Qué buena está el agua de Lanjarón

En mi ausencia han edificado un par de casas con piscina pero no me entretiene demasiado ver cómo los dueños se secan al sol. También han arreglado las aceras y han cambiado las farolas, ahora son mucho más modernas. Y me encanta una casa nueva de esas de película con placas solares en el techo. Creo que le haré una foto. Siempre me hace gracia estos arrebatos de chica humilde que tengo: hacer fotos a casas, a coches, a motos, etc. No es que ansíe ser rica, no es eso, más bien diría que es un ramalazo de cría o algo similar.

Dos cañas de cerveza -con sus correspondientes dos tapas enormes de paella- además de una tapa de migas para dos personas: 3,20 euros. Sigo alucinando con el coste de la vida aquí.

Pero lo monetario no es lo que más me admira sino otros aspectos. Ayer, al entrar en la ferretería, el dependiente guapo bebía del botijo que había en un rincón del mostrador. La chica de la tienda Movistar anotó mi móvil para llamarme si me conseguía lo que le había pedido. La mujer de la perfumería me enseñó por lo menos quince variedades diferentes de crema de manos con aloe vera o con avena. Horas antes, un chico me ayudó a bajar las maletas del tren mientras una señora me preguntaba dónde me bajaba y si tenía taxi u otro modo de llegar al pueblo.

Aquí los perrillos son muy andaluces. Se pasan el día en la calle a pesar de no ser vagabundos ya que se nota que tienen casa, collar y que están bien alimentados. A mí me da igual, los perrillos andaluces también me dan miedo. Ayer tuve que dar una vuelta increíble para no pasar al lado de tres chuchos que me miraban desde lejos.

Estoy leyendo Entre visillos y creo que me siento un poco Pablo Klein, salvando las distancias, claro.

Me he comprado un vestido para llevar con escote moreno. Tengo ganas de estrenarlo con Paola.

Banda sonora del blog

Las canciones que aparecen en el blog

Follow by Email

Sección reivindicativa

De otro planeta

Carol

La pertenencia, Gema Nieto

Seguidores

Desaparecer