eligiendo otros títulos. ¿Cómo llegaron esas dos ediciones a tu casa?

Vuelves a respirar hondo, por aquello de la recomendación. Aligeras el paso y llegas hasta el final de la calle en la que por primera vez te creíste única. Por aquello de una rosa entre miles. Te cuestionas dónde se debe de vivir mejor: en el inicio o en el final de la calle. Como no lo sabes, usurpas a una encuestadora y entrevistas a siete personas del inicio de la calle y a siete del final. Por aquello de las estadísticas, claro.

A través de las respuestas descubres que ninguno de ellos ha decorado su casa con sus propias manos. Ésta no era la estadística que buscabas. De todos modos, te sientes como quien saca la paella de la cocina y la planta en medio de la mesa, radiante y valiente.

Regresas a casa con la certeza -absoluta y bella- de que la última hora de la tarde es, sin duda, algo que puede cambiarte el día.

12 comentarios:

Paola Vaggio 28/6/10 23:58  

Porque al anochecer siguen algunas cosas intactas.

Uy, me ha gustado mucho leerte. Creo que podría enamorarme de ti únicamente leyéndote un poquito cada día, clásico enamoramiento bloguero (jajajaja... me lo cuentas o me lo explicas?!)

Hasta mañana, guapa. Recuerdos de mis perros.

Flavia Company 29/6/10 01:02  

Qué texto tan intenso. Me ha gustado mucho leerlo, especialmente hoy, ya ves. Cosas que pasan.

LesGroNoma 29/6/10 09:41  

¡Wo0o! me ha encantado leerte así de rápida

Anna 29/6/10 10:17  

me ha encantado leerte, cómo el texto va apareciendo en pequeñas dosis, las frases se empujan las unas a las otras para dejarse sitio, para dejarte respirar.
hay instantes que te cambian...

Carmen 29/6/10 14:38  

Blenk, soy muy fan.

y punt ,)

besazo preciosa

Ra 29/6/10 15:54  

Guau!
Ufff!
Sólo puedo expresarme así al leerte hoy!
Mancantao!

nieves 29/6/10 17:10  

hija, casi que ni dá tiempo a pensar.....perfecto carol....como casi siempre...besos de mis perrillas tambien

diley 30/6/10 12:15  

Podría hacer mil comentarios a este post .. seguramente porque hay pistas que dejas caer y quizás conozco. Tus "treintayseis" te están llenando de magia, de sabiduría.. de saber vivir!! Una suerte hacer coincidir algunos de nuestros ratos.
un quiero

bea 30/6/10 14:09  

ays, esas solas...

Eva Gutiérrez Pardina 30/6/10 15:10  

Maravilloso texto, Carol. Es fantástico ver cómo (te) creces aún más con cada narración. ¡Besos!

Anónimo 30/6/10 17:15  

La última hora de la tarde, tras haber realizado todo lo que te habías propuesto, es la mejor hora...eso si no te sientes desierta como una casa vacía de muebles y de recuerdos...
Besos y a seguir en la brecha
EVA

Carol Blenk 30/6/10 17:43  

PAOLA, me gusta tu frase inicial. Mucho. Sí, a veces al leernos desde lejos se activan mecanismos que no controlamos y... sucede. A mí también me pasa.

FLAVIA, pues qué bien! Me hace mucha ilusión que nos leamos a miles de kilómetros. A mí es que me sigue asombrando el tema tecnológico :)

LESGRONOMA, es que lo he escrito así de rapido, zassss!!! (Espero dejar de ser tan salvaje escribiendo algún día, ay)

ANNA, gracias por tu comentario. Lo que dices me ha parecido sumamente interesante.

CARMEN, lo sé, yo súper fan de ti y tú de mí. Sólo nos falta hacernos un tatuaje, jajajajaja.

RA, me alegro! Esos comentarios me ponen muy contenta ;)

NIEVES, qué amable, gracias! Recuerdos a tus perrilas también :)

DILEY, suerte la mía de haberme topado con gente como tú (como vosotras!). Esos ratos son impagables y cuando llegan son tan especiales que no se pueden describir.

BEA, sí, las solas, que cuando se junten gobernarán el planeta, ya verás :)

EVA GUTIÉRREZ, viniendo de ti, un honor. Gracias por estar ahí, al otro lado.

EVA, a mí a veces esa hora me pone triste. No sé, es como el final de algo (aunque no lo sea). Pero suele ser una hora con gancho.

Más besos, muacks!!!

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