No me importa ser primitiva

Es fin de semana. Ella no está en su ciudad natal y tiene anginas. No puede ir a ningún CAP así que decido ir a una farmacia a conseguir medicinas que le alivien. Pido Clamoxil -que por lo visto cura muy bien- y la farmacéutica me mira:

- ¿Tienes receta?
- No...
- Pues, ¿sabes que no te lo puedo vender sin receta médica?
- ¿No?
- No puedo.
- Increíble, o sea, ¿puedo abortar con una pastilla sin receta médica pero no me puedo curar unas simples anginas? Es que me parece alucinante. Qué país.

La farmacéutica decide venderme el clamoxil pero me advierte que no vuelva a pedírselo nunca más, que no lo puede vender si no es con receta. Yo le digo que no hace falta que me lo venda, que no la quiero perjudicar ni meter en un lío (esa técnica siempre siempre siempre me funciona) pero ella se empeña en que me lo lleve.

(Antes de irme le dejo bien claro que no la culpo a ella de las imbecilidades de otros)

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Llego a casa con las pastillas y me siento como un jefe de tribu que ha conseguido cazar una buena pieza y regresa, feliz y cansado, con su amor.

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