Ojalá pudiera pasar la noche en vela, escuchando a Wagner



Tristan und Isolde tiene como punto de partida un poema medieval de Gottfried von Strasburg (hacia 1210), sobre una leyenda de orígen celta, que narra los trágicos amores de Tristany e Iseo. Se estrenó en 1865 en el Teatro de la Corte de Munich. Wagner hizo de Tristan und Isolde la expresión más poderosa de la pasión amorosa que se afirma, incontenible, a despecho de la propia voluntad, de las normas morales y de las leyes divinas, y que sólo halla en la muerte su cumplimiento. Utilizó una música nueva, al límite de la tonalidad, de un cromatismo exasperado, punto sin retorno en la ópera romántica y punto de partida de la música de nuestro tiempo.

(Texto extraído de la página del Gran Teatro del Liceo, la traducción del catalán es mía así que recomiendo que quien lea catalán lo haga en el texto original)

Cinco horas de ópera. Tres actos y una lágrima al final, tan sólo una, como la del llanto romántico (aquí me viene a la memoria el espléndido artículo del maestro Russell P. Sebold, ¿por qué sigo recordándolo a pesar del tiempo y de mi memoria siempre tan indisciplinada?). Isolde se muere ante nosotros en su "Mild und leise wie er lächelt". Y ahí asoma la lágrima romántica (a este momento se le denomina -si no me equivoco- la muerte de amor o Liebestod).

En el fluctuante torrente,
en la resonancia armoniosa,
en el infinito hálito
del alma universal,
en el gran Todo...
perderse, sumergirse...
sin conciencia...
¡supremo deleite!


Los preludios tienen algo mágico, misterioso, inquietante, doloroso, como cuando no sabes si estás dormido o despierto y dudas de todo lo que te rodea, de todos los ruidos a tu alrededor... El preludio del acto I y el del acto III son puro éxtasis.

Mi chica morena a mi lado. Besos custodiados bajo llave. Miradas de reojo compartiendo la lágrima romántica, aún sin saberlo. Un palco bello como el XIX imaginado.

La historia ya me atacó cuando tenía unos 14 o 15 años, no recuerdo. Y ayer, en el Liceo, volvió a morderme la garganta y los pensamientos. Me empapé bien del libreto (aquí en castellano) la mañana del domingo, sabiendo que tenía tareas más urgentes que realizar pero...

Así que me he quedado medio muda y medio rubia pensando en Iseo la Brunda...

Para quien lo use, en Spotify hay tres versiones de esta ópera (la de 1973 suena exquisitamente antigua, como si de un vinilo se tratara)

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Y para compensar tras tantos sentimientos decimonónicos... admito en público que soy una devota del blog The Sartorialist (lo siento, me chifla, unos días más y otros menos)

4 comentarios:

beita 2/2/10 09:48  

Te amaré por siempre (aún más claro) si me pasas el link a la versión del 73 en Spotify, no consigo encontrarla.
No hay nada como la ópera que suena a vinilo

Besos, guapa

jelly 4/2/10 22:31  

qué envidia, siempre he querido ver esta ópera, seguro que suelto más de una lágrima romántica; si en el fondo lo soy y mucho :)

(por cierto, en mi edificio también están haciendo obras y estoy hasta las narices, a veces me dan ganas de bajar y desenchufarles las máquinas raras que usan!! xDDD tal y como soy de gamberrilla, si siguen mucho tiempo, lo haré)

Paola Vaggio 8/2/10 21:35  

La emoción del preludio del primer acto, los nervios... el telón negro con las letras doradas...los músicos concentrados...el suspiro del Liceu en la oscuridad...el barco...la profundidad del bosque ... la habitación del palco...mmm rollo vintage y un poco "has sido muy mala" juas...qué morbo quedarse allí todo un acto. ui ui, qué se me va.

Besos!

Carol Blenk 9/2/10 14:06  

BEITA, ¿qué tal? ¿te ha gustado? :-)

JELLY, aquí sólo trabajan los sábados por la mañana, qué putada, jajaja. Esta ópera es magnífica, estate atenta para la próxima vez!

PAOLA, ummm... qué decir... en mi vida he visto nada igual. Jamás olvidaré esa tarde. Uf.

Besos y rebesos, muacks!!!

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